domingo, 9 de mayo de 2004

Las casas consistoriales de Fuencaliente

Entre la primera sede municipal, instalada en Los Quemados en 1837 y el edificio actual transcurrieron 108 años

La tradición oral dice que la primera sede del Ayuntamiento de Fuencaliente -constituido, por segregación de Mazo, en 1837- estuvo en una casa de dos pisos situada en el barrio de Los Quemados, edificación que existe en la actualidad. El inmueble era propiedad de la familia Morera, que tuvo un protagonismo relevante en la historia local en la segunda mitad del siglo XIX.

Juan Carlos Díaz Lorenzo (*)
Fuencaliente

Dicha casa la heredó Pedro Morera Leal, quien, a finales de la década de los años veinte del siglo XX la vendió a Demetrio Hernández Hernández. De la escritura otorgada se desprenden una serie de aspectos curiosos que citaremos por su interés.

Reconocidos los otorgantes, el documento, que se refiere a una "suerte de tierra", cifra una superficie de cuatro celemines -es decir, 17 áreas y 49 centiáreas- y "contiene este terreno dentro de sus linderos y medida, casas deterioradas y aljibe y además un alambique de destilar aguardiente que está precintado por el Administrador de Puertos Francos". Con posterioridad, el citado alambique fue propiedad de Manuel Díaz Duque, que lo trasladó a su propiedad en el barrio de Los Canarios.

Demetrio Hernández pagó cuatro mil pesetas por la propiedad, de las que mil pesetas las abonó "antes de ahora" y el resto, en el plazo de un año. La escritura refiere, a continuación, que "los enseres y muebles que contiene la casa, que son dos camas de madera, dos mesas, una pequeña bodega con pipas vacías y con vino, una imagen, un crucifijo, un telar y otras varias cosas quedarán en dicha casa, pero reservado todo a favor del vendedor, el cual tiene un plazo de tres años a contar desde hoy para recogerlas".

Agrega, además, que "existiendo en dicha casa un lagar que tampoco va incluido en la venta, el vendedor, cuando trate de venderlo, sería al propio comprador y por el precio de 400 pesetas. No obstante, el comprador podrá trasladarlo al sitio que tenga por conveniente dentro del mismo pago de Los Quemados y procurando siempre el buen estado de conservación".

En el punto cuarto del documento se dice que "el vendedor conservará el derecho de encerrar mosto en las antedichas cosas por el plazo de tres años a contar también desde hoy y el comprador permitirá el alojamiento por dos o tres días en cada una de las veces que tenga el vendedor que ir a dicho pago dentro del plazo de tres años a contar también de hoy, con derecho el vendedor a usar del agua que necesitare en dicho plazo, así como también a emplearla en fábrica que el vendedor pudiera hacer".

Y advierte, en el punto quinto, que "si dentro de los repetidos tres años el comprador hiciese uso de trasladar el lagar sea adonde fuere, dentro del expresado pago de Los Quemados, tendrá este la obligación de dar al vendedor en dicho sitio el agua necesaria para las operaciones de la pisa y local a propósito para encerrar el mosto cerca de dicho lugar". Los derechos reales del comprador importaron 197,80 pesetas y los del vendedor, 11,33 pesetas.

Traslado a Los Canarios. No obstante, la construcción de una casa consistorial fue uno de los objetivos que se plantearon los sucesivos gobiernos municipales, con mayor o menor fortuna, aunque la falta de recursos económicos demoró su consecución durante bastante tiempo.

Hasta que se pudo disponer de una casa propia, la corporación celebró sus reuniones y sesiones plenarias en casas alquiladas y, según se desprende de los libros de actas, además de la que ocupó en Los Quemados también utilizó otras viviendas en Los Canarios antes de que se pudiera disponer de la nueva casa consistorial, inmueble que existe hoy en día.

La construcción del edificio fue cosa de todos. La corporación, en su reunión del 8 de noviembre de 1874, acordó que "se siga excitando el patriotismo del vecindario y de la comisión vecinal abierta a fin de que en producto se dispongan para ayudar á la fábrica de unas salas capitulares y audiencia del Juzgado municipal, y que siendo un edificio de tanta urgencia se presente el presupuesto de lo que asciende en importe á fin de examinándolo acordar lo que corresponda".

La contribución de los vecinos resultó generosa. Y así se pone de manifiesto en la sesión del 29 de noviembre siguiente:

"El Ayuntamiento quedó satisfactoriamente enterado de que D. Pedro Cabrera Pérez, de esta vecindad, había facilitado al Sr. Alcalde-Presidente la suma de cuarenta y un pesos corrientes, cuatro reales plata, ó sean ciento cincuenta y cinco pesetas sesenta y dos céntimos para la compra de siete docenas de tablas de forro y tres ticeras, destinadas a la fábrica que se proyecta hacer para una Casa Capitular, y sus dependencias, acordando se tenga en cuenta para que se incluya esta suma y más necesaria para otro objeto en el nuevo presupuesto inmediato de 1875 ó 76, satisfaciéndose religiosamente á él referido D. Pedro Cabrera Pérez y dándole gracias por su desinteresado préstamo".

El 18 de abril de 1875, la corporación, con su alcalde Domingo Pérez y Pérez recién elegido, recobró el asunto de la construcción del nuevo Ayuntamiento. En la sesión, el regidor Antonio Pérez Hernández pidió la palabra "para exigir una petición de carácter urgente e interesante para el pueblo", al recordar que la anterior corporación, "con notable patriotismo" había iniciado la fábrica de una sala capitular que "sea propiedad del municipio", como así de una casa-escuela "para colocar la de niños" y en la que se habían hecho algunos trabajos preliminares con un préstamo de los vecinos Pedro Morera Yanes y Pedro Cabrera Pérez, "comprando alguna madera con dicho objeto, que ésta no se sabe dónde para ni quien la tenga, que tiene entendido se halla diseminada y que no se quiere hacer solidario de la responsabilidad que pueda rehacer por dicho abandono y que lo hacía presente en el Ayuntamiento para que resolviese sobre este vital asunto".

En la discusión del asunto intervinieron varios concejales, que señalaron, además, que "la teja que se había comprado para dicha obra pública se hallaba donde mismo la desembarcaron".

El acuerdo adoptado fue el siguiente:

"1.- Exigir al Ayuntamiento saliente entregue bajo inventario la madera comprada con el metálico prestado por D. Pedro Cabrera Pérez y D. Pedro Morera Yanes y que trayendo los vecinos la que tuvieren en su poder, se deposite en la forma debida.

2.- Que por medio de la prestación personal se acarree la teja y se coloque en un punto conveniente y de seguridad.

3.- Que se traslade la piedra de cal que se contrató para las obras y se gestione para que se fabrique dicha cal.

4.- Que se principió desde el día 26 del actual á labrar la piedra que se ha arrancado para poder desocupar el sitio donde se han de cimentar las obras.

5.- Que para todo lo expuesto y lo más conveniente á dichos trabajos nombrar una comisión los cuales exigirán cuentas, llevarán notas de los jornales y activarán el realizamiento patriótico y laudable fin como para el pueblo de dicha obra pública".

El 16 de mayo la corporación municipal decidió la ubicación del nuevo Ayuntamiento, en el que "todos los concurrentes dieron su razonada opinión" y se acordó: "Que no creyendo conveniente se fabrique dicho edificio en el sitio donde se principió a arrancar la piedra por ser muy inmediato a la casa del párroco, se verifique más al naciente, en la explanada que existe por donde cruzan los caminos que van para la Ciudad y para el Valle; que se lleve a efecto el trabajo por jornales o administración utilizándose la prestación personal por ser más conveniente y que para la cantidad que se presupuesta se forme por personas entendidas en carpintería y albañilería al respectivo presupuesto cuyos datos tomará la Comisión de Obras Públicas, y que se lleve a efecto la obra con la urgencia debida".

En la sesión del 12 de septiembre siguiente el alcalde manifestó "la urgencia de concluir la fábrica de la nueva Casa Capitular" y el 31 de octubre del citado año se dispuso que "todas las bestias vayan al Puertito el día 6 del próximo noviembre a dar su prestación acarreándose la piedra de cal que en dicho puerto tiene el ayuntamiento para la fábrica de las nuevas salas capitulares, procediendo el señor alcalde en caso de desobediencia con arreglo a las ordenanzas municipales".

No hemos encontrado en los libros de actas la fecha exacta de la inauguración del nuevo edificio, pero según se desprende por los términos empleados en diversos acuerdos plenarios posteriores en los que se hace alguna breve referencia, parece claro que el nuevo Ayuntamiento ya cumplía en 1876 la función para la que había sido edificado.

El edificio compartía la actividad administrativa del municipio con el juzgado de paz y, además, albergaba la escuela de niños, por lo que pronto se quedó pequeño.

En abril de 1914, la corporación, "considerando lo estrecho del local de las Salas Capitulares en las que debe haber un cuarto separado para audiencia del Juzgado Municipal y la falta de recursos del municipio para acometer la reforma necesaria y ampliación de este salón de sesiones", después de debatir con amplitud la cuestión, acordó por unanimidad que "con auxilio de la prestación personal y producto que den voluntariamente los vecinos por solares sobrantes de la Plaza de la Iglesia que hayan aprovechado y según alcance lo que se reúna sin gravar el presupuesto, se proceda á ensanchar esta Casa Capitular por la parte del naciente".

En junio de 1918 concluyeron los trabajos de ampliación y reforma y "acordose trasladar á la misma el despacho público de este Ayuntamiento y que se proceda al arreglo del cuarto de corrección que está en mal estado, poniéndose además un piso de madera y puerta para el retrete".

El nuevo Ayuntamiento
El hecho de no disponer de un edificio "modesto, pero decente" fue motivo de preocupación, como se pone de manifiesto a comienzos de la década de los cuarenta, cuando el alcalde Gumersindo Curbelo Yanes decía que "varias veces habíamos pasado la vergüenza, ante algunos visitantes, de tener que efectuar nuestras entrevistas y cambios de impresiones en la propia calle, o de pie en la sala estrecha y desamueblada, que teníamos alquilada".

Se propuso, entonces, encontrar una solución inmediata a esta carencia, pese a que el municipio no disponía de medios económicos suficientes y además reconocía que "por nuestros propios esfuerzos sería imposible realizar obra alguna, por pequeña que esta fuera".

El 24 de marzo de 1944, la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Fuencaliente acordó encargar el proyecto de una casa consistorial al arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo. La cosecha de ese año había sido mala y el pleno se dirigió al Subsecretario del Trabajo, Esteban Pérez González, hermano del ministro de La Gobernación, exponiéndole estos extremos y solicitándole ayuda económica para mitigar el paro, indicándole como obra de primera necesidad la construcción de la Casa Ayuntamiento.

Esteban Pérez, que era además presidente de la Junta Interministerial de Obras, contestó el 3 de agosto del citado año enviando una ayuda económica de 100.000 pesetas. El 29 de octubre de ese mismo año dieron comienzo los trabajos que finalizaron en un día señalado para el régimen: 18 de julio de 1945. Con motivo de la visita que hizo a La Palma Esteban Pérez González -que fue nombrado Hijo Adoptivo de Fuencaliente-, el nuevo edificio se inauguró el 12 de agosto siguiente.

El presupuesto de la obra, con solar incluido, ascendió a 125.438,60 pesetas. Enterado el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, de la falta de medios económicos para amueblar modestamente el nuevo edificio, éste hizo una donación de 15.500 pesetas. El edificio, de planta cuadrada, consta de alcaldía, sala de sesiones, secretaría, oficinas generales, juzgado de paz, archivos y servicios higiénicos.

La expresión de júbilo se hizo patente, como se recoge en el libro de actas:

"Hoy, y gracias a la ayuda de estos buenos hijos de La Palma, podemos recibir a nuestros ilustres visitantes en una modesta casa, con el orgullo de todo propietario que ha llegado a adquirir algo que ni remotamente soñaba.

¡Que esta obra no caiga en el vacío nunca, y al igual que las demás realizadas en este pueblo, sirvan de estímulo a sus vecinos y de recuerdo imperecedero para aquellos a quien se les debe".

* Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente.

No hay comentarios: