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domingo, 22 de abril de 2007

Cuestión de patrimonio religioso

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Puntallana


Aunque pueda parecer extraño, y debido a las características tan peculiares en cuanto a riqueza artística que posee la isla de La Palma, el inventario de su patrimonio mueble está todavía por hacer", afirma el profesor Alberto Darias Príncipe, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, quien recientemente ha dirigido un equipo de investigadores al frente de un proyecto relacionado con el patrimonio religioso localizado en el arco norte de la Isla.

"Para nadie es un secreto y menos para los estudiosos -prosigue- que, en relación a su tamaño, La Palma tiene el mayor patrimonio artístico de Canarias, tanto en calidad, como en cantidad y en variedad, de modo que podemos afirmar, rotundamente, que si no conocemos el patrimonio artístico palmero, jamás podremos entender la Historia del Arte en Canarias".

Al hilvanar el proceso seguido, el profesor Darias señala que "puestos a desentrañar el problema, el punto básico del que se debe partir para el cuidado del patrimonio, es el conocimiento del mismo". En 1992 comenzó el inventario de bienes mueble de la Iglesia Católica, subvencionado por el Ministerio de Cultura, "del cual sólo se podía hacer una campaña al año, muy limitada en cuanto al número de objetos a identificar, por lo que nos planteamos la posibilidad de que, a través de alguna otra institución cuyo cometido estuviera dentro de sus competencias, avanzar parte de dicho inventario, algo que, si no fuera así, lleva camino de eternizarse. De ahí que, teniendo en cuenta las atribuciones que sobre el campo de la arquitectura tiene la Consejería de Infraestructuras del Gobierno de Canarias y, además, considerando el interés del consejero Antonio Castro Cordobez, auténtico valedor para que este proyecto pudiera llevarse a cabo, con el apoyo de GESTUR emprendimos un trabajo meticuloso que ha dado unos frutos muy interesantes".

Alberto Darias explica que las razones del cambio en la estrategia a seguir se deben a que las directrices de la UNESCO en materia de patrimonio, aceptadas por el Gobierno español, "indicaban la necesidad de que en este tipo de catálogo se incluyera no sólo el continente, sino también el contenido".

En el momento de abordar el trabajo en La Palma, la situación de los distintos inventarios en cada una de las islas que componen la Diócesis Nivariense se resume en los siguientes aspectos: en La Gomera está hecho casi en su totalidad, mientras que en Tenerife ya ha superado la mitad y en El Hierro y La Palma todavía no había comenzado. En el caso de la Isla Colombina, como indica el profesor Darias, "con un volumen muy limitado, está bastante controlado a través de los estudios realizados por intelectuales locales como el historiador Dacio Darias y la profesora Ana Ávila".

Sin embargo, La Palma era un territorio a descubrir. "Por esa razón, decidimos afrontarlo con mucho ánimo y entusiasmo y siguiendo el consejo del propio vicario palmero, Aurelio Feliciano, en lugar de iniciar el fichaje por los lugares habituales -Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane-, se decidió hacerlo siguiendo el arco norte del territorio, es decir, desde Puntallana hasta Tijarafe. En este primer tramo se ha llevado a cabo el inventario de los templos San Juan de Puntallana, Tenagua, Santa Lucía, Montserrat y San Andrés, en Los Sauces, si bien este último quedaron algunas piezas por fichar, aunque están perfectamente catalogadas a falta sólo de llevar a cabo la redacción de su correspondiente ficha".

Alberto Darias precisó que, según lo estipulado en el último concordato entre el Vaticano y el Estado español, "se acordó la realización de un primer paso en el cuidado del legado cultural de la Iglesia Católica, teniendo conocimiento de la cuantía artística de sus bienes: la Iglesia se comprometía a mostrar sus obras de arte a las personas interesadas y el Estado, a subvencionar el trabajo".

Para la realización de este proyecto concreto, la Diócesis Nivariense, al igual que había sucedido en ocasiones anteriores, ofreció toda serie de facilidades al equipo redactor. "A nuestra llegada a La Palma, los párrocos de San Juan de Puntallana, Nuestra Señora de Montserrat de Los Sauces y San Andrés, no sólo nos facilitaron el acceso para el estudio de las piezas, sino que también colaboraron de forma entusiasta apoyando cualquier tipo de sugerencia o necesidad que les fuera solicitada, así como por parte de otros miembros de las respectivas parroquias, que también colaboraron y participaron con sumo agrado en las labores cuando se hizo necesario".

El profesor universitario, especialista en asuntos de patrimonio, enfatizó que "las parroquias y las ermitas de La Palma que hemos visitado se encontraban en una situación óptima, bien cuidadas, muy limpias y bien atendidas en todos los sentidos. Sus piezas, por lo tanto, no fueron difíciles de localizar. Nos llamó la atención la cuantía de las mismas, hasta el punto de que no esperábamos encontrar, de modo que tuvimos que modificar sobre la marcha nuestros cálculos de trabajo y de los cinco templos que en principio teníamos previsto inventariar, en esta ocasión sólo pudimos abarcar tres parroquias con sus respectivas ermitas".

Alberto Darias puso especial énfasis al afirmar que "las piezas catalogadas confirman mi opinión, expresada en varias ocasiones y que me gustaría se hiciera común a los palmeros. Es decir, en La Palma, muchas personas sólo sobrevaloran el arte flamenco, no porque no tenga calidad, sino porque se cree que todo lo que no sea flamenco es de segundo orden. Y, sin embargo, las obras de arte andaluzas, canarias, italianas que existen en la Isla son tan importantes y tan numerosas como las procedentes de Flandes".

"Basta con decir que la calidad -agregó-, como decía al principio, era excelente y algo tan importante como ésto: el respeto hacia su rico legado cultural ha hecho que los palmeros no se desprendan, como sucede en otras islas, de ningún objeto que el templo haya poseído. Si la liturgia lo permite, está al uso. Si no, está guardado con toda serie de precauciones y procurando en todo momento que no sufra deterioro alguno. Y eso tiene mucha importancia".

Alberto Darias citó, entre otros ejemplos de especial interés, el cuadro existente en el baptisterio de la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en Los Sauces; la imagen de Santa Lucía, en la ermita de su mismo nombre; la imagen de San Miguel, en San Juan de Puntallana, la orfebrería de la parroquia de Montserrat, el Belén de San Andrés, las antiguas pilas bautismales de cerámica vidriada...

Preguntado por el procedimiento seguido en el trabajo realizado, el profesor Darias Príncipe matizó la siguiente aclaración: "Un inventario no es un catálogo. A mí juicio, la diferencia está en que el inventario prima la cuantía y el catálogo la calidad. Por lo tanto, el inventario es el paso previo y los datos que exigen una ficha de este tipo, son más bien de tipo físico (denominación, descripción, localización, estado de conservación, bibliografía e imagen fotográfica), que un estudio concienzudo de su cronología, lenguaje artístico, etcétera".

Al respecto, las fichas del Ministerio de Cultura exigen una numeración diferenciadora muy precisa. En primer lugar, el tipo de inventario del que se trata. Por eso, en la identificación informática se colocan primero las abreviaturas I.I.C. (Inventario de la Iglesia Católica). A continuación, la región a la que se refiere: Canarias. Sigue la diócesis, que en este caso se identifica con el número 38. Y finalmente, el número de la pieza a identificar. Sin embargo, el inventario no estudia solamente el objeto en su sentido global, sino que desglosa las posibles obras de arte que el conjunto posea.

Por ejemplo, en el supuesto de que se trate de una imagen religiosa, primero se le adjudica un número correlativo y a continuación se van desglosando las piezas de valor que la imagen posee, de modo que los números vayan aumentando a medida que el contenido vaya teniendo una mayor amplitud. "Un caso -explica Alberto Darias- sería el Niño Jesús que el santo sostiene en sus brazos, pero dentro de ese objeto, habría que fichar los zapatitos de plata, la corona, y todos los objetos que vaya conteniendo: vara de plata, distintos tipos de textiles, orfebrería que adorna... Se puede dar el caso de que una pieza de arte pueda llegar a tener hasta 15 ó 20 subnúmeros. Pensemos, por ejemplo, en el caso de un retablo. En consecuencia, no es necesario el estudio archivístico de la pieza, sino una aproximación a la misma, eso sí, con un amplio conocimiento bibliográfico y una experiencia también amplia de los miembros del equipo".

El equipo redactor encargado del proyecto estuvo formado por los profesores Ana María Quesada Acosta, Gerardo Fuentes Pérez y Alberto Darias Príncipe (director), así como otros tres técnicos destacados: Esteban Hernández Martín, Jonás Armas Núñez y Manuel Jesús Hernández González. Los tres primeros son profesores universitarios, miembros del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de San Fernando de La Laguna; otros dos son doctorandos discípulos de los anteriores y un especialista en informática. En este caso concreto, el equipo contó con el asesoramiento del profesor Pablo Amador, reconocido restaurador que, por causas de trabajo, no pudo compartir el trabajo de campo, aunque sí prestó sus conocimientos ante cualquier tipo de consulta.

En una labor de esta naturaleza, el director del inventario asume una gran responsabilidad, pues se convierte en responsable único del resultado del trabajo: "Cualquier fallo que el inventario pueda tener recae sobre el director; él es quien decide la identificación de la pieza, quien indica las piezas que se deben inventariar, la bibliografía a consultar y, en una palabra, tiene la obligación de poner los medios para que las fichas sean lo más exhaustivas posibles. Como es lógico, esto es en la teoría, puesto que el director tiene que estar asesorado por distintos especialistas que conforman el equipo (arquitectura, pintura, escultura, retablística, artes suntuarias, etc.)".

A continuación, están los coordinadores, distribuidores del trabajo, encargado de las cuentas y el material, de modo que el trabajo lleve la fluidez debida. Un restaurador, encargado de indicar el estado de conservación de la pieza (condición, deterioro, partes que faltan y restauraciones realizadas); los documentalistas, encargados de la bibliografía y en el trabajo de campo, además, de tomar todos los datos necesarios; un fotógrafo que siga las directrices dictadas por el director y un técnico informático que resuelva los múltiples problemas que pueden surgir hasta llegar a la elaboración final de un DVD.

El trabajo consta de dos momentos bien determinados: el trabajo de campo, donde se toman los datos "in situ" y el trabajo de gabinete, donde se vierten de dos maneras lo exigido por el Ministerio: una ficha acompañada de una fotografía y su correspondiente cliché y un DVD idéntico. Al final, deberán realizarse varias copias: una para el Ministerio, otra para la Dirección General de Patrimonio Histórico (Gobierno de Canarias) y otra para la diócesis. En este caso, además, se han añadido otras dos unidades, una para cada párroco y otra para la entidad que ha financiado el inventario.

Respecto del trabajo de campo realizado en La Palma, con una duración de tres semanas, "fue intensísimo", destacó Alberto Darias. "Cuando hay que desplazarse a otra isla, como sucedió en este caso, el trabajo es exhaustivo. Se come cuando se puede, y se está donde se puede, de modo que cuando no se puede estar en el templo, se pasa a la sacristía o a las dependencias anejas para no interrumpir el culto".

Por último, además de reiterar su gratitud y la del equipo que ha dirigido al consejero de Infraestructuras del Gobierno de Canarias y a la empresa pública GESTUR, el profesor Darias dijo, además, que "todo este trabajo fue posible en este corto período de tiempo, al contar con la generosidad del Cabildo Insular y los ayuntamientos donde se encuentran las respectivas parroquias. Sin ellos, que fueron los que nos facilitaron la logística de toda la operación, no sólo hubiera sido más difícil sino que se hubiera dilatado considerablemente". Por ello, el equipo quiere agradecer el apoyo recibido de los respectivos concejales de Cultura, así como el consejero de Cultura del Cabildo Insular de La Palma. "Sin menoscabar a otras campañas realizadas hasta ahora -concluyó-, hemos de confesar que, al menos hasta ahora, en ningún otro sitio nos hemos encontrado con tantas facilidades como las recibidas en la Isla de La Palma".

domingo, 20 de marzo de 2005

La ruta de las portadas de Breña Alta

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Breña Alta

Para las próximas Fiestas de las Cruces de Mayo, de larga tradición en la isla y, especialmente, en la comarca de las Breñas, será posible recorrer la ruta de las portadas históricas de Breña Alta, constituida por once elementos arquitectónicos de especial interés, la mayoría de las cuales se encuentran en la actualidad en un avanzado proceso de restauración, tanto en lo que se refiere a la reparación de mampostería como tratamiento de maderas.

Cada portada tendrá un cartel explicativo y formará parte de la denominada Ruta de las Costumbres y los Valores de Breña Alta, en la que también se incluirán las cruces de mayo y un horno de teja situado en el camino de Las Curias, recientemente recuperado.

Dicha labor cumple con uno de los objetivos de la actual corporación municipal de Breña Alta, que preside el alcalde Blas Bravo Pérez, consistente en la recuperación y conservación del patrimonio histórico local, labor en la que han desempeñado un papel destacado el primer teniente de alcalde, Jorge González y la concejala de Cultura, Esther González, respectivamente.

Como habíamos comentado en nuestro anterior reportaje, en esta oportunidad nos referiremos a las portadas de Breña Alta en sí, para lo cual consideramos, como fuente principal, el Catálogo Patrimonial del municipio, elaborado por el doctor Jesús Pérez Morera, profesor de la Facultad de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna y la propia memoria del anteproyecto de restauración.

Casa Lugo
La portada de la casa de Alberto Lugo se encuentra en el número 24 del camino de La Estrella. Se desconoce la fecha de su edificación y se conserva en perfecto estado. Presenta un especial interés desde el punto de vista formal y constructivo, por cuanto tiene una fachada tradicional y el sistema empleado consiste en un muro de carga de mampostería de piedra fonolita azul tallada y careada, mientras que en su interior es de piedra basáltica y barro, revestida con mortero de cal.

Es una portada de tipo almenado con cuerpo central rematado con cruz de madera de tea pintada y cuerpos laterales en pirámides de base cuadrada. Se trata de un ejemplo de portada de casa de campo tradicional. Entre sus elementos singulares figuran las dos almenas laterales terminadas en pirámides; el pináculo de piedra fonolita azul que sirve de base a la cruz de tea; y el dintel, que también es de tea.

Destaca el acceso, formado por una rampa empedrada, así como el muro que rodea la hacienda, manteniendo el estilo y la forma tradicional. De la carpintería destaca el remate superior de la puerta, realizado con balaustres de madera de tea, así como su dintel y el sistema de cerrado superior de la misma, ambos realizados en madera de tea. Toda la carpintería se encuentra pintada de color verde canario.

Casa Aciego de Mendoza
La portada de la casa Aciego de Mendoza data del siglo XVII y se encuentra situada en las proximidades de la ermita del Risco de la Concepción, cuya propiedad -explica el doctor Pérez Morera- perteneció en sus primeros tiempos al capitán y regidor decano Matías de Escobar Pereyra (1618-1686), sargento mayor de La Palma.

Posteriormente, la citada propiedad pasó a la titularidad de su hija María de Escobar, esposa del capitán Felipe Bautista Poggio Monteverde, y de sus herederos, los Alfaro y Poggio. El testamento del doctor Felipe Alfaro de Franchi (1733-1787), vicario de la isla de La Palma e hijo de Domingo Melchor de Alfaro y Monteverde y María Engracia Poggio y Escobar, hace constar la donación de tres casullas a la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, donde tantas veces celebró misa y pasó temporadas en la casa de sus padres.

El testamento del capitán Felipe Alfaro y Poggio y de su mujer Mariana Poggio, nos permite conocer la existencia de reformas en la citada finca. Su hijo, José María Alfaro, vendió todos sus bienes a Manuel de Mendoza Morales, antepasado de los actuales propietarios.

Se trata de una portada almenada, de tipo tradicional, formada por un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, carpintería de madera de tea pintada y remate almenado con dos piezas de piedra fonolita azul tallada.

Franquea el acceso a la citada finca y mantiene las características formales de la arquitectura tradicional, formando parte de un espacio y un paisaje de un gran riqueza ambiental en el acceso al Risco de La Concepción, desde el que se admira una panorámica de Santa Cruz de La Palma hasta Tenagua y las Breñas hasta Mazo y la Cumbre.

Monasterio Cisterciense
La antigua hacienda Fierro y Massieu, conocida como "La Gloria" y situada en el antiguo camino real de Santa Cruz de La Palma a Los Llanos de Aridane, es la sede del Monasterio Cisterciense de la Santísima Trinidad, fundado el 27 de mayo de 1946 por Dolores van de Walle y Fierro, marquesa de Guisla Guiselin.

El esquema originario responde a una hacienda rural, con portada de entrada que data del siglo XVI y una calzada empedrada con guijarros de playa. La vivienda principal es un edificio rectangular de dos plantas, con una amplia galería de madera hacia el sur y abierta al patio, sobre un costado. La vivienda no tiene patio interior; un pasillo central comunica el salón principal, donde está el oratorio, con la cocina y la despensa. Sobre la esquina noreste se levanta un torreón-mirador. El edificio fue transformado para uso monástico, de modo que el espacio del antiguo patio delantero ha sido ocupado por edificaciones de nueva planta, caso de locutorios, confesionarios y capilla.

A principios del siglo XVII, la hacienda era propiedad de Ana de Monteverde Cabeza de Vaca, tercera esposa del caballero flamenco Jerónimo Boot, regidor de Bruselas y señor de los feudos de Wesembec y Ophen, en Flandes. Posteriormente la heredó su nieta, Tomasa de Espinosa Boot, esposa del capitán Juan Fierro Monteverde, regidor perpetuo de La Palma y después su hijo primogénito, José Fierro de Espinosa, quien en 1696 obtuvo licencia del Papa Inocencio XI para tener oratorio privado.

La portada, que se conservaba en un mal estado, mantiene una estructura típica en su entrada, pero dispone de elementos diferenciadores, como son unos asientos en los laterales de la puerta y desagües para evacuar el agua de lluvia. Su característica más importante es que la hacienda dispone de dos entradas, una para el paso de personas y otra mayor que permitía el paso de carruajes.

Camino El Llanito
Esta portada, del siglo XVII, es propiedad en la actualidad de Pastora Rodríguez Rodríguez. El sistema constructivo sigue la misma pauta que las anteriores, es decir, un muro de carga de mampostería de piedra fonolita azul tallada y careada y piedra basáltica en su interior, mortero de cal y barro. La carpintería es de madera de tea natural, con entablonado en la parte baja y torneados en la parte superior.

Tiene un escalón de entrada y el remate de la portada es de tres almenas, terminadas las dos laterales en pirámide de cuatro aguas y pináculo de madera torneada, y la central en pirámide truncada de piedra con una cruz de madera de tea. El remate almenado se separa de la parte baja de la portada por una cornisa de piezas de cerámicas lisas. Destaca el remate superior de las almenas, de madera de tea torneado. Tenía mal estado de conservación cuando se realizó el inventario previo a su restauración.

Casa de Leoncio Afonso
La portada de la casa de campo del eminente profesor palmero Leoncio Afonso, catedrático de la Universidad de La Laguna, data del siglo XIX y está localizada en el camino El Llanito. El sistema de construcción sigue las mismas pautas: muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, carpintería tradicional de madera de tea natural pintada, recercada por jambas y dintel de piedra fonolita azul labrada, así como el escalón de entrada.

La portada remata en tres almenas terminadas en pirámide de cuatro aguas las dos laterales y truncada la central, con una cruz en el vértice de madera de tea de color verde. Otro elemento a destacar es que el camino de acceso a la portada está empedrado. El estado de conservación es bueno, debido, sin duda, al interés de su propietario.

Barranco de Miranda
Esta portada, cuya fecha de construcción se desconoce, está situada en San Miguel, frente al barranco de Miranda. Posee un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro. Considerando la tipología de otras edificaciones, todo hace pensar que la carpintería sería de madera de tea, y el remate de la portada a dos aguas, lisa y con una cruz de madera en el centro, manteniendo las características típicas según el estilo de la época. En el momento de su catalogación estaba en ruina.

Casa de María Nieves Díaz Pérez
Está situada en la calle Miranda, frente a la cruz de la Calafata. Data del siglo XIX y su estado de conservación es aceptable, aunque con algunas deficiencias. Tiene un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro; la carpintería es de madera de tea pintada y el remate de la portada se presenta a dos aguas, lisa, con una cruz de tea en el centro.

Casa de D. Fulgencio
La portada de la casa de D. Fulgencio se encuentra en el camino que baja por la finca de Urbano, en dirección a Breña Baja. En la actualidad es propiedad de Invención Pérez Concepción y su edificación se remonta al siglo XVII.

Al igual que otras portadas ya comentadas, tiene un muro de carga de mampostería de piedra basáltica, sillarejos de piedra tallada y barro, con escalón de entrada. Probablemente la carpintería de la puerta sería de madera de tea natural. Remata la portada una almena centrada, terminada en pirámide de cuatro aguas y cruz en el vértice, de madera de tea de color verde. La carpintería de la puerta carece de hojas, conservándose únicamente el cerco y el estado de conservación es aceptable.

Camino de Miranda
Data del siglo XIX y está situada frente a la finca de Urbano, en el camino El Llanito, subiendo por la Cruz de Calafata. En la actualidad es propiedad de Antonio Rodríguez Álvarez.

La fábrica es de muros de mampostería de piedra basáltica, barro y mortero de cemento y arena. No tiene almenas y remata el dintel a dos aguas. La carpintería de la puerta es de tipo tradicional de madera de tea en su color natural. La portada de acceso a la casa se encuentra en buen estado de conservación, habiendo sido restaurada anteriormente con mortero de cemento y arena.

Finca de Blas Bravo Pérez
Esta portada data del siglo XVII y está situada en el camino El Llanito, subiendo por la Cruz de Calafata. En la actualidad es propiedad de Blas Bravo Pérez y en el momento del inventario se encontraba en un estado de conservación deficiente.

Tiene muro de carga de mampostería de piedra basáltica y sillarejos de piedra tallada y careada, con mortero de cal y barro. La carpintería es tradicional, de madera de tea natural. Posee escalón de entrada y el remate consiste en cinco almenas, de piedra basáltica y mortero de cal y esgrafiadas. Las laterales terminan en pirámide de cuatro aguas y la central en pirámide truncada con una cruz de madera de tea. El remate almenado se separa de la parte baja de la portada por una cornisa de piedra tallada en la cara de la fachada principal.

Portada La Sociedad
Situada en el camino La Sociedad, data del siglo XIX y es propiedad compartida de varios herederos. Se trata de una portada de casa de campo aislada, con un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, revestida con mortero de cal. La carpintería probablemente mantendría las características tradicionales de estos elementos: madera de tea pintada. El remate superior de la portada se realiza a dos aguas, lisa y en su centro tendría una cruz, que también sería de madera de tea de igual color que el resto de la carpintería. Antes de su restauración presentaba un estado de conservación deficiente.

domingo, 13 de marzo de 2005

Las portadas, el rescate de un legado


Breña Alta emprende un proyecto para recuperar y conservar once ejemplares arquitectónicos existentes en el municipio


Juan Carlos Díaz Lorenzo
Breña Alta

El Ayuntamiento de Breña Alta, consciente de la importancia de su patrimonio histórico, emprendió hace unos meses un interesante proyecto de rehabilitación de las antiguas portadas existentes en el municipio, once en total, ya que se trata de elementos arquitectónicos construidos en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, la mayoría de las cuales se encontraban en un penoso estado de conservación.

La realidad aconsejó una decisión correcta. Si no se tomaban medidas en un corto espacio de tiempo, muchos de estos elementos, que amenazaban ruina, acabarían desapareciendo, perdiéndose así un importante legado que forma parte de nuestra arquitectura, cultura e identidad.

El anteproyecto de restauración se encomendó al arquitecto técnico José Heriberto Díaz Cáceres, quien realizó un estudio de los principales daños que afectaban a tales elementos, sus causas y posibles soluciones, desarrollando posteriormente un proyecto más completo y detallado de la restauración de cada una de ellas.

Se trata de elementos que tienen un indudable atractivo desde el punto de vista histórico, cultural y turístico. De ahí la interesante iniciativa de la Concejalía de Cultura de hilvanar la "ruta de las portadas" de Breña Alta, que dice mucho y bien del interés que preside su actuación.

Las portadas constituyen un elemento característico de la arquitectura tradicional de Canarias y, por supuesto, de la isla de La Palma. En este primer reportaje abordaremos sus características y evolución y en el siguiente profundizaremos en la historia de las once portadas históricas existentes en Breña Alta. Para ello consideramos, entre otras fuentes, el libro Arquitectura doméstica en Canarias, que es la tesis doctoral del catedrático Fernando Gabriel Martín Rodríguez, relevante figura de la Universidad de La Laguna; el Catálogo Patrimonial de Breña Alta, del que es autor el doctor Jesús Pérez Morera, otro destacado investigador palmero y, asimismo, docente de la citada Universidad y la propia memoria del anteproyecto.

Las portadas de las antiguas haciendas suelen estar enclavadas en lugares aislados y en la actualidad cercadas por una arquitectura que no les corresponde, rompiendo así su verdadero sentido. Es visible el deterioro causado por el paso del tiempo, por lo que la mayoría se encontraban en un estado lamentable, a lo que ha contribuido la expoliación de sus elementos decorativos, escudos, almenas...

Las portadas cierran fincas a la vera de los antiguos caminos reales o cierran patios y presentan variantes notables en cuanto al tratamiento de la fábrica, con piedra enjalbegada. Pueden ser almenadas, con un frontón, con pináculos y rematadas con una cruz o un blasón, o ambas cosas a la vez, convirtiéndose en complementos familiares en el paisaje insular, como sucede en el caso de Breña Alta.

Constituían, además, un signo de grandeza. No todos los propietarios tenían derecho a poner almenas en sus portadas y casas, ya que para ello era preciso demostrar su grado de nobleza: cuantas más almenas tenía una portada, mayor rango nobiliario poseían los hacendados y lo mismo ocurría con los escudos. La cantería de labra perfecta, que era muy costosa, sólo se la podían permitir las familias más adineradas. El resto solían tener piedras vistas mezcladas con partes ocultas por la cal.

Las portadas también tienen otras características comunes, como pueden ser el pináculo, el remate con una cruz en su parte superior, o un blasón y el color blanco. En algunas de ellas se aprecia la mezcla de otros colores, como el añil, ya que antiguamente se pensaba que este color ahuyentaba a los malos espíritus.

Elementos característicos
Todos los elementos que forman parte de las portadas, así como la manera de construirlas, siguen los cánones marcados en la arquitectura tradicional de Canarias. En muchas casas de campo aparecen las almenas como un elemento decorativo, además de símbolo de poder y distinción. Es frecuente la portada adintelada con triple almena y una cruz en el centro. También aparecen en algunas de ellas pequeños nichos, sobre el dintel, que contenían imágenes religiosas. La existencia en Portugal de portadas idénticas, hace pensar en una posible influencia de éste país, presente en la colonización de La Palma, sin olvidar su carácter mudéjar.

La portada se incrusta en un muro que circunda parte de la casa, protegiéndola del viento, y que habitualmente da a un patio. Las puertas son de dos hojas con dos aberturas superiores, adornadas con balaustres torneados o planos. También hay portadas sin almenas, y otras, de movido remate, poseen una cruz de madera. Alguna almena, siempre apuntada, se remata con una pequeña bola. En otros casos, las almenas se extienden también por los muros que enmarcan la portada.

Parámentos. Después de la conquista de las islas, las primeras viviendas de los colonizadores europeos se construyeron con muros muy pobres, tierra apisonada o paredes de piedra seca, esquema que persistió en las zonas humildes durante las centurias siguientes. El primer sistema es la tapia, poco empleada en Canarias. Luego, y sobre todo en los núcleos urbanos, se emplea el mampuesto, más perdurable y seguro. Los cimientos eran poco profundos, por lo común de menos de un metro, aunque esto dependía del terreno, lo que se compensaba con una mayor anchura en las paredes.

El mampuesto se presenta a piedra seca, calzado con piedras menudas; en hiladas de piedra sin mortero que las una; o con el sistema más utilizado de mezcla de piedra y barro o cal en menor grado, o arena y cal. Los sillares rara vez forman parte de los muros y, cuando aparecen, su función es menos estructural que decorativa. Su utilización efectiva es mayor reforzando las esquinas. Los huecos que quedaban al finalizar las paredes se rellenaban con ripio. Esta pobreza en los muros se disimulaba con el enjalbegado o terciada con arena, denominada argamasa.

En las zonas rurales se suelen encalar los espacios entre las piedras que quedan al descubierto, aumentando notablemente la riqueza plástica del conjunto. El color blanco de los muros exteriores es una de las constantes más peculiares de las portadas y de la casa canaria. Junto a una motivación de orden estético, coexiste otra funcional relacionada con factores climáticos, ya que la cal refracta el calor y contribuye a crear un ambiente fresco en las viviendas.

En ocasiones se intenta ocultar, todavía más, con adornos en la pared, recuadros, esgrafiados, etc. Los esgrafiados son decoraciones con motivos geométricos. La monotonía del blanco queda compensada con la presencia de sillares en las esquinas -a veces, cubiertas también por cal-, cuyas uniones se resaltan con fajas blancas. En otras, la aparición de la piedra en el marco de vanos y en las jambas, convierte en secundario el resto del paramento y reduce la sencillez de las fachadas anteriores.

Las paredes se alineaban con la llana o iguala, aunque en muchas viviendas aparecen muros con rugosidades, o sobresalen las piedras habitualmente en fachadas laterales que pertenecen a las divisiones de las crujías. Miden tres o cuatro palmos de ancho, de 60 a 80 cm, se realizan hilada por hilada con o sin encofrado, y dejan los huecos de la puerta.

Muy curiosa resulta la utilización de pelo de animales en los muros. Mezclados con el barro, formaban una estructura muy compacta semejante al cañizo, que también aparece como componente de algunos muros que combinan la caña con el pelo.

Escudo
El escudo es un elemento escultórico cuya función se justifica exclusivamente para su colocación en el edificio y las portadas. Aunque tiene una función aparentemente decorativa, también constituye la expresión externa de los logros ennoblecedores de cada familia, es decir, la muestra más clara de su pretendida distinción diferenciadora. Por lo general, contiene varios cuarteles con las diversas alianzas familiares y, en algún caso, cada rama posee su propio escudo, por lo que aparecen dos en la fachada.

Los escudos figuran como un elemento imprescindible. No se encuentra en todas las viviendas o haciendas, ya que no todas las familias podían poseer el blasón de su apellido, dependiendo su concesión de las licencias otorgadas directamente por el Cabildo.

En las portadas de las haciendas de campo, los escudos se colocan en la parte alta y por lo general se realizan en piedra, aunque también es posible encontrar ejemplares más ricos en mármol.

Almenas
El uso de almenas -de origen militar- se generaliza en las casas de campo importantes, así como en las portadas de acceso. Constituyen un signo de grandeza y de separación clasista y simbolizan unas aspiraciones sociales que exigen ser destacadas.

En Canarias se utilizan desde el siglo XVI. Con el paso del tiempo, la almena perdió su sentido simbólico y se convirtió en un elemento convencional, aunque sin que desapareciera su evidente connotación clasista. Como en los escudos, la colocación de almenas en las casas requería de una autorización oficial previa del Cabildo.

Puertas
La puerta, siempre de madera, es un elemento arquitectónico muy mimado. Su emplazamiento, a la vista de los transeúntes, ocasionó que la labra se cuidara en extremo, creando muchas veces auténticas filigranas. Construidos los muros, y dejado el hueco para colocar las puertas, generalmente hechas de pinotea, se forraban sus interiores con tablas, siempre abocinadas para proporcionar más luz, y para evitar que el aire cerrase bruscamente las hojas, así como para permitir un más fácil acceso. Los dos lados se llaman gualderos o singuisarras y la parte superior o dintel, sobre o sobre puertas. El umbral, también chaplón o sardinel, en la parte inferior de la puerta, se presenta cubierto con madera o con una o más losas de piedra.

El sistema de apertura utilizado en las puertas era el de goznes o quicialeras. El gozne, también llamado argollón, macho o bullón, es el madero lateral de las hojas de la puerta, con dos salientes en los extremos. El superior encaja en un hueco circular que se practica en el sobre, y el inferior entra en la quicialera, hecha en metal y clavada en el chaplón.

Las hojas se agarran a los goznes por medio de alguazas, elementos de metal colocados en los dos extremos, o solamente en la parte superior, y bisagras. Las alguazas se representan bellamente decoradas en sus puntas, ya sea con motivos vegetales -caso de la flor de lis- o geométricos, mientras que las adabas o llamadores aparecen forjados de variadas formas.

El cerrojo se coloca casi siempre por fuera y al cerrarse, su brazo encaja en la cerradura o pestillera. Otro tipo a seguir es la tranca o aldabón, barra de hierro o madera que va desde el centro de la puerta al gualdero. Cuando es de hierro recibe también el nombre de cerrojo. Existe otra clase de tranca, exclusivamente de madera, que abarca todo el ancho del vano y encaja en unos rebajes laterales de los gualderos. El fechillo o pasador se emplea en la parte central de la hoja o uniendo a ésta con el sobre y el chaplón. Más común es la taramela, que consiste en un pedazo de madera, de frente curvo, clavado al sobre para que pueda girar y cerrar la puerta en la unión de las dos hojas.

Las puertas, por lo general de dos hojas, se destacan en fachadas con un marco de piedra o madera. El primero, presente en la mayoría de las islas, suele ser adintelado. El marco de madera más frecuente es el bocelado, mientras que en puertas más sencillas, son los mismos bordes de los gualderos y sobre, ocultos bajo el encalado, los que sirven de marco.