Mostrando entradas con la etiqueta Breña Alta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Breña Alta. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de enero de 2007

Cincuentenario de una tragedia

JUAN CARLOS DíAZ LORENZO
BREÑA ALTA

El pueblo de Breña Alta, en primera persona, recordó el pasado martes, 16 de enero, el cincuentenario de la tragedia más grave ocurrida en la historia del municipio y de La Palma durante el siglo XX. Al amanecer de aquel día oscuro, con una espesa neblina que impedía la visibilidad más allá de una decena de metros y después de que durante toda la noche estuviera lloviendo con bastante intensidad, el agua corría desenfrenada con un caudal muy superior al que el cauce de los barrancos podían absorber, por lo que la tragedia se consumó en cuestión de minutos.

En su recorrido por la pendiente desde la zona alta, la corriente del barranco de Aduares había arrastrado árboles, piedras de diferentes tamaños, ramas y todo cuanto encontraba a su paso, taponando el puente de El Llanito y causando los primeros estragos en las viviendas que se encontraban a ambas márgenes, arrasando las casas, muebles y enseres y también a las personas que en ellas se encontraban o que trataban de huir ante la amenaza inminente. Comenzó así el doloroso suceso del que ahora se han cumplido cincuenta años.

El 16 de enero de 2007, un numeroso grupo de personas, entre ellos testigos presenciales del luctuoso acontecimiento, recordó a sus familiares y amigos muertos y desaparecidos, celebrando una solemne eucaristía en un paraje del barranco de Aduares, donde una cruz, a modo de sencillo monumento, rememora la tragedia.

Entre los testimonios más dramáticos recogidos en la prensa local, medio siglo después, destaca el relato de Antonio Mendoza Cabrera, que entonces tenía 19 años de edad. En la mañana de aquel fatídico día, él y su padre, Herminio Mendoza Vargas, se afanaban en ayudar a un vecino en apuros cuando vieron cómo bajaba una tromba de agua por barranco de Aduares. "Primero agarré a mi hermano pequeño, que tenía seis años y salí corriendo. Lo puse en la carretera y pedí que lo auxiliaran; que alguien salvara a aquel niño. Después volví para mi casa. Entonces cogí a mi hermana, que se llamaba Elvira y que tenía nueve años y le dije a mi madre que nos fuéramos, que aquello era el fin del mundo, salimos todos corriendo". Todos los miembros de su familia, entre ellos una hermana en avanzado estado de gestación, trataron de salvar sus vidas, aunque el esfuerzo fue inútil. "Caminaríamos unos seiscientos metros cuando el agua nos cayó encima y entonces sentí cómo se me partía la clavícula. En ese momento perdí a mi hermana. Nunca más la vi. Después del golpe, me desperté en el hospital. Perdí a mi madre...". De la familia de Antonio Mendoza Cabrera sólo lograron salvarse cuatro hermanos.

En la riada también perdió la vida otra familia, caso del matrimonio formado por Salvador Rodríguez Álvarez (50 años) y su esposa Benigna Cruz Martín (42) y sus tres hijos, Yolanda, Salvador y Terencio, de doce, ocho y cuatro años de edad, respectivamente. Diversos testimonios orales podemos encontrarlos en el texto del profesor Alfredo Mederos, que sirve de prólogo al libro Las décimas del temporal de 1957.

La catástrofe estuvo provocada por un frente de bajas presiones, que en aquella fecha recorrió el Archipiélago Canario en dirección noroeste a sureste y comenzó a descargar agua con fuerza sobre la Cumbre Vieja y otros parajes de la isla desde mediodía del 15 de enero. El temporal encauzó la corriente de agua por los barrancos de Aduares, Amargavinos y Aguasencio, pero llegó un momento en el que sus cauces resultaron insuficientes y cuando el caudal se desbordó, encontró su camino favorecida por la pendiente.

Aunque el foco más grave se localizó en el paraje denominado El Llanito, perteneciente al municipio de Breña Alta, también resultaron gravemente afectados diversos lugares de Breña Baja, sobre todo a lo largo del cauce del barranco de Amargavinos, a su paso por los pagos de San José y San Antonio. El citado barranco tiene una cuenca pronunciada y al llegar a la cuesta de San José presenta una considerable pendiente, lo que favoreció el desbordamiento de las aguas y de todo cuanto arrastraba, causando graves destrozos y la pérdida de vidas humanas.

En el municipio de Villa de Mazo también se contabilizaron víctimas en los pagos de Tirimaga y Montes de Luna, resultando con graves daños materiales el pago de San Simón. La existencia de zonas arenosas, que habían estado plantadas de viñedos y cereales, motivó que el agua buscara nuevos cauces en las zonas de mayor pendiente, provocando torrenteras y una avalancha de tierra y lodo que sepultó numerosas viviendas, bodegas, pajeros y corrales de animales domésticos.

En el extremo sur y en la vertiente oeste de la isla, las aguas torrenciales causaron estragos en los barrios de Los Quemados y El Charco, en Fuencaliente; y Jedey y Las Manchas, pertenecientes ambos a los municipios de El Paso y Los Llanos de Aridane.

DIARIO DE AVISOS, en su edición del 18 de enero de 1957, ofrece un panorama desolador. La crónica, firmada por Domingo Acosta Pérez, dice, entre otras cosas, lo siguiente:

"Breña Alta cuenta, al menos, 23 desaparecidos y 5 muertos, arrollados por el barranco de Aduares, que arrasó en El Llanito 19 casas, sin contar las del lado sur que, por sinuosidad del cauce, tal barranco haya podido dañar. ¿Nombres? Imposible. Ayer fuimos, y es tal el duelo, que el más templado no lo contaría sin lágrimas. Corrían aún furiosos los barrancos; los cercados anegados y las carreteras cegadas por la pertinaz lluvia; familias que lloraban por sus allegados; pasaba en unas parihuelas el cadáver de una víctima, "Juan el garafiano", cargado por el alcalde y números de la Guardia Civil".

En las sucesivas ediciones, DIARIO DE AVISOS fue aportando los datos del saldo de la tragedia: 24 víctimas entre muertos y desaparecidos, sólo en la comarca de las Breñas y Mazo, así como 413 personas evacuadas, un centenar de casas destruidas y otras 75 con riesgo inminente de ruina. Además, tanto en la comarca más afectada, así como en Bajamar y la Cuesta de Matos, en Santa Cruz de La Palma, Los Llanos de Aridane y Tazacorte, se advirtieron daños apreciables en el recorrido de la carretera general del Sur, presentando muros caídos, invasión de lodo y fango y roturas del firme, con el corte total en 13 puntos del recorrido y la destrucción de doce puentes. También se apreciaron dificultades de importancia en la carretera general del Norte, en las proximidades de Los Sauces, donde el agua también descargó con fuerza, registrándose entullo de barro, piedras, troncos y ramas de árboles.

La búsqueda de cadáveres y el desescombro de la riada se detuvo en la tarde del 17 de enero, para la celebración de la misa funeral en la parroquia de San Pedro Apóstol, en Breña Alta, que contó con la asistencia del capitán general de Canarias, José María López Valencia; el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Andrés Marín Martín y las autoridades insulares, presididas por el titular del Cabildo Insular, Fernando del Castillo Olivares y el delegado del Gobierno, Rafael de la Barreda.

En su homilía, el párroco de San Pedro Apóstol, Esteban Santos González, dijo que "cuando hace un año vimos los daños del temporal en Breña Alta (se refiere al vendaval de 1956), con escombros y carreteras atravesadas por colosales eucaliptos, sentimos el alma sobrecogida... Pero todo es relativo y aquellos males son irrisorios si los comparamos con la tragedia de ahora, vivida intensamente en las Breñas y Mazo. No abundaremos en duelos, pero recordamos a las personas desaparecidas en El Llanito que con ilusiones de todo mortal, luchaban a diario para mejorar su porvenir. Para ellas, nuestras oraciones y sufragios para sus familiares y amigos, la resignación cristiana, que pedimos a Nuestro Señor".

El sepelio de las infortunadas víctimas constituyó una honda manifestación de duelo, celebrándose solemnes oficios religiosos en las parroquias de San Pedro Apóstol y El Salvador, así como en las restantes parroquias de la isla, por el eterno descanso de sus almas, en medio de nutridas presencias de fieles. Asimismo, unos días después, en Tenerife, Las Palmas, Madrid y en Venezuela, también se celebraron misas en memoria de las víctimas de la tragedia.

Los graves daños ocasionados en la carretera general y en otras vías secundarias -explica Luis Ortega en su libro Breña Alta, retrato con paisaje- determinó la decisión de las autoridades de utilizar el cabotaje como vía alternativa entre las dos comarcas de la isla, al igual que había ocurrido cuando la erupción del volcán de San Juan, ocurrida en los meses de junio y julio de 1949, garantizando, de ese modo, la exportación frutera y el tráfico de mercancías y de personas.

El presidente del Cabildo Insular, Fernando del Castillo Olivares y Van de Walle; el delegado del Gobierno, Rafael de la Barreda Díaz y el comandante militar, Ramón Lope de Haro, decidieron trasladar sus despachos de campaña al ayuntamiento de Breña Alta, entonces presidido por el alcalde Martín Cabrera Monterrey, desde donde informaron al ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, de la magnitud del suceso y pidieron ayudas urgentes para tratar de paliar la gravedad de la situación.

La respuesta del ministro no se hizo esperar, como lo atestigua el telegrama recibido en la capital palmera y que se expresa en los siguientes términos:

"Con gran sentimiento recibí noticia de víctimas y daños causados en nuestra isla por el temporal. El Caudillo ha tenido a bien adoptar pueblos de Breña Alta y Breña Baja como más afectados y ordenar la reconstrucción de viviendas desaparecidas. Espero informes oficiales para proveer otras necesidades. Hagan presente a familias de víctimas mi sincera condolencia y a todos mis paisanos que comparto con ellos el pesar por la tragedia sufrida".

El 22 de enero, el Consejo de Ministros reunido en el Palacio de El Pardo bajo la presidencia del Jefe del Estado, resolvió la adopción de la zona afectada y la construcción de cien viviendas en Breña Alta, con un presupuesto de 15.000 pesetas cada una. Regiones Devastadas adelantó la cantidad de dos millones de pesetas para las obras de las casas y otros trabajos considerados de urgencia.

Las averías en carreteras y caminos, valorados en 15 millones de pesetas, se atendieron "inmediatamente" por orden del director general del ramo, siguiendo indicaciones del ministro Blas Pérez González. Los daños en cultivos, embalses y canales, se calcularon en más de treinta millones de pesetas, cuantía que fue compensada con ayudas y moratorias del Instituto de Colonización.

El 27 de enero, en el Teatro Madrid, se celebró una función benéfica a favor de los damnificados de La Palma, organizado por el Hogar Canario de Madrid y patrocinado por el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, acto que contó con la asistencia, entre otras personalidades, de los subsecretarios de Gobernación y Trabajo. Entre otros artistas invitados actuaron Paquita Rico, Carmen Sevilla y Miguel Ligero. "Bajo todos los puntos de vista -dice el despacho de la agencia Cifra-, el acto constituyó un éxito, registrándose un lleno total y siendo la recaudación muy lisonjera".

La solidaridad llegó a La Palma desde muchos lugares y, como señala Luis Ortega, "se vistió de todas las formas: de Santa Cruz de La Palma, cuyos habitantes se movilizaron desde el primer momento, y de la isla; de Canarias y de España, de Venezuela... ’porque la tragedia latió en todos los hogares’, según un romance de Gumersindo Galván: Aquel dieciséis de enero / la furia a La Palma llega / batiendo con más bravura / desde Mazo hasta las Breñas...".

De la tragedia, además de la memoria de quienes la vivieron y de las informaciones recogidas en la prensa de la época, caso de DIARIO DE AVISOS, el periodista palmero Luis Ortega Abraham trata con amplitud el luctuoso acontecimiento en el capítulo noveno, titulado "Sustos y avances del siglo", en su citado libro Breña Alta, retrato con paisaje (1995).

También ha quedado el testimonio en forma de décimas, que el profesor Justo Pérez Cruz compila en su libro titulado Las décimas del temporal de 1957 (2005), en el que recopila los versos de Simeón Marichal Negrín, Matilde Morales, Francisco Javier Pérez Santos, Nicolás Gómez Lorenzo, Nicolás Gómez Hernández, Ignacio Barreto Pérez, Juan Jerónimo Hernández Morera, Emiliana Pestana, Mercedes Abreu y un grupo de décimas anónimas firmadas con las siglas A.M.P., así como el romance Llora la isla, del poeta Gumersindo Galván de las Casas y el poema Madre, de Jesús Duarte Pérez, dedicado a su madre, Juana Pérez Crespo, que falleció al día siguiente del temporal después de ser arrastrada por las aguas junto a su hijo Félix, el inolvidable poeta y periodista.

domingo, 20 de marzo de 2005

La ruta de las portadas de Breña Alta

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Breña Alta

Para las próximas Fiestas de las Cruces de Mayo, de larga tradición en la isla y, especialmente, en la comarca de las Breñas, será posible recorrer la ruta de las portadas históricas de Breña Alta, constituida por once elementos arquitectónicos de especial interés, la mayoría de las cuales se encuentran en la actualidad en un avanzado proceso de restauración, tanto en lo que se refiere a la reparación de mampostería como tratamiento de maderas.

Cada portada tendrá un cartel explicativo y formará parte de la denominada Ruta de las Costumbres y los Valores de Breña Alta, en la que también se incluirán las cruces de mayo y un horno de teja situado en el camino de Las Curias, recientemente recuperado.

Dicha labor cumple con uno de los objetivos de la actual corporación municipal de Breña Alta, que preside el alcalde Blas Bravo Pérez, consistente en la recuperación y conservación del patrimonio histórico local, labor en la que han desempeñado un papel destacado el primer teniente de alcalde, Jorge González y la concejala de Cultura, Esther González, respectivamente.

Como habíamos comentado en nuestro anterior reportaje, en esta oportunidad nos referiremos a las portadas de Breña Alta en sí, para lo cual consideramos, como fuente principal, el Catálogo Patrimonial del municipio, elaborado por el doctor Jesús Pérez Morera, profesor de la Facultad de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna y la propia memoria del anteproyecto de restauración.

Casa Lugo
La portada de la casa de Alberto Lugo se encuentra en el número 24 del camino de La Estrella. Se desconoce la fecha de su edificación y se conserva en perfecto estado. Presenta un especial interés desde el punto de vista formal y constructivo, por cuanto tiene una fachada tradicional y el sistema empleado consiste en un muro de carga de mampostería de piedra fonolita azul tallada y careada, mientras que en su interior es de piedra basáltica y barro, revestida con mortero de cal.

Es una portada de tipo almenado con cuerpo central rematado con cruz de madera de tea pintada y cuerpos laterales en pirámides de base cuadrada. Se trata de un ejemplo de portada de casa de campo tradicional. Entre sus elementos singulares figuran las dos almenas laterales terminadas en pirámides; el pináculo de piedra fonolita azul que sirve de base a la cruz de tea; y el dintel, que también es de tea.

Destaca el acceso, formado por una rampa empedrada, así como el muro que rodea la hacienda, manteniendo el estilo y la forma tradicional. De la carpintería destaca el remate superior de la puerta, realizado con balaustres de madera de tea, así como su dintel y el sistema de cerrado superior de la misma, ambos realizados en madera de tea. Toda la carpintería se encuentra pintada de color verde canario.

Casa Aciego de Mendoza
La portada de la casa Aciego de Mendoza data del siglo XVII y se encuentra situada en las proximidades de la ermita del Risco de la Concepción, cuya propiedad -explica el doctor Pérez Morera- perteneció en sus primeros tiempos al capitán y regidor decano Matías de Escobar Pereyra (1618-1686), sargento mayor de La Palma.

Posteriormente, la citada propiedad pasó a la titularidad de su hija María de Escobar, esposa del capitán Felipe Bautista Poggio Monteverde, y de sus herederos, los Alfaro y Poggio. El testamento del doctor Felipe Alfaro de Franchi (1733-1787), vicario de la isla de La Palma e hijo de Domingo Melchor de Alfaro y Monteverde y María Engracia Poggio y Escobar, hace constar la donación de tres casullas a la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, donde tantas veces celebró misa y pasó temporadas en la casa de sus padres.

El testamento del capitán Felipe Alfaro y Poggio y de su mujer Mariana Poggio, nos permite conocer la existencia de reformas en la citada finca. Su hijo, José María Alfaro, vendió todos sus bienes a Manuel de Mendoza Morales, antepasado de los actuales propietarios.

Se trata de una portada almenada, de tipo tradicional, formada por un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, carpintería de madera de tea pintada y remate almenado con dos piezas de piedra fonolita azul tallada.

Franquea el acceso a la citada finca y mantiene las características formales de la arquitectura tradicional, formando parte de un espacio y un paisaje de un gran riqueza ambiental en el acceso al Risco de La Concepción, desde el que se admira una panorámica de Santa Cruz de La Palma hasta Tenagua y las Breñas hasta Mazo y la Cumbre.

Monasterio Cisterciense
La antigua hacienda Fierro y Massieu, conocida como "La Gloria" y situada en el antiguo camino real de Santa Cruz de La Palma a Los Llanos de Aridane, es la sede del Monasterio Cisterciense de la Santísima Trinidad, fundado el 27 de mayo de 1946 por Dolores van de Walle y Fierro, marquesa de Guisla Guiselin.

El esquema originario responde a una hacienda rural, con portada de entrada que data del siglo XVI y una calzada empedrada con guijarros de playa. La vivienda principal es un edificio rectangular de dos plantas, con una amplia galería de madera hacia el sur y abierta al patio, sobre un costado. La vivienda no tiene patio interior; un pasillo central comunica el salón principal, donde está el oratorio, con la cocina y la despensa. Sobre la esquina noreste se levanta un torreón-mirador. El edificio fue transformado para uso monástico, de modo que el espacio del antiguo patio delantero ha sido ocupado por edificaciones de nueva planta, caso de locutorios, confesionarios y capilla.

A principios del siglo XVII, la hacienda era propiedad de Ana de Monteverde Cabeza de Vaca, tercera esposa del caballero flamenco Jerónimo Boot, regidor de Bruselas y señor de los feudos de Wesembec y Ophen, en Flandes. Posteriormente la heredó su nieta, Tomasa de Espinosa Boot, esposa del capitán Juan Fierro Monteverde, regidor perpetuo de La Palma y después su hijo primogénito, José Fierro de Espinosa, quien en 1696 obtuvo licencia del Papa Inocencio XI para tener oratorio privado.

La portada, que se conservaba en un mal estado, mantiene una estructura típica en su entrada, pero dispone de elementos diferenciadores, como son unos asientos en los laterales de la puerta y desagües para evacuar el agua de lluvia. Su característica más importante es que la hacienda dispone de dos entradas, una para el paso de personas y otra mayor que permitía el paso de carruajes.

Camino El Llanito
Esta portada, del siglo XVII, es propiedad en la actualidad de Pastora Rodríguez Rodríguez. El sistema constructivo sigue la misma pauta que las anteriores, es decir, un muro de carga de mampostería de piedra fonolita azul tallada y careada y piedra basáltica en su interior, mortero de cal y barro. La carpintería es de madera de tea natural, con entablonado en la parte baja y torneados en la parte superior.

Tiene un escalón de entrada y el remate de la portada es de tres almenas, terminadas las dos laterales en pirámide de cuatro aguas y pináculo de madera torneada, y la central en pirámide truncada de piedra con una cruz de madera de tea. El remate almenado se separa de la parte baja de la portada por una cornisa de piezas de cerámicas lisas. Destaca el remate superior de las almenas, de madera de tea torneado. Tenía mal estado de conservación cuando se realizó el inventario previo a su restauración.

Casa de Leoncio Afonso
La portada de la casa de campo del eminente profesor palmero Leoncio Afonso, catedrático de la Universidad de La Laguna, data del siglo XIX y está localizada en el camino El Llanito. El sistema de construcción sigue las mismas pautas: muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, carpintería tradicional de madera de tea natural pintada, recercada por jambas y dintel de piedra fonolita azul labrada, así como el escalón de entrada.

La portada remata en tres almenas terminadas en pirámide de cuatro aguas las dos laterales y truncada la central, con una cruz en el vértice de madera de tea de color verde. Otro elemento a destacar es que el camino de acceso a la portada está empedrado. El estado de conservación es bueno, debido, sin duda, al interés de su propietario.

Barranco de Miranda
Esta portada, cuya fecha de construcción se desconoce, está situada en San Miguel, frente al barranco de Miranda. Posee un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro. Considerando la tipología de otras edificaciones, todo hace pensar que la carpintería sería de madera de tea, y el remate de la portada a dos aguas, lisa y con una cruz de madera en el centro, manteniendo las características típicas según el estilo de la época. En el momento de su catalogación estaba en ruina.

Casa de María Nieves Díaz Pérez
Está situada en la calle Miranda, frente a la cruz de la Calafata. Data del siglo XIX y su estado de conservación es aceptable, aunque con algunas deficiencias. Tiene un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro; la carpintería es de madera de tea pintada y el remate de la portada se presenta a dos aguas, lisa, con una cruz de tea en el centro.

Casa de D. Fulgencio
La portada de la casa de D. Fulgencio se encuentra en el camino que baja por la finca de Urbano, en dirección a Breña Baja. En la actualidad es propiedad de Invención Pérez Concepción y su edificación se remonta al siglo XVII.

Al igual que otras portadas ya comentadas, tiene un muro de carga de mampostería de piedra basáltica, sillarejos de piedra tallada y barro, con escalón de entrada. Probablemente la carpintería de la puerta sería de madera de tea natural. Remata la portada una almena centrada, terminada en pirámide de cuatro aguas y cruz en el vértice, de madera de tea de color verde. La carpintería de la puerta carece de hojas, conservándose únicamente el cerco y el estado de conservación es aceptable.

Camino de Miranda
Data del siglo XIX y está situada frente a la finca de Urbano, en el camino El Llanito, subiendo por la Cruz de Calafata. En la actualidad es propiedad de Antonio Rodríguez Álvarez.

La fábrica es de muros de mampostería de piedra basáltica, barro y mortero de cemento y arena. No tiene almenas y remata el dintel a dos aguas. La carpintería de la puerta es de tipo tradicional de madera de tea en su color natural. La portada de acceso a la casa se encuentra en buen estado de conservación, habiendo sido restaurada anteriormente con mortero de cemento y arena.

Finca de Blas Bravo Pérez
Esta portada data del siglo XVII y está situada en el camino El Llanito, subiendo por la Cruz de Calafata. En la actualidad es propiedad de Blas Bravo Pérez y en el momento del inventario se encontraba en un estado de conservación deficiente.

Tiene muro de carga de mampostería de piedra basáltica y sillarejos de piedra tallada y careada, con mortero de cal y barro. La carpintería es tradicional, de madera de tea natural. Posee escalón de entrada y el remate consiste en cinco almenas, de piedra basáltica y mortero de cal y esgrafiadas. Las laterales terminan en pirámide de cuatro aguas y la central en pirámide truncada con una cruz de madera de tea. El remate almenado se separa de la parte baja de la portada por una cornisa de piedra tallada en la cara de la fachada principal.

Portada La Sociedad
Situada en el camino La Sociedad, data del siglo XIX y es propiedad compartida de varios herederos. Se trata de una portada de casa de campo aislada, con un muro de carga de mampostería de piedra basáltica y barro, revestida con mortero de cal. La carpintería probablemente mantendría las características tradicionales de estos elementos: madera de tea pintada. El remate superior de la portada se realiza a dos aguas, lisa y en su centro tendría una cruz, que también sería de madera de tea de igual color que el resto de la carpintería. Antes de su restauración presentaba un estado de conservación deficiente.

domingo, 13 de marzo de 2005

Las portadas, el rescate de un legado


Breña Alta emprende un proyecto para recuperar y conservar once ejemplares arquitectónicos existentes en el municipio


Juan Carlos Díaz Lorenzo
Breña Alta

El Ayuntamiento de Breña Alta, consciente de la importancia de su patrimonio histórico, emprendió hace unos meses un interesante proyecto de rehabilitación de las antiguas portadas existentes en el municipio, once en total, ya que se trata de elementos arquitectónicos construidos en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, la mayoría de las cuales se encontraban en un penoso estado de conservación.

La realidad aconsejó una decisión correcta. Si no se tomaban medidas en un corto espacio de tiempo, muchos de estos elementos, que amenazaban ruina, acabarían desapareciendo, perdiéndose así un importante legado que forma parte de nuestra arquitectura, cultura e identidad.

El anteproyecto de restauración se encomendó al arquitecto técnico José Heriberto Díaz Cáceres, quien realizó un estudio de los principales daños que afectaban a tales elementos, sus causas y posibles soluciones, desarrollando posteriormente un proyecto más completo y detallado de la restauración de cada una de ellas.

Se trata de elementos que tienen un indudable atractivo desde el punto de vista histórico, cultural y turístico. De ahí la interesante iniciativa de la Concejalía de Cultura de hilvanar la "ruta de las portadas" de Breña Alta, que dice mucho y bien del interés que preside su actuación.

Las portadas constituyen un elemento característico de la arquitectura tradicional de Canarias y, por supuesto, de la isla de La Palma. En este primer reportaje abordaremos sus características y evolución y en el siguiente profundizaremos en la historia de las once portadas históricas existentes en Breña Alta. Para ello consideramos, entre otras fuentes, el libro Arquitectura doméstica en Canarias, que es la tesis doctoral del catedrático Fernando Gabriel Martín Rodríguez, relevante figura de la Universidad de La Laguna; el Catálogo Patrimonial de Breña Alta, del que es autor el doctor Jesús Pérez Morera, otro destacado investigador palmero y, asimismo, docente de la citada Universidad y la propia memoria del anteproyecto.

Las portadas de las antiguas haciendas suelen estar enclavadas en lugares aislados y en la actualidad cercadas por una arquitectura que no les corresponde, rompiendo así su verdadero sentido. Es visible el deterioro causado por el paso del tiempo, por lo que la mayoría se encontraban en un estado lamentable, a lo que ha contribuido la expoliación de sus elementos decorativos, escudos, almenas...

Las portadas cierran fincas a la vera de los antiguos caminos reales o cierran patios y presentan variantes notables en cuanto al tratamiento de la fábrica, con piedra enjalbegada. Pueden ser almenadas, con un frontón, con pináculos y rematadas con una cruz o un blasón, o ambas cosas a la vez, convirtiéndose en complementos familiares en el paisaje insular, como sucede en el caso de Breña Alta.

Constituían, además, un signo de grandeza. No todos los propietarios tenían derecho a poner almenas en sus portadas y casas, ya que para ello era preciso demostrar su grado de nobleza: cuantas más almenas tenía una portada, mayor rango nobiliario poseían los hacendados y lo mismo ocurría con los escudos. La cantería de labra perfecta, que era muy costosa, sólo se la podían permitir las familias más adineradas. El resto solían tener piedras vistas mezcladas con partes ocultas por la cal.

Las portadas también tienen otras características comunes, como pueden ser el pináculo, el remate con una cruz en su parte superior, o un blasón y el color blanco. En algunas de ellas se aprecia la mezcla de otros colores, como el añil, ya que antiguamente se pensaba que este color ahuyentaba a los malos espíritus.

Elementos característicos
Todos los elementos que forman parte de las portadas, así como la manera de construirlas, siguen los cánones marcados en la arquitectura tradicional de Canarias. En muchas casas de campo aparecen las almenas como un elemento decorativo, además de símbolo de poder y distinción. Es frecuente la portada adintelada con triple almena y una cruz en el centro. También aparecen en algunas de ellas pequeños nichos, sobre el dintel, que contenían imágenes religiosas. La existencia en Portugal de portadas idénticas, hace pensar en una posible influencia de éste país, presente en la colonización de La Palma, sin olvidar su carácter mudéjar.

La portada se incrusta en un muro que circunda parte de la casa, protegiéndola del viento, y que habitualmente da a un patio. Las puertas son de dos hojas con dos aberturas superiores, adornadas con balaustres torneados o planos. También hay portadas sin almenas, y otras, de movido remate, poseen una cruz de madera. Alguna almena, siempre apuntada, se remata con una pequeña bola. En otros casos, las almenas se extienden también por los muros que enmarcan la portada.

Parámentos. Después de la conquista de las islas, las primeras viviendas de los colonizadores europeos se construyeron con muros muy pobres, tierra apisonada o paredes de piedra seca, esquema que persistió en las zonas humildes durante las centurias siguientes. El primer sistema es la tapia, poco empleada en Canarias. Luego, y sobre todo en los núcleos urbanos, se emplea el mampuesto, más perdurable y seguro. Los cimientos eran poco profundos, por lo común de menos de un metro, aunque esto dependía del terreno, lo que se compensaba con una mayor anchura en las paredes.

El mampuesto se presenta a piedra seca, calzado con piedras menudas; en hiladas de piedra sin mortero que las una; o con el sistema más utilizado de mezcla de piedra y barro o cal en menor grado, o arena y cal. Los sillares rara vez forman parte de los muros y, cuando aparecen, su función es menos estructural que decorativa. Su utilización efectiva es mayor reforzando las esquinas. Los huecos que quedaban al finalizar las paredes se rellenaban con ripio. Esta pobreza en los muros se disimulaba con el enjalbegado o terciada con arena, denominada argamasa.

En las zonas rurales se suelen encalar los espacios entre las piedras que quedan al descubierto, aumentando notablemente la riqueza plástica del conjunto. El color blanco de los muros exteriores es una de las constantes más peculiares de las portadas y de la casa canaria. Junto a una motivación de orden estético, coexiste otra funcional relacionada con factores climáticos, ya que la cal refracta el calor y contribuye a crear un ambiente fresco en las viviendas.

En ocasiones se intenta ocultar, todavía más, con adornos en la pared, recuadros, esgrafiados, etc. Los esgrafiados son decoraciones con motivos geométricos. La monotonía del blanco queda compensada con la presencia de sillares en las esquinas -a veces, cubiertas también por cal-, cuyas uniones se resaltan con fajas blancas. En otras, la aparición de la piedra en el marco de vanos y en las jambas, convierte en secundario el resto del paramento y reduce la sencillez de las fachadas anteriores.

Las paredes se alineaban con la llana o iguala, aunque en muchas viviendas aparecen muros con rugosidades, o sobresalen las piedras habitualmente en fachadas laterales que pertenecen a las divisiones de las crujías. Miden tres o cuatro palmos de ancho, de 60 a 80 cm, se realizan hilada por hilada con o sin encofrado, y dejan los huecos de la puerta.

Muy curiosa resulta la utilización de pelo de animales en los muros. Mezclados con el barro, formaban una estructura muy compacta semejante al cañizo, que también aparece como componente de algunos muros que combinan la caña con el pelo.

Escudo
El escudo es un elemento escultórico cuya función se justifica exclusivamente para su colocación en el edificio y las portadas. Aunque tiene una función aparentemente decorativa, también constituye la expresión externa de los logros ennoblecedores de cada familia, es decir, la muestra más clara de su pretendida distinción diferenciadora. Por lo general, contiene varios cuarteles con las diversas alianzas familiares y, en algún caso, cada rama posee su propio escudo, por lo que aparecen dos en la fachada.

Los escudos figuran como un elemento imprescindible. No se encuentra en todas las viviendas o haciendas, ya que no todas las familias podían poseer el blasón de su apellido, dependiendo su concesión de las licencias otorgadas directamente por el Cabildo.

En las portadas de las haciendas de campo, los escudos se colocan en la parte alta y por lo general se realizan en piedra, aunque también es posible encontrar ejemplares más ricos en mármol.

Almenas
El uso de almenas -de origen militar- se generaliza en las casas de campo importantes, así como en las portadas de acceso. Constituyen un signo de grandeza y de separación clasista y simbolizan unas aspiraciones sociales que exigen ser destacadas.

En Canarias se utilizan desde el siglo XVI. Con el paso del tiempo, la almena perdió su sentido simbólico y se convirtió en un elemento convencional, aunque sin que desapareciera su evidente connotación clasista. Como en los escudos, la colocación de almenas en las casas requería de una autorización oficial previa del Cabildo.

Puertas
La puerta, siempre de madera, es un elemento arquitectónico muy mimado. Su emplazamiento, a la vista de los transeúntes, ocasionó que la labra se cuidara en extremo, creando muchas veces auténticas filigranas. Construidos los muros, y dejado el hueco para colocar las puertas, generalmente hechas de pinotea, se forraban sus interiores con tablas, siempre abocinadas para proporcionar más luz, y para evitar que el aire cerrase bruscamente las hojas, así como para permitir un más fácil acceso. Los dos lados se llaman gualderos o singuisarras y la parte superior o dintel, sobre o sobre puertas. El umbral, también chaplón o sardinel, en la parte inferior de la puerta, se presenta cubierto con madera o con una o más losas de piedra.

El sistema de apertura utilizado en las puertas era el de goznes o quicialeras. El gozne, también llamado argollón, macho o bullón, es el madero lateral de las hojas de la puerta, con dos salientes en los extremos. El superior encaja en un hueco circular que se practica en el sobre, y el inferior entra en la quicialera, hecha en metal y clavada en el chaplón.

Las hojas se agarran a los goznes por medio de alguazas, elementos de metal colocados en los dos extremos, o solamente en la parte superior, y bisagras. Las alguazas se representan bellamente decoradas en sus puntas, ya sea con motivos vegetales -caso de la flor de lis- o geométricos, mientras que las adabas o llamadores aparecen forjados de variadas formas.

El cerrojo se coloca casi siempre por fuera y al cerrarse, su brazo encaja en la cerradura o pestillera. Otro tipo a seguir es la tranca o aldabón, barra de hierro o madera que va desde el centro de la puerta al gualdero. Cuando es de hierro recibe también el nombre de cerrojo. Existe otra clase de tranca, exclusivamente de madera, que abarca todo el ancho del vano y encaja en unos rebajes laterales de los gualderos. El fechillo o pasador se emplea en la parte central de la hoja o uniendo a ésta con el sobre y el chaplón. Más común es la taramela, que consiste en un pedazo de madera, de frente curvo, clavado al sobre para que pueda girar y cerrar la puerta en la unión de las dos hojas.

Las puertas, por lo general de dos hojas, se destacan en fachadas con un marco de piedra o madera. El primero, presente en la mayoría de las islas, suele ser adintelado. El marco de madera más frecuente es el bocelado, mientras que en puertas más sencillas, son los mismos bordes de los gualderos y sobre, ocultos bajo el encalado, los que sirven de marco.