domingo, 31 de julio de 2005

El tercero de los buques de la serie "pelícano" de Trasmediterránea recibió el nombre de "Santa María de las Nieves"


JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO
SANTA CRUZ DE LA PALMA


A comienzos de la década de los años sesenta, Compañía Trasmediterránea había planificado la progresiva retirada de los correillos negros de los servicios interinsulares de Canarias. Para ello, en abril de 1962 contrató la construcción de tres buques gemelos destinados a las líneas del archipiélago, con entregas previstas entre 1963 y 1964, que serían los primeros barcos nuevos que navegarían en las islas después de algo más de ¡50 años!, desde el primer semestre de 1912.

Por entonces el capitán de navío Leopoldo Boado Endeiza era subsecretario de la Marina Mercante y Compañía Trasmediterránea, accionista y uno de los principales clientes de la cartera de trabajo del astillero Unión Naval de Levante, donde se construyeron los nuevos buques de la denominada serie "pelícano", unos barcos balanceros y de poca máquina que la voz marinera popular bautizó con el mote de los "mariquitas blancos".

Sobre el proyecto eran unidades de 1.200 toneladas brutas, 623 netas y 454 de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 67 metros de eslora total -59,44 entre perpendiculares-, 11 de manga, 5,19 de puntal y 3,17 de calado máximo. Estaban propulsados por dos motores diesel, fabricados bajo licencia por la Maquinista Terrestre y Marítima, en Barcelona, con una potencia de 1.750 caballos y 15,25 nudos de velocidad en pruebas de mar.

Los tres buques recibieron los nombres de Santa María del Pino, Santa María de la Candelaria y Santa María de las Nieves, bautizados así en honor de las patronas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma, respectivamente. Tenían capacidad para 227 pasajeros: 18 en primera clase, 60 en segunda y 135 butacas en tercera clase, en un salón con ventanales por ambas bandas de ingrato recuerdo y otros 14 en el salón del bar, situado debajo del puente.



"Santa María del Pino"
El primer buque de la serie fue el Santa María del Pino, construcción número 84 del citado astillero. El 8 de junio de 1963 se procedió a la botadura y el 22 de agosto siguiente realizó las pruebas de mar, siendo entregado en ese mismo día a sus armadores.

El 27 de septiembre de 1963, al mando del capitán Gonzalo Molina Hernández, llegó a Santa Cruz de Tenerife en su primer viaje. Poco después de su estreno en estas aguas auxilió y remolcó al pesquero Vicentuco, que había quedado a la deriva cuando se dirigía al puerto de Arrecife.

En abril de 1964 sufrió una avería en uno de los motores principales, que lo mantuvo inoperativo hasta el mes de julio. Trasmediterránea pensaba sustituirlo por el vapor Gomera, pero las críticas en los medios informativos locales arreciaron del tal modo que el relevo lo hizo su gemelo Santa María de la Candelaria. En diciembre de ese mismo año hizo viaje al astillero valenciano para realizar reformas en el salón de butacas y en otras dependencias, así como verificar la instalación de las quillas de balance. Los trabajos se prolongaron por espacio de cuatro meses y durante ese tiempo fue sustituido por el vapor Viera y Clavijo.

En junio de 1971 prestó servicio en la línea Ciudadela-Cabrera, en la que se encontraba cuando auxilió al vapor Mallorca, que había embarrancado en la playa de Los Dolores cuando salía de Ibiza en viaje a Palma, en el mismo lugar donde en 1932 había varado el destructor de la Armada española José Luis Díez. El pasaje fue desembarcado y transbordado al buque Santa María del Pino, mientras que el veterano Mallorca fue reflotado con la ayuda del remolcador Sertosa 9, sin que se apreciaran daños importantes.

En febrero de 1980, el consejo de administración de Compañía Trasmediterránea acordó la venta de este buque. La Dirección General de la Marina Mercante lo autorizó el 25 de abril siguiente y, a continuación, el buque Santa María del Pino quedó amarrado en el puerto de Palma de Mallorca a la espera de acontecimientos.

El 8 de julio siguiente se firmó un contrato con el empresario Antonio Triay Llopis, en 15 millones de pesetas, pero el comprador no se hizo cargo del barco en la fecha acordada por lo que el contrato quedó resuelto y se puso de nuevo en venta, siendo adjudicado a Salvamento y Demolición Naval, de Barcelona, en 6.300.000 pesetas y desguazado en Vilanova i Geltrú en diciembre de ese mismo año.



"Santa María de la Candelaria"
El segundo buque de la serie, construcción número 85, realizó las pruebas de mar el 9 de marzo de 1964 y a continuación fue entregado a Compañía Trasmediterránea. El capitán Leopoldo Rojas Mateos fue su primer titular. Debido a la fuerte demanda de pasaje entre Palma y Valencia con motivo de las Fallas, realizó dos viajes extraordinarios en la citada línea y el 1 de abril siguiente se celebró una recepción a bordo en el puerto tinerfeño con motivo de su incorporación a los servicios interinsulares.

El 19 de diciembre de 1964, en viaje de Sebastián de La Gomera a la capital tinerfeña, nació a bordo un niño, cuando el barco navegaba frente a la costa de El Socorro, en Güímar. La madre, acompañada de su esposo y de un médico que había aconsejado su traslado a Santa Cruz de Tenerife, dio a luz con normalidad y el recién nacido recibió el nombre de Juan Bautista del Mar.

El capitán del buque Santa María de la Candelaria contactó a través de la estación radiocostera con la clínica Llabrés y cuando atracó en el muelle Sur había dispuesta una ambulancia para el traslado de la madre y su retoño. La familia Medina Tomé residía en Lomo de San Pedro (Hermigua) y el recién nacido era el cuarto de sus hijos. El médico que atendió a la madre, María Rosa Tomé Cámara, era el doctor Emilio Muñiz.

En julio de 1969 el buque se desplazó al sector de Baleares para cubrir la línea Barcelona-Valencia y con posterioridad volvió en varias ocasiones a Canarias. El 23 de febrero de 1974 varó en el bajo de El Guincho, próximo a Playa de las Américas, cuando cubría la línea San Sebastián de La Gomera-Los Cristianos. En su auxilio acudió el remolcador Punta Anaga -capitán, José Bastida-, que pudo reflotarlo y lo remolcó a NUVASA donde reparó las averías. Durante este tiempo, la incidencia fue cubierta por el buque Santa María de las Nieves.

En 1975, tras la incorporación de los buques Ciudad de La Laguna y Villa de Agaete, y después de haberse cancelado otros proyectos de comunicaciones interinsulares tanto en Baleares como en Canarias, Trasmediterránea decidió, en octubre de 1980, la venta de este buque, para lo que solicitó la autorización de la Dirección General de la Marina, que contestó el 5 de enero de 1981 y se renovó sucesivamente el 29 de julio de 1981 y el 11 de marzo de 1982.

Se recibieron ofertas de Naviera Subirats y del empresario Santiago Colombás. La primera se interesó por los buques Santa María de la Candelaria y Santa María de las Nieves y el segundo, por uno u otro. Al final no hubo acuerdo y el 10 de mayo de 1982 se acordó la venta del buque a Demolición Naval e Industrial para desguace, en 3.600.000 pesetas, con entrega en el puerto de Palma de Mallorca, donde se encontraba desde hacía varias semanas, siendo posteriormente remolcado a Vilanova i Geltrú, donde se le corrió soplete.



"Santa María de las Nieves"
La construcción número 87 del astillero valenciano resbaló por la grada el 7 de marzo de 1964. El 16 de octubre de ese mismo año realizó las pruebas de mar y a continuación se procedió a su entrega a Compañía Trasmediterránea. Entre las autoridades presentes se encontraba el alcalde de Santa Cruz de La Palma, Gabriel Duque Acosta, que obsequió una imagen de la Nuestra Señora de las Nieves al capitán Antonio Botella Gozalvo, para su colocación en la cámara del buque.

Recién entregado efectuó dos viajes en la línea Valencia-Palma de Mallorca y el 25 de octubre fue despachado para Las Palmas de Gran Canaria, vía Cádiz. El 1 de noviembre arribó en su primera escala al puerto de Santa Cruz de Tenerife y a continuación hizo viaje a La Gomera y El Hierro, a donde llegó el día siguiente. El nuevo buque relevaba al vapor Viera y Clavijo, que pasó a cubrir la línea del Sahara.

El 5 de noviembre hizo su primera escala en el puerto de Santa Cruz de La Palma. El presidente del Cabildo Insular de La Palma, Manuel Pérez Acosta, obsequió al capitán con un óleo de la Caldera de Taburiente, obra del afamado artista palmero Francisco Concepción.

En noviembre de 1968 fue destinado al sector de Baleares para cubrir la línea Ciudadela-Cabrera, en sustitución del veterano Ciudad de Algeciras. Posteriormente volvió de nuevo a Canarias, donde se encontraba el 24 de julio de 1973, en viaje por la costa sur de Tenerife y auxilió al yate Tigris que amenazaba con hundirse.

Cinco años después, cuando se había dispuesto su retorno a Baleares, el buque Santa María de las Nieves registró el percance más importante de su vida marinera, cuando navegaba de Tenerife a Palma de Mallorca y el 12 de marzo de 1978 embarrancó en las proximidades de Cabo Espartel.

Ponerlo de nuevo a flote resultó una tarea ardua, ya que había varado en un banco de arena y en las horas de bajamar no podían acercarse los remolcadores que trataban de auxiliarlo. Al final se consiguió después de varios días de trabajos, siendo remolcado a Cádiz donde entró en dique seco para reparar los desgarres que había sufrido el casco. En agosto del citado año se incorporó a las líneas Palma-Mahón y Palma-Ibiza.

En octubre de 1980, el consejo de administración de Compañía Trasmediterránea acordó la venta de este buque, para lo cual solicitó autorización a la Dirección General de la Marina Mercante, que fue concedida en enero de 1981.

Se recibieron varias ofertas, entre ellas una de Naviera Subirats, de Palma de Mallorca, que se interesó por la compra de este buque y de su gemelo Santa María de la Candelaria, ofertando 17,5 millones de pesetas por ambas unidades, con entrega en un astillero sin carga adicional por parte del comprador. Asimismo, el empresario Santiago Colombás Llul ofreció 15,5 millones para convertirlo en sala de juego, pero ninguna de estas ofertas prosperaron.

El 3 de febrero de 1982 se firmó en Madrid un acuerdo con la compañía Globe Lines Overseas Ltd., de Jersey, para la venta del buque en 300.000 dólares, siendo exportado a Sudáfrica. Desde hacía varios meses se encontraba amarrado en Palma de Mallorca en espera de acontecimientos, siendo entregado a sus compradores en Barcelona y rebautizado Royal Zulú, con matrícula de Durban y contraseña de Lloyd’s Coast Lines.

El 20 de febrero de ese mismo año arribó al puerto de Las Palmas cuando iba en viaje a Ciudad del Cabo, al mando del capitán A.M. Kennedy, de nacionalidad inglesa, con una tripulación de 17 hombres, para suministrarse 80 toneladas de gasoil y 3.000 litros de aceites lubricantes.

En octubre de 1992 fue desguazado en Durban, a cargo del chatarrero Nathan Scrap. Entonces figuraba en el Lloyd’s como propiedad de C.H. Bailey plc y abanderado en Islas Caymán.



Los dos últimos
En abril de 1963 Trasmediterránea contrató otros dos buques de la serie "pelícano", que presentaban algunas diferencias en relación con los tres anteriores. Con algo más de potencia de motores -2.000 caballos- la línea exterior, a diferencia de una chimenea mástil popel, era muy parecida. El salón de butacas de tercera clase se había suprimido, tenían aire acondicionado, circuito cerrado de televisión y la grúa de la bodega de proa se había sustituido por dos puntales más útiles. Las prisas en entregarlos hicieron que vinieran sin estabilizadores.

Recibieron los nombres de Santa María de la Caridad y Santa María de Paz y entraron en servicio en marzo y julio de 1967. Estos buques, pese a las mejoras que incorporaban, fueron duramente contestados por la opinión pública y los medios informativos. El proyecto defendido por el subsecretario de la Marina Mercante, de que eran "idóneos" para los servicios de Canarias, encontró escaso eco.

En enero de 1984, ambos buques, así como el ferry Isla de Menorca, se vendieron al grupo griego Pyrgi Chios Shipping. El primero, rebautizado Irene y con pabellón hondureño, pasó a llamarse Cyprus Express en 1985 y ese mismo año fue rebautizado María I, con bandera chipriota. En 1987, con el nuevo nombre de Estrela do Mar, enarboló la contraseña de Irene Marine Co. Ltd. En 1999 pasó a la propiedad de la compañía filipina Coco Explorer Inc., siendo rebautizado Coco Explorer 1, situación que mantiene en 2005, según datos del Lloyd’s Register.

Por lo que se refiere al buque Santa María de la Paz se rebautizó María abanderado en Honduras. En 1985 se vendió a la naviera China Ocean Shipping Co. (COSCO), siendo matriculado en Guanzhou-Canton con el nuevo nombre de Dong Hu.

domingo, 24 de julio de 2005

A los pies de la Patrona palmera

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Santa Cuz de La Palma


En algo más de quinientos años de historia, La Palma, isla de larga y arraigada tradición marinera, tiene el principal punto convergente de la fe y la devoción de su pueblo en la venerada imagen de Nuestra Señora de las Nieves, cuya advocación siempre ha estado presente en el mundo de la marinería.

"Señores, recemos y digamos que buen viaje hagamos; una salve a la Virgen de Las Nieves, abogación de esta embarcación: el Señor nos dé buen viaje y buen tiempo y nos lleve a puerto de salvamento". Con esta oración se hacían a la mar los barcos que en los lejanos tiempos del Imperio, y en centurias posteriores, la suave limosna de la brisa les permitía cruzar el Atlántico a merced de las olas y las corrientes, teniendo siempre presente que, cuando estuvieran de retorno, había pendiente una visita de agradecimiento al templo donde habita la Patrona palmera.

De la tradición marinera de La Palma y su relación con la venerada imagen existe constancia plena. En las paredes del Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves cuelgan siete magníficos exvotos marineros -otros cuatro se encuentran en la ermita de El Planto, uno en la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, también llamada de San Telmo y el último en la iglesia de Santo Domingo- en muestra de agradecimiento por los beneficios recibidos, "y son un vivo exponente de la fe y agradecimiento de aquellos hombres por el favor recibido", escribía Alberto José Fernández García.

Desde que comenzó la tradición marinera de La Palma, era costumbre que los veleros llevaran a bordo imágenes religiosas y en el caso de los barcos de la isla, una de Nuestra Señora de las Nieves, que siempre se situaba en lugar decoroso. A Ella los marineros le rezaban, agradecían y suplicaban, en cualquier momento y circunstancia, como bien escribe Armando Yanes en su libro Cosas viejas de la mar:

"Todos estos barcos llevaban en su cámara una imagen de la Virgen de Las Nieves, a la que imploraban y se encomendaban con fervorosa oración en momentos de peligro, diciendo: Madre mía de las Nieves, ayúdanos. Todavía recuerdo perfectamente oírles decir a algunos que, cuando en noches cerradas en plena y dura tempestad se les mandaba subir para ejecutar cualquier maniobra, el poner los pies sobre la regala y agarrar la jarcia para coger los flechastes, era lo primero que decían: ¡Madre mía de las Nieves, ayúdanos!. Y seguidamente trepaban obenques arriba con gran decisión, y esto, decían, les daba ánimos y alientos para luchar allá arriba, a veces en lo alto de la jarcia, ejecutando ciegamente las órdenes que les había mandado su capitán".

Y cuando estaban de vuelta en la isla, rápidamente acudían al santuario a postrarse a los pies de la Patrona, expresándole su agradecimiento por el feliz regreso, teniendo la costumbre, si el viaje había sido malo y les había alcanzado alguna tempestad, llevarle botijas de aceite para el uso de la lámpara y haciendo promesas, entre ellas la de ir caminando unos desde el muelle, con el torso desnudo; otros sin hablar hasta llegar al santuario, y otros descalzos, la mayoría, dando así cumplimiento de lo que habían prometido.

Nuestra Señora de las Nieves fue la principal devoción que acompañó a la marinería y a los paisanos emigrantes en su camino a las Américas. Su culto está especialmente vinculado a los palmeros de ultramar, de modo que en los libros de fábrica de la ermita se encuentran abundantes referencias a las dádivas y regalos hechos por los indianos en gratitud a la Patrona por los favores recibidos, algunos de ellos de especial hondura espiritual.

De esta manera, el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves figura entre los primeros templos de Canarias en cuanto a platería americana, de una calidad y riqueza poco comunes. En el siglo XVIII, Viera y Clavijo estimaba que la plata y las joyas de la Virgen ascendían a más de 20.000 pesos; cantidad que se iba incrementando continuamente con las donaciones de los emigrantes palmeros, agradeciéndole a la Patrona, de este modo, primero, su buena travesía y, después, su buena fortuna en la otra orilla del Atlántico. Esta costumbre, arraigada en el sentimiento de tantos y tantos palmeros creyentes y de buen corazón, se ha mantenido en el transcurso del tiempo y, entre otros, quienes en años idos para siempre fueron emigrantes en Cuba y después en Venezuela.

Era costumbre frecuente que los navíos que hacían la carrera de Indias llevaran una alcancía a nombre de Nuestra Señora de las Nieves, para recibir las limosnas y donativos. Lo explica el profesor Pérez Morera, cuando cita que "las cuentas de 1706 mencionan los 1.488 reales recaudados ’en las alcansías que a repartido el mayordomo en los nauios de Indias’ y las de 1672 los 10 reales del ’costo de seys alcansias de oja de lata que se hisieron para repartir en vajelez para la limosna’".

El magnífico tesoro que constituye el joyero de la Nuestra Señora de las Nieves está compuesto, en una gran mayoría, por regalos de indianos. A finales del XVII -señala el citado investigador palmero- existían en América dos apoderados del santuario, uno en la capital peruana, Lima y otro en la capital cubana, La Habana, nombrados en 1694 por su mayordomo con el objeto de recibir los legados hechos a la Patrona de La Palma en "rrealez, oro, plata, perlas, joyas, prendas y otras cualesquiera alajas de los géneros referidos, ornamentos, bestidos… así en el dicho reyno del Pirud como en otras cualesquiera partes…".

El viajero inglés Charles Edwardes, que visitó La Palma en 1887, escribe de su visita a la ermita de Las Nieves, que "es también en esta famosa capilla donde los hombres de la mar hacen sus promesas antes de embarcarse para La Habana. De sus paredes cuelgan viejas pinturas grotescas que representan milagros obrados en la mar por la Virgen misericordiosa. En 1704, por ejemplo, el capitán de una bricbarca canaria, enfrentada a un barco pirata turco, invocó a la Virgen de Las Nieves con tal éxito que durante tres horas que duró la lucha no cayó un solo español, aunque sí numerosos turcos".


Las plagas

Como hemos manifestado en anteriores crónicas, la venerada imagen de Nuestra Señora de Las Nieves ha sido trasladada en rogativas a la capital palmera fuera de los años lustrales de su Bajada. El motivo siempre ha sido el mismo: pedirle su intercesión ante las furias desatadas de la naturaleza, tanto en sequías prolongadas como en erupciones volcánicas, incendios, enfermedades...

En palabras del siempre bien recordado investigador Alberto José Fernández García, "Ella es el inmenso refugio espiritual de todos los palmeros, y a Ella recurrimos cuando los titánicos fuegos volcánicos estremecen nuestro suelo, cuando las cosechas se pierden por falta de agua, cuando los grandes incendios azotan nuestros montes o nuestras casas, cuando la enfermedad se apodera de nuestra pobre naturaleza, y en tantos, tantos momentos de nuestra existencia".

Relacionada con la sequía prolongada encontramos la rogativa de finales de marzo de 1639, en que permaneció en El Salvador durante nueve días, repitiendo la estancia en 1631, 1632 y 1676 por el mismo motivo, implorando los sufridos palmeros la llegada del agua tan necesaria.

Precisamente, en este último año, y "hallándose pues este prelado, D. Bartolomé García Jiménez, Obispo de Canarias en esta Isla... y viendo la gran falta de lluvias que había entonces, informado de la gran devoción que estos naturales tenían a la Virgen de Las Nieves, dispuso se trajese a esta ciudad de Santa Cruz de La Palma, con motivo de esta calamidad y se celebrase aquel año, la octava de Candelaria con dicha santa imagen. (...) Y viendo la decencia del acto y la veneración con que se celebró dicha octava, juzgó sería conveniente que dicha santa imagen se trajese cada cinco años a esta iglesia parroquial de la Ciudad ..."

Ante las calamidades, los caminos de La Palma se llenaron de peregrinos que acudían al Santuario para pedir la intercesión de la Virgen. Entre los hechos relacionados con la langosta encontramos el acontecido el 16 de octubre de 1659, en que la plaga entró y "llenó toda la isla y comió la corteza de todos los árboles y destruyó todos los pastos, con que murió mucho ganado mayor y menor y muchas cabalgaduras, yeguas y jumentos y destruyó muchas sementeras y algunas volvieron a reventar y las que comió tres veces no volvieron".

Los cronistas atestiguan cómo se hicieron numerosos sufragios, procesiones y sermones. Se llevaron procesionalmente a la capital palmera las imágenes de Nuestra Señora de La Piedad y el apóstol San Andrés, a San Juan de Puntallana, al Santo Cristo del Planto y, finalmente, a Nuestra Señora de Las Nieves. "Fue nuestro Señor servido, por mediación de la Virgen, que no durase esta langosta más que hasta marzo de dho. año".

En el transcurso del tiempo se produjeron otras ocasiones significativas, siempre relacionadas con prodigios y milagros atribuidos a la Virgen, como bien reflejan los testimonios de los cronistas de la época, siendo de destacar la presencia excepcional de la Patrona, entre otras desdichas, en enero de 1768 por una epidemia catarral y en junio de 1852, por haberse librado del cólera morbo.

En relación con la epidemia de 1768, se acudió a Nuestra Señora de Las Nieves implorando el remedio de la enfermedad que diezmaba la población palmera. Pérez Morera recoge en su trabajo sobre la Bajada de 1765 una relación sobre la terrible enfermedad que asoló a la Isla. Del Libro de Acaecimientos, formado por el vicario Felipe Alfaro en 1767 y depositado en el Archivo Parroquial de El Salvador, extraemos el siguiente párrafo:

"Aviendose señalado por su merced el dia siete de marzo para el último tramo de la Procesión de allí llevar a Nuestra Señora a su propia Parroquia compuestos todos los caminos y aseandose todas las calles por donde debía transitar no se pudo conseguir hasta el día diez por las continuas lluvias que hubo en estos días (…) quedando todos los moradores desta ciudad e Ysla mui contentos y alegres por aver conseguido de dios mediante la intercesión de la Santísima Virgen María ubiesse cesado a sus primeros ruegos la cruel enfermedad que tantos estragos hasía y llovido con mansedumbre tanto que se puede decir se repitió en esta ysla el milagro que en tiempo del Señor San Gregorio aconteció en Roma …"

Otro suceso célebre fue el ocurrido el 6 de abril de 1750, fecha en la que la sagrada imagen se encontraba en el Convento de las Monjas Claras, hoy Hospital de Dolores, donde está entronizada "la preciosa imagen de la olvidada patrona" de la ciudad, Santa Águeda, como bien apunta José Guillermo Rodríguez Escudero. Previamente se había señalado este día para hacer las rogativas por el hambre y la falta de lluvias que se padecía en toda la Isla. Entonces comenzó a llover copiosamente y llegó a la bahía de la ciudad un barco cargado de trigo, con gran regocijo del pueblo palmero, que atribuyó todo esto a un milagro de Nuestra Señora.

El 7 de mayo de 1770 se había fijado el día para que la Virgen regresase a su templo de la montaña, después de la Bajada de aquel año. El día anterior había venido la imagen del patriarca San José desde su ermita capitalina hasta El Salvador para despedirse de la Patrona palmera.

Cuentan los cronistas de la época que la noche estaba muy serena con algunas señales de viento de levante, como lo demostraba un círculo o cerco que poseía la luna "y viento al Oeste, sin truenos, tempestad ni otra novedad que unos chubascos o lluvia muy quieta, después de medianoche". Lo sorprendente es que, amaneció toda la cumbre cubierta de nieve, "hasta el lomo que se llama de las Nieves, por estar a su falda la Iglesia de Nuestra Señora".

Este hecho sobrenatural, por haber ocurrido en tiempo tan avanzado de primavera, "y no haberlo visto los nacidos en unas circunstancias como las presentes de terror en que se hallaban las gentes sencillas, que oprimía los ánimos de todos, llenó de mayor consuelo los corazones, alabando las divinas piedades de la Madre de la Misericordia, que nos puso el signo de su benignidad a la vista para que no desfalleciesen, comprobó con esto el milagro de haber suspendido el castigo del fuego que nos amenazó consumir y asegurarnos con la nieve su protección, el día amaneció claro y despierto el sol, con singular gozo de las almas devotas".

domingo, 17 de julio de 2005

El arraigo de una devoción mariana

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Santa Cruz de La Palma


Desde hace algo más de cinco siglos, la venerada imagen de Nuestra Señora de las Nieves es un hecho consustancial en la vida religiosa del pueblo palmero. Con la nuestra, suman ya más de cuarenta las generaciones que la admiran en su trono. En torno a su presencia se han tejido muchas historias e incluso algunas leyendas que se pierden en la noche de los tiempos.

"La majestad icónica y la concentración espiritual que emana de su rostro, esquemáticamente idealizado, refleja lo eterno y sobrenatural. Tal vez a ello -en palabras del profesor palmero Pérez Morera- se debe la poderosa atracción que ejerce sobre quien lo contempla y la devoción despertada a través de los siglos. Ante sus ojos, ’rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes’, como señala fray Diego Henríquez, quedaba el pueblo hipnotizado".

La Patrona amada, que vuelve hoy a recorrer las calles de la ciudad de Santa Cruz de La Palma, con ocasión de la primera Bajada del siglo XXI, se convierte en el denominador común que es capaz de aunar a todos los estratos sociales de la isla, y su Real Santuario ostenta, con legítimo orgullo, el protagonismo del principal centro de la devoción mariana en La Palma.

A mediados del siglo XVII las casas destinadas al alojamiento de los romeros en los aledaños de la ermita habían quedado pequeñas para albergar la llegada de gentes de toda la isla, "por ser esta Santa Imagen el amparo de toda esta isla y de sus moradores y las continuas obras milagrosas que hace Dios Nuestro Señor por su intercesión".

Desde el año de gracia de 1681, un año después de la primera Bajada del ciclo lustral instituida por el obispo García Jiménez, el licenciado Juan Pinto de Guisla cita que "su ermita era el primero y principal santuario de esta ysla, que la tiene por patrona y en las necesidades más urgentes, así publicas como particulares, se recurre a él por el remedio y quando instan las públicas se llevan a la santa ymagen a la ciudad, donde se le da muy decente culto, recibiéndola con la mayor autoridad y devoción que se puede".

La especial devoción que el pueblo palmero siente por Nuestra Señora de las Nieves ha sido invocada en toda clase de conflictos, motivado tanto por erupciones volcánicas, como por la sequía, inundaciones, plagas de langosta, epidemias y correrías. En ocasiones especiales, la sagrada imagen ha recorrido incluso toda la Isla.

El franciscano fray Diego Henríquez, en 1714, después de relatar los milagros de Nuestra Señora de las Nieves, recuerda cómo "las otras maravillas y beneficio desta prodigiosa imagen, los tullidos, baldados y las otras enfermedades que ha sanado; los despeñados y naufragios de que ha librado; los conflictos y necesidades que ha remediado a los que han implorado su favor y auxilio, las dicen más bien las muletas, pedaços de maromas, cuerdas, pinturas y demás instrumentos que en su iglesia se miran para eterna memoria colocados en las paredes, sin los muchos que se quedan en el olvido sepultados".

El relato de Viera y Clavijo, fechado en 1776, dice que "de la cueva en que se recogió toda una procesión de trescientas personas, no siendo capaz de contener cincuenta; la lámpara que, en una penuria de aceite, ardió incesantemente y aún rebosó; la nieve que cubrió el volcán de Tigalate en 1646; el otro volcán de 1711 que, a vista de la imagen, se extinguió; y, finalmente, el incendio de la ciudad, el 25 de abril de 1770, que habiendo empezado al tiempo que se retiraba la procesión a su santuario y llevando catorce casas consumidas, se fue apagando desde que retrocedió con la imagen el devoto pueblo".

En la Pandecta del obispo fray Joaquín de Herrera, en 1782, se determinaba que si "aconteciere que la bajada de esta milagrosa Ymagen fuere en rogativa, se hará la señal como tal, sin repiques y viniendo procesionalmente, con la letanía de los santos, llegando al Puente inmediato a la Parroquia, sesarán las rogativas (y) se entonará el Te Deum, entrando en la Iglesia con repique y colocada en su trono la Señora, se hará la rogación".

Esos mismos prodigios fueron relatados por René Verneau tras su estancia en La Palma, donde informa, además, que "a una corta distancia se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. Se dice que ya existía en este lugar una pequeña iglesia antes de que la conquista de la isla fuese terminada. Hoy, gracias a la generosidad de los fieles, la estatua tiene un templo más decente y está cubierta de joyas de un valor aproximado a 10.000 francos. De esta manera, Ella no se ha mostrado ingrata y ha pagado con milagros las privaciones que se han impuesto sus adoradores…".

En la prosa de Gabriel Duque Acosta, pregonero de la Bajada de 1970, "Santa Cruz de La Palma ha sentido en sus nobles piedras el aire decantador de los tiempos. Sabe de ataques piratas, de lances de capa y espada, de aventuras gentiles que estrellaron los susurros en las cerradas celosías. Sabe de una Religión que aquí sentó sus raíces y floreció en la América, luminosa y legendaria. Sabe de aventureros y de santos, de poetas y marinos. Allá arriba en el Monte al que da nevado nombre una Señora descansan los sueños consumados, anhelos florecidos, canciones plenas y oraciones que han encontrado puerto y destino en el regazo de la Virgen. A Ella se han dirigido por los siglos y los siglos los que sufrían en el dolor de las horas vacías; a Ella han invocado el náufrago de Campeche y el miliciano aguerrido; nuestras madres y las madres de nuestras madres. Siempre fueron escuchados. Su llamada halló respuesta en el milagro o en el consuelo; en la alegría o en la resignación que es el más humano y dignificante prodigio…"

"Y en una mañana rubia de sol -escribe Julio M. Marante Díaz, pregonero de la Bajada de 2005-, dejará el templo de La Encarnación y tronarán los cañones... dialogarán el Castillo y La Nave... y Santa María de Las Nieves en loor de multitudes, estrella en medio de una constelación cívica que se mueve lentamente, llegará hasta El Salvador, a través del brujo encanto de unas calles de leyenda, guiada por un repicar incesante de campanas, que agitará las almas de todos los palmeros congregados y de los forasteros también... Luego, otra vez el rito: cada día se izará la bandera en el castillo de la Encarnación y se oirá el cañonazo que proclama su presencia... y esa salva se volverá a escuchar cada tarde cuando arríen su bandera. Y así, con el homenaje, que durará hasta su retorno al Santuario del monte el 5 de agosto, viviremos momentos de plegarias y promesas, de votos y de ansias en el trance de la fiesta".



La Virgen y los volcanes
En el año de gracia de 1646, La Palma vivió la sobrecogedora experiencia de un nuevo volcán. Núñez de la Peña refiere que habiéndose llevado con este motivo la imagen de Nuestra Señora de las Nieves en rogativa desde su santuario hasta la iglesia de El Salvador, amaneció al día siguiente la cima cubierta de nieve y se extinguió la actividad eruptiva.

"En el año de 1646, por el mes de noviembre, rebentó un bolcán en la isla de La Palma, con tan grandes terremotos, temblores de tierra y truenos, que se oyeron en todas las islas: despedía de sí un arroyo de fuego y açufre, que salió al mar. Los vezinos de la ciudad truxeron a ella en procesión a Nuestra Señora de Las Nieves; imagen muy milagrosa; y al otro día, caso admirable, amaneció el bolcán cubierto de nieve, con que cesó, auviendo durado algunos días".

"Duró este bolcán con sus arroyos, temblores y ruidos hasta el 21 de diciembre; y fue cosa pública y notoria que la Gloriosísima Señora de las Nieves, Nuestra Señora, con su rocío favorable, nevó en el volcán; y en esta isla hubo un rocío pequeño, que tanto como esto puede la Reina de los Ángeles Nuestra Señora con su benditísimo hijo Nuestro Redentor Jesucristo. En esta ocasión estaban todos los vecinos tan devotos y frecuentadores de los templos, que no salían de ellos".

Nuestra Señora de las Nieves permaneció en el templo de El Salvador desde el 22 de junio de 1646 hasta el 9 de enero de 1647, en la que posiblemente haya sido una de sus estadías más largas en la ciudad capital. La cera que se gastó durante todo ese templo se elevó a 50 reales, cantidad que fue abonada por el doctor Francisco Fernández Franco, racionero de la Catedral.

Las erupciones volcánicas y la venerada imagen de Nuestra Señora de las Nieves sostienen una estrecha relación histórica, social, cultural y espiritual. José Guillermo Rodríguez Escudero, en uno de sus interesantes trabajos, señala que en recuerdo de estos prodigios existen dos cuadros en el Real Santuario, en los que su autor quiso parangonar los dos hechos milagrosos de la nieve de Nuestra Señora: el del Monte Esquilino de Roma y el del volcán de La Palma.

En los cuadros citados aparecen las siguientes inscripciones: "Refugium Pecatorum. / Venció al tiempo tu clemencia / y para refugio nuestro / delineaste con tu Nieve / en el Esquilino un templo"; "Consolactrix Aflictorum / a tu presencia nevado / el Mongibelo palmense / zelos le dio al Esquilino, / nuevas glorias a Tu Nieve".

El visitador general Juan Pinto de Guisla, testigo presencial de la erupción del volcán de San Antonio, ocurrida en 1677, rememora, refiriéndose al volcán de 1646, que el 18 de diciembre del citado año, día de la Expectación de la Virgen, "amaneció de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Nuestra Señora de Las Nieves, cuya santa imagen se venera como Patrona de esta isla y a cuyo patrocinio se recurre en sus mayores aflicciones y necesidades".

"Esta el volcán en su fuerza sin disminución -señala en su relato-, y de todas las bocas que abrieron sólo permanecen la principal de sobre la montaña, por donde salen llamas, humo, piedras y arena, y las tres que están a la subida, que son las que brotan la materia fluida que ha cubierto y cerrado las demás bocas corriendo sobre ellas continuamente, los temblores de tierra y con ello las tribulaciones de los habitadores de esta isla que con continuas súplicas, imploran la Piedad Divina por medio de María Santísima Nuestra Señora, cuya Santa Imagen de las Nieves queda en esta ciudad en el convento de las Religiosas Claras, en donde se volverá a la parroquia continuándose las rogativas hasta que Nuestro Señor se acuerde de usar con nosotros su misericordia, librándonos de esta tribulación".

En octubre de 1712, el volcán de El Charco sembró de nuevo la inquietud entre los habitantes de La Palma, afectando especialmente a la comarca del sur de la isla, y de nuevo se imploró la protección de Nuestra Señora de las Nieves.

Habrían de pasar más de doscientos treinta años para que se registrara una nueva erupción en La Palma. En 1949, el volcán de San Juan fue motivo, una vez más, para que el pueblo palmero acudiera a Nuestra Señora de las Nieves en busca de auxilio ante las furias desatadas de la Naturaleza o, como decía DIARIO DE AVISOS, "para por su mediación pedir al Todopoderoso apagar las iras del volcán".

El 24 de julio, que fue domingo, la Patrona palmera salió a las siete y media de la mañana en procesión desde su santuario del monte camino de la villa de Breña Alta. Al llegar a la ermita de La Concepción se ofició una misa y a continuación prosiguió la comitiva hasta la parroquia de San Pedro, donde, antes de entrar, la venerada imagen dio vista al volcán y se ofició de nuevo la liturgia.

Al día siguiente, a las cuatro de la tarde, la comitiva salió de la parroquia, desde la que se distinguían las luminarias del volcán en la cumbre, hasta la iglesia matriz de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma "seguida de una multitud inmensa, uniéndose a la suntuosa manifestación de los numerosos vecinos del trayecto que querían unir sus preces".

La comitiva estaba presidida por los alcaldes de Breña Alta, Martín Cabrera Monterrey y de Santa Cruz de La Palma, Rafael Álvarez Melo, así como el clero de las dos parroquias y el arcipreste del distrito, Luis van de Walle Carballo. A las nueve de la noche, Nuestra Señora de las Nieves entró triunfal en la iglesia de El Salvador, donde fue recibida en medio de un gran fervor, y a continuación se oficiaron solemnes cultos, iniciándose un novenario de rogativa.

"Los fieles de La Palma -dice DIARIO DE AVISOS- se aprestan a asistir devotamente a estos piadosos actos para, por mediación de la Santísima Madre, impetar del altísimo que apague la gran hoguera en que hoy arden las tierras de La Palma, sumiendo en el dolor y la miseria a numerosos vecinos hermanos nuestros".

El 26 de julio, al día siguiente de encontrarse Nuestra Señora de las Nieves en la capital palmera, la actividad del volcán decreció considerablemente. En los días posteriores, y a excepción del 30 de julio, en que se produjo el derrame de lava por el barranco de La Jurada, la erupción cesó en su furia. ¿Milagro? La devoción de la isla así lo creyó.

domingo, 10 de julio de 2005

Cita lustral en el puerto palmero

Juan Carlos Díaz Lorenzo
Santa Cruz de La Palma


Las Fiestas Lustrales de Nuestra Señora de las Nieves representan el punto de encuentro para los palmeros en la diáspora. Desde finales del siglo XIX, en que se regularizaron las escalas de los barcos de la emigración en el puerto de Santa Cruz de La Palma, unos pocos indianos acaudalados y otros menos favorecidos hacían coincidir sus viajes de retorno coincidiendo con la celebración de la Bajada. Entre los primeros los había que después regresaban de nuevo a sus posesiones en la isla de Cuba y entre los segundos, en más de una ocasión se repitió la experiencia, empujados por las dificultades económicas y el indudable atractivo que ejercía la Perla de las Antillas.

Como es sabido este flujo de personas se mantuvo hasta la decadencia de la emigración a Cuba y el cierre definitivo de la línea de las Antillas, que facilitaba el traslado de la corriente migratoria de una orilla a la otra del Atlántico, utilizando para ello también las líneas que hacían escala en los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas.

A La Palma, entonces, se llegaba por mar. Y por mar llegaron también los paisanos que vivían en otras islas o en las plazas africanas, a bordo de los históricos correíllos negros o en los barcos del cabotaje; y a partir de finales de los años veinte, los que residían en Madrid o en cualquier otra ciudad peninsular, llegaban a la isla en los barcos de Trasmediterránea y en las motonaves de Líneas Pinillos, logrando así el retorno a la isla por unos días para ver a sus seres queridos y disfrutar de las fiestas en honor de la Patrona amada.

Con el paso del tiempo, las mejoras experimentadas en el transporte marítimo contribuyeron, sin duda, a una mayor afluencia de paisanos y de público en general, a pesar de las limitaciones hoteleras que entonces tenía la isla, con una escasa oferta, organizando sus desplazamientos para venir a La Palma en una fecha tan señalada.

En Venezuela había palmeros desde finales de los años cuarenta. La mayoría eran paisanos que habían llegado al país en los veleros clandestinos y en las líneas regulares, y cuando abrió sus puertas la emigración legal, merced a los acuerdos bilaterales suscritos entre los gobiernos de Franco y Delgado Chalbaud y Pérez Jiménez, comenzó el éxodo de miles de paisanos que cruzaron el Atlántico a bordo de los trasatlánticos, en su mayoría de nacionalidad portuguesa, panameña, italiana y española.

El camino de ida de la diáspora palmera a América se convirtió también en camino de vuelta. Por espacio de cuatro lustros, entre 1955 y 1970, y con motivo de la Bajada de la Virgen de Nuestra Señora de las Nieves, el puerto de Santa Cruz de La Palma acogió la presencia excepcional de seis trasatlánticos de la emigración que venían en viaje directo desde La Guaira. En algunos casos, especialmente en la Bajada de 1965, en que arribaron nada menos que tres barcos, el esfuerzo era el resultado de dos agencias de viajes radicadas en Caracas y propiedad de palmeros: Viajes Sport y Viajes El Teide, con sede en Quinta Crespo y en la Avenida Baralt, respectivamente.

Venezuela vivía entonces una época dorada. El bolívar se cotizaba alto y las remesas de dinero enviadas por los emigrantes que trabajaban de sol a sol en la otra orilla contribuían generosamente al sustento de sus familias y, en definitiva, al desarrollo de La Palma y de Canarias.

La bonanza económica, social y política permitía emprender con holgura el largo viaje de ida y vuelta y afrontar con comodidad la estancia en la isla. La llegada de los indianos, que la voz popular también llamaba "los venezolanos", aún siendo paisanos, era un llamativo signo de atracción en todos los pueblos de la isla, pues algunos, incluso, traían sus propios coches, unos modelos americanos -Chevrolet, Buick, Ford...- entonces prácticamente desconocidos en las islas.


Desde Venezuela

El primero de los barcos de la emigración que arribó al puerto palmero en la cita lustral fue el trasatlántico portugués Vera Cruz, que llegó el 7 de junio de 1955, en medio de una gran expectación. Aquel día se encontraban atracados en el trozo de muelle los fruteros Bangsbo, de la compañía danesa Det Forenade (DFDS) y el histórico Monte de la Esperanza, de Naviera Aznar.

El hermoso buque, propiedad de la Compañía Colonial de Navegación, fondeó al resguardo del Risco de la Concepción, frente a la playa de Bajamar, y los pasajeros y sus equipajes desembarcaron en los botes de servicio del citado "liner", llegando a tierra en medio de la emoción de sus seres queridos y la curiosidad de cientos de personas que se habían congregado en las proximidades.

Un lustro después correspondió el protagonismo a su gemelo Santa María, sin duda uno de los barcos más famosos de la emigración canaria a Venezuela, que arribó el 11 de junio de 1960, unos meses antes del célebre secuestro por el comando de Galvâo. Dadas las limitaciones operativas del muelle y el calado del buque, el trasatlántico fondeó a casi una milla y, al igual que sucedió en la ocasión anterior, los paisanos desembarcaron en los botes del "liner", repitiéndose las escenas de alegría y emoción ante tan anhelado reencuentro.

En el año lustral de 1965 llegaron a La Palma, nada menos, que tres barcos procedentes de Venezuela. El 2 de junio arribó, por primera vez, el trasatlántico italiano Irpinia. Testigos presenciales de aquella fecha recuerdan que el gentío que se congregó en el muelle y en los alrededores para presenciar la entrada del barco fue "impresionante", pues desde hacía unos días se había anunciado en las páginas de DIARIO DE AVISOS y en las ondas de la emisora sindical "La Voz de la Isla de La Palma", por lo que su llegada era de dominio público.

El elegante trasatlántico aminoró la velocidad frente a los cuarteles de Breña Baja y esperó el embarque del práctico José Amaro Carrillo, dando luego "avante poca" con el ancla de babor a la pendura para iniciar la maniobra de atraque, en la que se cruzó con el frutero danés Athos y con el carguero español Mariloli, que se encontraban fondeados frente a la playa de Bajamar. Durante su estancia en el puerto palmero compartió atraque con los fruteros Duero y Ciudad de Salamanca, así como con el costero Vicente Gallart.

Según hemos podido constatar, el trasatlántico italiano Irpinia estuvo en el puerto palmero en cuatro ocasiones, la última de las cuales sucedió el 10 de junio de 1966. La agencia de viajes El Teide, propiedad de empresarios palmeros, había sido la principal promotora de que el "liner" italiano viniera a La Palma.

Unos días después, el 13 de junio, que fue domingo, arribó el trasatlántico italiano Surriento, con una expedición de 113 pasajeros. La fiesta de recibimiento casi se tiñe de luto cuando una niña de seis años, al intentar coger una serpentina, cayó al agua y pudo ser salvada gracias a la inmediata y decidida actuación de uno de los presentes, José Hernández Vargas, que consiguió rescatarla con vida y todo quedó en un susto mayúsculo.

Con anterioridad, este buque había estado en el puerto palmero el 27 de enero de 1963, fecha en la que el citado trasatlántico se vinculó para siempre con la historia del puerto de Santa Cruz de La Palma. Como en las grandes solemnidades de la mar, el "liner" arribó aleteando al viento la multicolor empavesada y saludó a la ciudad con las pitadas de rigor.

Posteriormente, el armador del Surriento, Achille Lauro, envió una carta al alcalde de Santa Cruz de La Palma, Miguel Sosa Pérez, en la que le manifestaba, entre otras consideraciones, que "el comandante Ángel Carmincich, a su llegada a Nápoles, me ha hecho el elogio de la calurosa, espontánea y cariñosa acogida que usted, las autoridades civiles y portuarias, así como la población, han tenido a bien manifestar a nuestra unidad en ocasión de la escala efectuada en su bella isla".

"Los honores que han tributado a mi buque y a su tripulación -prosigue- me han llegado al corazón y han confirmado la unidad espiritual que vinculada a nuestros dos países. El pueblo español y el pueblo italiano vienen hondamente unidos por una idéntica fe religiosa, por analogías de lengua y por una igual sensibilidad de temperamento. Se entienden profundamente y el calor de esta manifestación no quedará como un simple episodio momentáneo, sino como un bellísimo y cariñoso recuerdo por cuantos en ello han participado".

Achille Lauro, cavallere del Valoro, expresaba en su misiva su deseo de que la primera visita del Surriento "pueda ser el inicio de un tráfico regular importante que me permitirá continuar escalas regulares en esa isla" y agregaba que "si a mí me resultara imposible venir un día personalmente a Santa Cruz de La Palma, puedo asegurarle que lo hará mi hijo y en nombre mío le extenderá a V. un abrazo y rendirá piadoso homenaje a la Santa patrona de la Isla, la Virgen de las Nieves".

Un día después, el 14 de junio, arribó, también por primera vez, el trasatlántico italiano Anna C, en viaje directo desde La Guaira, ocasión en la que desembarcaron 45 pasajeros.


La escala del "Begoña"

La última escala de este ciclo lustral correspondió al histórico trasatlántico español Begoña, de la Compañía Trasatlántica Española, uno de los barcos más famosos de la emigración canaria a Venezuela -al igual que su casi gemelo Montserrat-, que arribó en la tarde del 28 de mayo de 1970, procedente de La Guaira y Puerto España (Trinidad). El viaje lo había cubierto en ocho singladuras y en el puerto palmero desembarcaron 110 palmeros, que fueron los últimos que llegaron por mar desde Venezuela con motivo de la celebración de las Fiestas Lustrales.

Manuel Marrero Álvarez, que desempeñaba entonces la dirección de la consignataria Viuda e Hijos de Juan La Roche en Tenerife, consultó con Manuel Padín, uno de los directores de la compañía en Madrid y con el capitán Gerardo Larrañaga, a quien había informado en la escala anterior en Tenerife, de la previsión que había de entrar en La Palma en el siguiente viaje y de la importancia que tenía la fiesta de la Bajada de la Virgen "y tanto uno como otro no sólo no pusieron inconvenientes, sino que, al contrario, facilitaron que el Begoña entrara en La Palma. El capitán Larrañaga, ya fallecido -recuerda Manuel Marrero Álvarez- no puso inconvenientes, al contrario, le sedujo la idea de entrar en La Palma en el viaje siguiente, y eso que no conocía el puerto, pues no había estado nunca en la isla. Me pidió que le llevara una carta náutica y un portulano y recuerdo que se los compré a Francisco Simón en la Comandancia de Marina".

En la fecha señalada, Manuel Marrero se desplazó a La Palma en avión en unión del periodista Juan Antonio Padrón Albornoz, siendo recibidos en el aeropuerto por el consignatario de Trasatlántica en la isla, José Duque Martínez. A las cinco de la tarde, y desde el radioteléfono del motovelero Diana, Manuel Marrero estableció contacto con el capitán del Begoña. "Cuando hablé con el capitán Larrañaga, me dijo que se encontraba a una hora de la llegada y que ya había contactado con el práctico. Volvía a hablar con él cuando ya estaba casi dentro del muelle y me dice: ¡Esto va, Manolo. No te preocupes. Sí, sí, vamos pa’ dentro, que los paisanos de la Palma lo merecen’. Y así metió el barco dentro de la bahía, a las seis de la tarde, en una maniobra espectacular y sin remolcadores, y eso que el Begoña era, para su época, un barco relativamente grande. Gerardo Larrañaga era muy buen profesional y con el ancla y la máquina lo metió bastante justo donde tenía el atraque asignado".

El trasatlántico español entró empavesado y al enfilar la bahía de Santa Cruz de La Palma lanzó una salva de cohetes e hizo sonar la sirena en cordial saludo a la ciudad, cuyo eco se propagó por el risco de la Concepción. En el puerto palmero quedó atracado estribor al muelle entre los mercantes españoles Plus Ultra y Sierra Madre.

"Yo nunca había visto tanta gente en un trozo de muelle -continúa Manuel Marrero- y eso que estaba acostumbrado al movimiento de personas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Me quedé impresionado. Recuerdo que venía de sobrecargo Isidro Bilbao, a quien correspondió organizar a bordo una magnífica recepción oficial seguida de una cena a la que asistieron las primeras autoridades de la isla, así como los alcaldes, todo ello en un ambiente muy emotivo y cordial".

"En Santa Cruz de La Palma tuvimos que desembarcar a un pasajero enfermo, que iba a Vigo, siendo hospitalizado y muy bien atendido, continuando después viaje a su destino. Recuerdo que el barco había hecho escala en Trinidad, donde embarcaron un buen número de pasajeros de color que iban a trabajar a Inglaterra. Durante unas horas estuvieron paseando por las calles de Santa Cruz de La Palma, poniendo así una nota exótica a aquella tarde imborrable.

A medianoche, el "liner" español continuó su viaje rumbo a Santa Cruz de Tenerife, Vigo y Southampton. Las luces del barco se difuminaron poco a poco en la noche y en Santa Cruz de La Palma se había vivido una jornada intensa y especialmente emotiva.

domingo, 26 de junio de 2005

Una apuesta por La Palma

Juan Carlos Díaz Lórezo
Fuencaliente


En la historia reciente de la navegación comercial en Canarias figura un nuevo hito: la inauguración, el pasado 18 de junio, de la nueva línea marítima entre Santa Cruz de Tenerife y Tazacorte, a cargo de Naviera Armas, cuyo viaje inaugural estuvo a cargo del buque Volcán de Tauce.

La crónica periodística ya ha dado cumplida cuenta de la inmediatez de la noticia. En el ambiente se respira la certeza de que comienza una nueva etapa que habrá de favorecer a La Palma, en su conjunto, y especialmente al valle de Aridane, sede del motor económico de la Isla. El esfuerzo político, la visión y la proyección del consejero Antonio Castro Cordobez, y la apuesta del armador canario Antonio Armas Fernández, que ha sido el primero en desembarcar en Tazacorte, abren una puerta al futuro inmediato.

El viaje inaugural del Volcán de Tauce comenzó en el puerto de Santa Cruz de La Palma a las 10 de la mañana. A bordo, algunos políticos, empresarios y medios de comunicación y un grupo de paisanos de Tazacorte, algunos de ellos residentes en Tenerife, que viajaron expresamente para la ocasión, pues no querían perderse la oportunidad de figurar entre los primeros pasajeros que tendrían el privilegio de desembarcar en el nuevo puerto del Oeste de la Isla. La navegación, cómoda y agradable, discurrió de acuerdo con el derrotero y la carta náutica, a poco más de una milla de la costa, en un día espléndido, lo que permitió contemplar con placidez el litoral de las Breñas, Mazo, Fuencaliente, Los Llanos de Aridane y Tazacorte.

En el puerto de Tazacorte se vivía un día de fiesta bajo un sol de justicia. Alrededor de unas trescientas personas se dieron cita en el muelle para presenciar la llegada del Volcán de Tauce, cuya proximidad fue saludada por varias embarcaciones de recreo que salieron a recibirle, y entre ellas el velero del capitán Gregorio Bienes, quien, en otro tiempo, fue el práctico que dirigió la maniobra del primer buque mercante que atracó en el refugio pesquero de Tazacorte, el 23 de febrero de 1981: el cementero Arguineguín Uno.

El capitán del Volcán de Tauce maniobró con notable habilidad y precisión, considerando que era la primera vez que estaba en Tazacorte y atracó el buque estribor al muelle. Poco después se abatió la rampa de popa y por ella bajaron los primeros vehículos y pasajeros que llegaron por mar al nuevo puerto de Tazacorte, entre ellos el consejero Antonio Castro Cordobez, el viceconsejero Gregorio Guadalupe y el presidente de Naviera Armas, Antonio Armas Fernández. Entre las autoridades que asistieron al recibimiento del barco se encontraban los alcaldes de Tazacorte, Los Llanos de Aridane, El Paso, Fuencaliente, Breña Baja y Garafía, así como los ingenieros responsables de la construcción del puerto, Ricardo Sánchez García y Leonardo Melgar, y otras representaciones del Cabildo, Puertos de Canarias, etc.

A bordo se celebró un acto oficial, cuyo desarrollo no vamos a repetir, pues lo tienen los lectores en las crónicas de los medios de comunicación. Sin embargo, sí es preciso resaltar las palabras del presidente de la compañía armadora, Antonio Armas Fernández, quien, después de reconocer los inconvenientes registrados en los últimos meses en el servicio de Naviera Armas con la isla, destacó que "ahora ha llegado el momento de La Palma". Resaltó, asimismo, que "la apertura de esta línea tiene una gran importancia porque se trata de un puerto que tiene un elevado potencial de carga y pasaje". Además del interés desde el punto de vista turístico, "la apuesta mayor tiene que ver con la carga, y ello implica a toda la mercancía que pueda haber en esta parte de la isla. Nosotros somos partidarios de poner primero los medios, aquí está el barco y el servicio y después hablamos de negocios".

Mensaje importante, el del consejero de Infraestructuras del Gobierno de Canarias, Antonio Castro Cordobez, a cuyo empeño se debe la construcción del puerto de Tazacorte: "La puesta en marcha de esta nueva línea marítima supone una importante apuesta por impulsar la economía de la isla de La Palma. Constituye el primer paso para conseguir el mismo objetivo alcanzado ya en otras islas en las que se cuenta con dos y hasta tres puertos y se ha conseguido que todos ellos sean compatibles y complementarios".

"Con el establecimiento de esta nueva línea propuesta por Naviera Armas -prosiguió- esperamos conseguir un gran efecto en la economía de todo el valle de Aridane y de la isla en general. Entre los objetivos a corto plazo de la Consejería de Infraestructuras, Transportes y Vivienda se encuentra la ampliación del dique del puerto de Tazacorte, con el fin de que puedan tener entrada en el mismo los grandes barcos de cruceros que ya visitan Canarias con asiduidad".

Además de la ampliación del puerto de Tazacorte, Antonio Castro mencionó la intención de su departamento de sacar próximamente a concurso público la gestión de estas instalaciones portuarias y, en el futuro, dependiendo del crecimiento del tráfico se propondrá la creación de zonas de servicios a los viajeros, convirtiendo el puerto en una zona de negocios que generará, con toda seguridad, una importante creación de puestos de trabajo.

"En los últimos años se ha dado un importante paso. El puerto de Tazacorte estaba completamente inutilizado por los aterramientos del barranco de Las Angustias. Gracias a las obras financiadas por el Gobierno de Canarias hoy podemos contemplar cómo existen posibilidades de comunicación con esta parte de la isla de La Palma. Esta línea marítima -concluyó- será una importante puerta de entrada si se consolida como ruta turística, ofreciendo, al mismo tiempo, una nueva vertiente en el transporte de mercancías que liberará, con toda seguridad, el intenso tráfico de vehículos pesados que circulan por la carretera de la Cumbre".

Un cambio de rumbo
A comienzos de la década de los noventa, Antonio Armas Fernández decidió afrontar nuevos retos en su estrategia de futuro para el próximo decenio. La posición de la compañía en el tráfico carguero interinsular estaba plenamente consolidada en el sector oriental y había logrado implantarse en las dos principales líneas de las islas occidentales, Las Palmas-Tenerife y Tenerife-La Palma.

Para el nuevo desafío era necesario disponer de una flota adecuada formada por buques tipo ro-pax, es decir, unidades diseñadas para el transporte de pasajeros y de carga rodada, siguiendo los modelos avanzados en la construcción naval y presentes en la mayoría de las navieras dedicadas a este tipo de tráficos.

Las características de los nuevos buques, considerando la situación del mercado interinsular y sus perspectivas de futuro, requería unidades con capacidad entre 250 y 500 pasajeros, con una parte en camarotes; una velocidad de crucero de 18 nudos, de manera que permitiera acortar el tiempo de navegación entre las islas, y un garaje con capacidad entre 800 y 1.000 metros lineales.

La estrategia estaba clara: había que llegar a tiempo, antes de que pudiera ser desplazado del mercado por otros operadores que también proyectaban introducir novedades en el sector. Por entonces, Trasmediterránea había contratado en astilleros nacionales la construcción de dos nuevos buques para las líneas interinsulares, y Fred. Olsen se proponía ampliar su red de servicios con la incorporación de buques de segunda mano procedentes del mercado europeo.

Después de considerar las diferentes opciones posibles, la decisión final de Antonio Armas se inclinó a favor de dos buques gemelos, proyectados por TECNOR, cuyo contrato de construcción se firmó en diciembre de 1993 con los astilleros Hijos de J. Barreras, en Vigo.

La nueva situación, y la previsión de afrontar otros proyectos en el futuro, obligó a realizar algunos cambios en la estructura de la compañía, entre los cuales figura el cambio de denominación social, hasta entonces Antonio Armas Curbelo, S.A., y que pasó a denominarse Naviera Armas, S.A. El citado cambio se formalizó en Las Palmas, el 23 de enero de 1995, ante el notario Juan Antonio Morell Salgado.

En los meses de abril y octubre de 1995 entraron en servicio los dos nuevos buques, bautizados con los nombres de Volcán de Tauce y Volcán de Tejeda, respectivamente. Su llegada a las islas causó un buen impacto y con ellos comenzó una nueva etapa en la historia de la compañía y de las comunicaciones marítimas en Canarias. Al mismo tiempo, en agosto de 2005 se incorporó el buque Volcán de Tindaya a la línea Corralejo-Playa Blanca.

En junio de 1996 se produjo otro hito en la historia de Naviera Armas, con la apertura de la línea Las Palmas-Morro Jable, para la que se adquirió el buque Volcán de Tamasite, con capacidad para 1.500 pasajeros y una velocidad de 18 nudos, lo que permitió cubrir la citada línea en tres horas y media.

Por entonces, Antonio Armas venía acariciando la idea de operar una embarcación de alta velocidad, innovadora y especialmente adaptada para la navegación en Canarias. En julio de 1998 se firmó el contrato con los astilleros Rodriquez, de Messina (Italia), para la construcción del prototipo Aquastrada TMV 114, un buque de casco de acero con capacidad para 860 pasajeros y 220 coches, y una velocidad de crucero de 40 nudos. Con el nuevo buque, Naviera Armas proyectaba reforzar la línea Tenerife-Las Palmas-Morro Jable, con independencia del servicio habitual atendido por los ferries convencionales.

Otro proyecto en el que Antonio Armas venía trabajando era el mercado del turismo marítimo. La idea consistía en acercar a los canarios y a los turistas que visitan el archipiélago la posibilidad de conocer las islas desde el mar, en una opción diferente y hasta entonces inédita. Para el cumplimiento de este proyecto, en octubre de 1998 fue adquirido el buque Ciudad de La Laguna, siendo reconvertido en crucero de turismo diurno. En abril de 1999 entró en servicio con el nuevo nombre de Volcán de Tenagua.

En mayo de 2000 se incorporó el “fast ferry” Volcán de Tauro. Cuando llegó a las islas causó auténtica sensación. Sin embargo, pese a las expectativas creadas, diversos factores lastraron el éxito de la operación. La brutal subida de los precios del combustible, así como algunas deficiencias de construcción, y un percance acaecido en el puerto de Morro Jable, ocurrido en septiembre del citado año, forzó su retirada. Después de una larga etapa de amarre en Cádiz, en marzo de 2003 se vendió a la compañía Nautas Al Magreb, una filial de Balearia, en la que opera desde entonces con el nombre de Al Sabini.

Asimismo, en septiembre de 2000 se produjo la incorporación del buque Volcán de Tacande, comprado de segunda mano. Con esta unidad se abrió una nueva línea entre Lanzarote, Tenerife y La Palma. Y en junio de 2004, Naviera Armas sustituyó a Trasmediterránea en la línea Los Cristianos-La Gomera-El Hierro con el buque Volcán de Tenagua, que será relevado por el nuevo Volcán de Teneguía a comienzos de 2006.

Una nueva generación
La filosofía de Naviera Armas es representativa de uno de los dos conceptos operativos que son posibles en un territorio interinsular -buques ropax o embarcaciones de alta velocidad-, como sucede en el caso de Canarias. Al final, Antonio Armas se decantó decididamente por el primer segmento, en el que ha conseguido imponer un claro liderazgo.
El primer impacto se consiguió en la línea Corralejo-Playa Blanca, que es un enlace vital para la comunicación entre las islas de Fuerteventura y Lanzarote. Establecida en 1995, esta línea se ha convertido en la más importantes que opera Naviera Armas y desde entonces viene registrando un constante aumento en el número de pasajeros y en el volumen de carga rodada y vehículos transportados.

Esta tendencia positiva decidió a Naviera Armas a proyectar la construcción de un nuevo buque especialmente diseñado para las necesidades del trayecto. La respuesta ha sido la de un moderno ferry construido en Astilleros Barreras, bautizado Volcán de Tindaya, puesto en servicio en julio de 2003, con capacidad para 682 pasajeros, 140 coches y una velocidad de 16 nudos.

La segunda línea en importancia es el enlace entre Las Palmas y Morro Jable. En julio de 2004 entró en servicio el nuevo ferry Volcán de Tamasite, construido en Astilleros Barreras, que es el buque de mayor capacidad y el más veloz del tráfico marítimo interinsular en España: 23 nudos. Tiene capacidad para 1.500 pasajeros y 1.350 metros lineales de garaje. En febrero de 2005 entró en servicio el ferry Volcán de Timanfaya, gemelo del anterior, aunque dotado de camarotes y en marzo de 2006 lo hará el ferry Volcán de Teneguía, cuya botadura está prevista para el próximo mes de octubre.

Se trata, pues, de buques muy avanzados que reflejan fielmente las tendencias de diseño de la arquitectura naval del siglo XXI para operaciones interinsulares de corta distancia, como es el caso de Canarias. En ese empeño, Naviera Armas ha dado el primer y significativo paso y confirma que los diseños de buques ro-pax y de alta velocidad sustituirán a medio plazo a todos los ferries interinsulares convencionales existentes en España y en Europa.

Los tres nuevos buques de la serie Volcán de Tamasite, así como el Volcán de Tindaya, no sólo consolidan el protagonismo de Naviera Armas, sino también el prestigio y la calidad de los servicios marítimos en las islas, como consecuencia de su alta capacidad y competitividad. Cuando esté operativo el nuevo Volcán de Teneguía, Canarias será la región insular europea con la flota más moderna de buques para servicios interinsulares.

domingo, 19 de junio de 2005

Un vigía pétreo sobre el Atlántico

JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO *
FUENCALIENTE

El Roque de Teneguía se encuentra en un paraje próximo, aunque a una altura superior, al lugar donde estuvo ubicada la histórica Fuente Santa y descansa sobre una profunda capa de basalto olivínico. Hasta su base llegó la lava del volcán de San Antonio, en los días finales de la erupción de 1677. Concurren en él varias circunstancias que lo destacan no sólo como referencia topográfica, sino también como lugar de elevado interés científico, al conjugarse en él aspectos geológicos, botánicos, literarios y arqueológicos.

Situado a unos 418 metros de altitud sobre el nivel del mar y en la falda SW del volcán de San Antonio, el Roque de Teneguía es de fonolita haüynica y de color pálido amarillo-rosado. Se trata, desde luego, de una formación geológica muy antigua, al que se le calcula una edad aproximada de unos 600.000 años. La palidez de la roca contrasta notablemente con el negro de las lavas vecinas, de ahí que autores como Hausen no duden en calificarlos como monumentos gastados y castigados por el viento. Luis Diego Cuscoy se refería a las "fuentes calientes" que se producen en el Roque de Teneguía y que consideró causadas por la radiación permanente de fuentes magnéticas de calor.

El Roque de Teneguía es, además, una importante estación de petroglifos. En opinión del citado autor, que los estudió con detalle, la mayoría de los temas -espirales, meandros, laberintos, líneas serpentiformes, etcétera- pueden tomarse como símbolos de agua.

La cara oriental del Roque es la que ofrece mayor interés arqueológico, por encontrarse en ella los petroglifos, y asciende hasta la cima en suave pendiente. La superficie es muy irregular a causa de la caprichosa disposición de las rocas y por estar resquebrajada. La base mide unos 55 metros, 36 metros de Este a Oeste y unos 80 metros de Norte a Sur, tomando las medidas en la parte superior del Roque. La superficie, aproximadamente trapezoidal, es de unos 2.000 metros cuadrados.

El acceso al Roque de Teneguía se hace por una pista que bordea la falda del volcán de San Antonio y se desvía al cráter mismo del volcán de Teneguía. De Los Canarios al Roque hay, aproximadamente, 5,5 kilómetros, aunque los últimos 500 metros hay que hacerlos a pie sobre el manto de lapilli. Esta eminencia rocosa es visible desde el Sur y Oeste y sirvió como punto de referencia para los pescadores y la navegación de cabotaje.

El estado en que se encuentra, roto y resquebrajado, no sólo por los seísmos que acompañan a las erupciones volcánicas, sino también porque el Roque fue durante siglos la cantera de la que los vecinos de Los Quemados, Las Indias y de otros lugares extrajeron la piedra para construir sus casas. Y es que la piedra del Roque era el único material disponible en Fuencaliente para la construcción de casas, ya que el resto del suelo estaba cubierto de lavas, cenizas y arenas. Se calcula que la extracción de piedra pudo comenzar a principios del siglo XVI, fecha que nos aproxima al nacimiento de las primeras casas en Los Quemados y Las Indias.

Hace ahora algo más de tres décadas, el Roque de Teneguía estuvo a punto de desaparecer. En el mes de marzo de 1970, un grupo de jóvenes de Fuencaliente -Juan José Santos Cabrera, su hermano Octavio (fallecido), Rosa Díaz Martín, Toña Carballo Pérez, Juan Luis Curbelo Pérez y Rafael Díaz Pérez- visitaron al director del Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife, Luis Diego Cuscoy, mostrándole unas fotos del lugar y trasladándole la alarmante noticia de su inminente desaparición, al haber sido trazado por aquel lugar el paso del canal Barlovento-Fuencaliente, que debía pasar justo a la altura del Roque. Las obras se encontraban en una fase muy avanzada, hasta el punto de que ya se aproximaban a la base del Roque y, además, éste había sido minado y su voladura se iba a realizar en fechas próximas.

La noticia justificó la alarma de Luis Diego Cuscoy -eminente profesor y gran enamorado de Fuencaliente- quien, de inmediato, informó de la situación al comisario general de Excavaciones Arqueológicas, Martín Almagro. Su rápida gestión decidió la inmediata intervención del director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, quien telegrafió al alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, en los siguientes términos:

"Ordeno detengan obras hidráulicas que afectan paraje Roque de Teneguía. Deberán realizarse según instrucciones director Museo de Tenerife, señor Cuscoy".

Las obras se detuvieron y el Roque de Teneguía pudo salvarse con el impresionante conjunto de grabados que existe sobre sus piedras, en las que por entonces. Luis Diego Cuscoy realizó dos campañas, entre 1970 y 1971 respectivamente, obteniendo calcos y fotografías, así como un estudio de técnicas y patinas, además de realizar diversas excavaciones.

Como se cita, en el Roque de Teneguía son importantes los grabados de interés arqueológico. Su cara oriental está totalmente cubierta de estos elementos, que aparecen agrupados o aislados y, en su conjunto, forman más de un centenar de temas, constituidos por espirales simples, dobles y acorazonadas, laberintos espiraliformes, meandros, círculos simples y múltiples, arcos múltiples, óvalos y temas lineales esgrafiados. Algunos temas aparecen superpuestos. La técnica utilizada es la del picado y deslascado. No se puede precisar su cronología y tampoco puede excluirse una afinidad temática, tipológica e incluso estilística con los grabados africanos de Uad Yerat, Uad Djorat, Oukaimeden, Koudiat, Talat N’ Lisk, etc., aunque sí cabe relacionarlos -lo que sucede también con otras estaciones de La Palma- con grabados del grupo atlántico.

Desde el punto de vista botánico, es preciso señalar que en el Roque de Teneguía habita la Centaurea Junoniana, llamada también cabezuela y que fue descubierta en 1945 por Sventenius, quien, al mismo tiempo, redescubrió los grabados rupestres que cubren las rocas del Teneguía.

Siguiendo las enseñanzas de este autor sabemos que existen dos grupos de centáureas, es decir, las especies del grupo rubriflorae y las del grupo flaviflorae. Las centáureas que viven aferradas a las grietas del Roque pertenecen al primer grupo "y se limitan a formaciones geológicas más recientes". Como dato significativo hay que señalar que no existe otro lugar de La Palma donde habite esta flor y que el Roque de Teneguía es su último refugio.

Cuando a finales del siglo XV Hernán Peraza desembarcó en la costa occidental de La Palma, lo hizo por el cantón de Tihuya, según Torriani. El profesor Alejandro Cioranescu dice que en el manuscrito de aquél, en vez de Tihuya aparece Teuguía. En el documento de Torriani, donde se relata la erupción de 1585, encabeza así el relato: "Del nuevo volcán de La Palma, o Monte Teguseo nacido".

Hasta nosotros ha llegado el topónimo Teneguía, que el vocabulario de Juan Bautista Lorenzo ofrece, con Teniguiga, como variantes de Teniquisguan: "hijo de piedra" u "hombre de corazón duro". El primer elemento, para Álvarez Delgado, sería tenique-piedra, el segundo guan-hombre. Sin embargo, no cita Teneguía, lo que sí hace Wölfel, que toma la forma de otros vocabularios.

Wölfel estudió todas estas voces de manera agrupada incluyendo Tenisca -nombre de barranco, montaña y famoso guerrero indígena- y Tenisque -nombre de barranco- e intentó establecer un poco de orden. No le parece acertado el análisis antroponímico realizado por Álvarez Delgado, lo que le lleva a considerar si teneguía y teniguiga son variantes de teni(s)quisguan, "si bien el lingüísta austríaco está persuadido de que subyace alguna confusión en las formas, a lo que se debe añadir el desconocimiento de las razones que tiene Juan B. Lorenzo para realizar esta identificación.

Sin excluir la existencia de un topónimo indígena que una correcta grafía diera como Teguseo, Teuguía, sin embargo, nos acerca a Teneguía y pudo indicar lugar predegoso, roquedal o roque eminente, con lo que se corresponde el último topónimo.

Si el primer elemento parece indicar piedra, el segundo no se puede relacionar con agua a través de las voces palmeras que hacen referencia a ella; Adeyahamen: bajo el agua; adijirja: regato, riachuelo; tabercorade: agua buena; tagargigo: agua caliente; Gehevey: El Charco -"El Charco, que antiguamente llamaban Gehevey"-. La única forma que parece atractiva es la de tagargigo, sobre todo por lo que expresa.

Según explica la profesora Carmen Díaz Alayón, en su interesante trabajo Materiales toponímicos de La Palma, la voz geográfica Teneguía cuenta con un paralelo notable: Tenejía(s), nombre de un roque en la costa de Las Carboneras, en Anaga (Tenerife), de características parecidas al accidente de La Palma, lo que prueba, de una parte, la autenticidad de la forma Teneguía y de otra, la evidente existencia de una comunidad lingüística relativamente uniforme en las Canarias prehispánicas.

Hasta el momento, una de las primeras referencias al Roque Teneguía que hemos encontrado se encuentra en la escritura pública otorgada el 29 de agosto de 1582, en la que el propietario de los terrenos de la comarca, Hernán González de Justa -que los había adquirido en 1580 a los hijos menores de Pedro Riveros-, los vendió a su hijastro Juan Sánchez y a sus yernos Pedro Yanes y Domingo Pérez, incluyendo las casas, cuevas, corrales y estanque de madera de tea para recoger el agua (ver DIARIO DE AVISOS de 12 de junio de 2005).

Según se hace constar en el protocolo otorgado ante el escribano público Domingo González, con residencia en la capital insular, se indica, entre otros conceptos, que "de hecho y de derecho en cualquier manera y lindamiento todas las tierras del dicho término y asiento y sitio, cuevas, casas y tanque, por un lado el Malpais, arado, y por el derecho de la mar a la sierra y, por el otro lado, el Roque de Tiniguiga, derecho de mar a sierra, y, por abajo, la mar y, por arriba, la sierra...".

Estos terrenos fueron adquiridos en 1619, por escritura otorgada el 27 de octubre del citado año, ante el escribano Tomás González, por el sargento mayor Diego Vélez de Ontanilla, regidor de La Palma, que incrementó su propiedad con los trozos adquiridos en Los Quemados en 1624. En estas propiedades de la opulenta familia establecida en La Palma se produjo en 1677 la erupción del volcán de San Antonio, cuya lava sepultó la Fuente Santa.

En el citado documento se hace constar que "... halláis de quedar y quedéis por señores de todas las tierras y término, que están y se deslindan desde el filo del Lomo de La Castellana hasta dar y llegar a la cumbre y cierra, y descendiendo por él hasta la parte de abajo, donde se acaba el dicho Lomo y de allí, viniendo a dar al Barranquito que pasa por junto al asiento, que dicen de Sancho de Villagarcía; y de allí viniendo hacia la parte del Lomo Gordo por un camino, que viene por debajo del bardo de la tierra que yo, el dicho Melchor Pérez, siembro viniendo por el dicho camino hasta estar en el derecho del Roque de Tiniguiga y del cabo y fin de él de hacia el Lomo Gordo yendo por el dicho Roque hasta la mar y, por la otra, al malpaís arado y, por abajo, la mar y, por arriba, la cierra y cumbre, para que, en ello, podáis sembrar y traer vuestros ganados..."

Del acta de posesión de la propiedad entresacamos los párrafos más destacados, en los que se aporta algunos datos de interés:

"... y el dicho alguacil (de Mazo, Mateo Martín) les llevó, de allí, hacia el Roque de Tiniguiga, hasta dar y llegar a la corriente del Barranco que desciende por junto al asiento, que dicen de Sancho de Villagarcía, y, dándole la posesión de aquel lindero, les llevó un poco hacia abajo, por el dicho Barranco y de allí les trajo por el camino, que atraviesa por sobre el dicho Roque de Tiniguiga por debajo de un cercado de tierras de pan sembrar que allí tiene hecha el dicho Melchor Pérez hasta estar en el dicho camino sobre el dicho Roque, y derecho hasta allí...".

Otro de los registros antiguos obtenidos de este topónimo se refiere a un documento de 1774, en el que se hace constar que "... en otro término de foncaliente aonde llaman los quemados, de la pared del time en alamar, q. linda p.r arriva con valdios q. alli les quedaron, p.r avajo el mar, p.r un lado q. es el que mira asi a las Indias, y p.r el otro el Roque de Tiniguaia..."

Viera y Clavijo cita que "si los lugares de Los Sauces, Argual y Tazacorte eran ya célebres por sus trapiches de azúcar, no lo era menos Mazo, por su fuente medicinal que decían Foncaliente, a cuyas aguas saludables corrían de diferentes partes de Europa muchos enfermos". Por último, otro documento de 1879 refleja la forma Tiriguia, variante que se puede referir más a factores geográficos que a otras razones.

Desde el 16 de noviembre de 1994, el Roque de Teneguía está incluido en el espacio natural denominado "P-10 Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía", de acuerdo con lo previsto en la Ley de Espacios Naturales de Canarias, con una extensión de 857,4 hectáreas. Asimismo, en la misma época, el Cabildo Insular de La Palma lo declaró Bien de Interés Cultural.



* Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente.

domingo, 12 de junio de 2005

El reparto de las tierra de Teneguía

Juan Carlos Díaz Lorenzo (Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma)
Fuencaliente


Cuando finalizó la conquista de La Palma, el adelantado Alonso Fernández de Lugo, investido de las facultades otorgadas por los Reyes Católicos, procedió al reparto de las tierras de la Isla entre quienes habían participado en la campaña, que comenzó el 29 de septiembre de 1492 y concluyó el 3 de mayo de 1493.

La comarca del sur de la isla, y parte del territorio que hoy más o menos corresponde a Fuencaliente, fue a parar a manos de Pedro Riveros, casado con Catalina López. Más tarde, en julio de 1580, Hernán González de Justa adquirió estos terrenos de los hijos menores del citado Riveros y otras partes que poseían Alonso Bravo y los hermanos Miguel y Juan de Lugo.

Del citado documento, por su interés, son destacables los siguientes aspectos:

"... a saber las dos partes de un término y asiento de ganado con las dos partes de las casas y tanque, que en él está y en el término que dicen de la Fuencaliente (...) las cuales le vendo con sus entradas y salidas, uso y costumbres y servidumbres, según que yo y los dichos mis antecesores la hemos tenido y poseído, libres de tributo, censo y otra obligación, ni hipoteca alguna, por el precio y cuantía de veinte mil maravedíes de esta moneda en Canarias". E insiste en el precio del territorio: "y digo y confieso que las dichas dos partes, de asiento y término, casas y tanque, no valen más de los dichos veinte mil maravedíes".

Sin embargo, el vendedor renuncia "a que no pueda decir ni alegar que, en esta venta, hubo error, fraude ni engaño ni que la hice por poco precio ni por menos de la mitad del justo precio, porque no hallé quien más de un tanto por ellas me diese como vos, el dicho comprador y, a mayor abundamiento, renuncio a la ley de Ordenamiento Real de las Cortes de Alcalá de Henares, en que se declara que toda cosa que se vendiere entre partes o rematare en pública moneda, por la mitad o más o menos de su justo precio y valor, que, de derecho, no vale y que, hasta cuatro años siguientes, se puede rescindir y deshacer el tal engaño".

También hace delegación expresa a que "renuncio el remedio de la apelación, suplicación, nulidad y agravio y de las demás leyes, fueros y derechos, que en mi ayuda y favor sean contra lo que dicho es; y, en especial, renuncio la ley del derecho en que dis general renunciación de leyes (fecha non vala); y para mejor lo cumplir obligo mi persona, bienes, raíces y muebles, habidos y por haber".

Con posterioridad, González de Justa vendió su propiedad a su hijastro Juan Sánchez, y a sus yernos Pedro Yanes y Domingo Pérez, incluyendo las casas, cuevas, corrales y estanque de madera de tea para recoger el agua. Todo ello consta en escritura pública otorgada el 29 de agosto de 1582 ante el escribano público Domingo González, con residencia en la capital insular.

González de Justa concurre en el momento de traspasar su propiedad en los siguientes términos:

"... y para vos y vuestros herederos y sucesores para quien de vos o de ellos hubiere causa título, voz y recurso cais y medio de tierra, parte de ella, limpia y de pan sembrar y parte en el monte con todas las demás tierras y término, asiento y sitio de criar ganado, con las casas, cuevas y moradas y corrales y tanque de madera de tea de recoger agua que yo tengo y poseo, libre de censo y otra hipoteca que en dicha en el término de Fuencaliente".

Se refiere, asimismo, a los linderos del territorio:

"... de hecho y de derecho en cualquier manera y lindamiento todas las tierras del dicho término y asiento y sitio, cuevas, casas y tanque, por un lado el malpaís, arado, y por el derecho de la mar a la sierra y, por el otro lado, el Roque de Tiniguiga, derecho de mar a sierra, y, por abajo, la mar y, por arriba, la sierra...

"... para sembrar el dicho caiz y medio de tierra y lo plantar y abonar y edificar en ellas los edificios que quisieredes y debajo de los linderos colindados en el título que el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo, con poder que tuvo de los señores Reyes Católicos de España, dio al dicho Pedro Riberos, mi antecesor y, en cuyo derecho, yo sucedí y las demás tierras colindadas, solos dichos linderos, las habéis de haber, para criar y apacentar vuestros ganados y tener en ellas vuestros colmenares como a mi pertenecen, de todo lo cual que así os vendo...".

".. y de esta manera habéis de ser señores propios, cada uno, de lo que así está dicho y que vos señalo e todo vos lo vendo por precio y cuantía de cuarenta mil maravedíes de esta moneda de Canaria y los veinte mil maravedíes me habéis dado y pagado todos tres juntos, tanto el uno como el otro en dineros de contado; sobre lo que renuncio la eseción de la pecunia no vista y leyes de la prueba e paga, y los otras veinte mil maravedíes y valor susodicho de ellas, las doy a vos, el dicho Juan Sánchez, en pago y soluto de todo lo que a vos puede pertenecer y ha pertenecido y a vos debo de los bienes y herencia que a vos han pertenecido por fin y muerte de la dicha Sancha de León, vuestra madre, y que yo he tenido en mi poder con los frutos y rentas que hasta hoy han rentado y de todo el tiempo que me habéis servido y lo que de ello vos restaba o quedaba debiendo; de esta manera me doy por contento y pagado de vos, el dicho Juan Sánchez...".

Reclamando la posesión. En enero de 1585, Juan Sánchez comparece de nuevo ante el citado escribano, pidiendo posesionarse de sus propiedades y lo hace en los siguientes términos:

"Ilustre Señor, Juan Sánchez, criador, vecino de esta isla en el término de la Fuencaliente. Por lo que me toca y en nombre de Pedro Yánez y Domingo Pérez, vecinos de esta isla en el término de Tiguirorte, presento ante vuestra merced estas tres escrituras; las dos de venta y sesión que vos hizo y otorgó Hernán González de Justa, vecino de esta isla, de ciertas tierras y término, casas, cuevas, tanque que son en esta isla en el dicho término de Fuencaliente; y la otra de cierta transacción que hicimos que nos, los susodichos y Melchor Pérez, de Fuencaliente sobre estas dichas tierras y término.

Pido y suplico a vuestra merced, conforme a las dichas ventas y sesión y transacción, me mande y dé a mí y a los dichos mis consortes la posesión judicial de las dichas tierras en el de Fuencaliente con las dichas casas, cuevas y tanque, que en ellas están y sin perjuicio del que hemos tenido y tenemos de ello y que, para ello, se me dé el mandamiento en forma que convenga y que el alguacil mayor de esta isla y (o) su lugarteniente no (----) entreguen y amparen y defiendan en ella, cumpliendo y ejecutando el dicho mandamiento y pido justicia y firmo: Juan Sánchez.

Melchor Pérez, sucesor de los bienes de su suegro, Pedro Galtán, pretendía la propiedad de tales terrenos por haberlos obtenido en calidad de dote al contraer matrimonio con Leonor Galtán, hija de aquél, y haber realizado compras a sus cuñados Juan y Miguel Galtán. El desacuerdo sobre la propiedad había causado litigios desde muchos años antes.

"... que, por cuanto nosotros, los dichos, Pedro Yañez y Domingo Pérez y Juan Sánchez hubimos y compramos de Hernán González de Justa, vecino de esta dicha isla, todo el asiento y sitios y casas y corrales y tanque y el dominio de criar ganado y sus entradas y salidas con las tierras y montes y de pan sembrar así derecho de pastar como el derecho de labrar (...)

"... por virtud de las cuales la Justicia de esta isla, nos metió en la posesión de todo ello; que linda, por una parte hacia Auquen, el malpaís arado y, por la otra de hacia el Lomo Gordo, el Roque de Teniguiga, yendo por los dichos linderos hacia la mar y hasta la sierra y, por abajo, la mar y, por arriba, la sierra a la cual dicha posesión, yo, el dicho Melchor Pérez, como sucesor en el derecho de Pedro Gaytán y Juan e Miguel Gaytán, sus hijos, salí a la contradecir diciendo y pretendiendo que, por el dicho derecho, eran nuestras propias las tierras y término, que están desde el filo del Lomo de la Castellana, derecho hasta la mar y hasta la sierra, por la una parte y por la otra; la borda de la Hoya, que dicen de Cansado, que es la borda de la dicha Hoya, que está hacia la parte del Lomo Gordo y por el derecho hasta la mar y hasta la sierra y, por abajo, la mar y, por arriba, la sierra dentro de lo cual quedaban las tierras del Roque de Tiniguiga y de que vos había dado la posesión porque yo pretendía ser mías, así por me las haber dado en dote y casamiento con Leonor García, mi mujer, el dicho Pedro Gaytan, mi suegro, como por haberlas yo comprado a los dichos, Juan y Miguel Gaytan, mis cuñados, herederos del dicho Pedro Gaytan y sus hijos legítimos y que hoy estábamos en posesión y lo estuvieron mis antecesores".

Parte de los linderos de la propiedad que se cita se situaban desde el filo del Lomo de La Castellana hasta el mar y monte por un lado, y por el otro el borde que se denomina de Cansado hacia la zona del Lomo Gordo; por el sur, el mar, quedando dentro la tierra del Roque de Tiniguiga (Teneguía). Es preciso hacer constar que en los linderos que se citan y que se mencionan en los documentos, se habla con frecuencia del malpaís, es decir, de las tierras volcánicas.

Todos los personajes anteriormente mencionados arreglaron sus diferencias al otorgar una escritura de transacción que se firmó, precisamente, junto al Roque de Tiniguiga el 15 de octubre de 1582 ante el escribano Domingo González, siendo testigos Miguel de Lugo y Alonso Rubio, vecinos de Fuencaliente. La parte del citado roque correspondió a los sucesores de Hernán González de Justa, a quienes el alguacil de Mazo, Mateo Martín, dio posesión de su propiedad el 18 de enero de 1585.

Nuevos propietarios
Estos terrenos fueron adquiridos en 1619, por escritura otorgada el 27 de octubre de aquel año ante el escribano Tomás González, por el sargento mayor Diego Vélez de Ontanilla, regidor de La Palma, que incrementó su propiedad con los trozos adquiridos en Los Quemados en 1624. En estas propiedades de la opulenta familia se produjo la erupción del volcán de San Antonio, en 1677.

"... desde el dicho tiempo de los dichos ochenta años y más hasta esta parte y desde que esta isla se pobló y ganó de cristianos y que sobre ello había traído y traía pleito de muchos años hasta esta parte con el dicho Hernán González de Justa que estaba pendiente, como paresció por el dicho proceso de la dicha causa y querella que yo de él había dado, que pasa ante el presente escribano por se me haber querido entrar en las dichas mis tierras y término y nos, los dichos Pedro Yañez y Domingo Pérez y Juan Sánchez, pretendíamos defendernos del dicho pleito; hemos, tras probar como todas las dichas tierras y término de uso arriba por nosotros deslindas eran nuestras propias y lo habían sido de nuestros antecesores porque luego que esta isla se ganó y pobló de cristianos el adelantado Don Alonso Fernández de Lugo con poder que tuvo de los señores Reyes Católicos de España, las había dado y dio en su vecindad y repartimiento al dicho Pedro Riberos, nuestro antecesor, y que desde entonces hasta esta parte con el dicho título o buena fe; habíamos estado y estábamos en posesión de todo ello, rozando y cercando y sembrando y cogiendo y labrando y morando en las dichas tierras y comiendo con nuestros ganados los prados, hierbajes de las dichas tierras y término y gozando de los frutos y rentas y esquilmos, pastos, hierbajes de ellas como señores propios que somos de las dichas tierras...".

"... halláis de quedar y quedéis por señores de todas las tierras y término, que están y se deslindan desde el filo del Lomo de La Castellana hasta dar y llegar a la cumbre y cierra, y descendiendo por él hasta la parte de abajo, donde se acaba el dicho Lomo y de allí, viniendo a dar al Barranquito que pasa por junto al asiento, que dicen de Sancho de Villagarcía; y de allí viniendo hacia la parte del Lomo Gordo por un camino, que viene por debajo del bardo de la tierra que yo, el dicho Melchor Pérez, siembro viniendo por el dicho camino hasta estar en el derecho del Roque de Tiniguiga y del cabo y fin de él de hacia el Lomo Gordo yendo por el dicho Roque hasta la mar y, por la otra, al malpaís arado y, por abajo, la mar y, por arriba, la cierra y cumbre, para que, en ello, podáis sembrar y traer vuestros ganados..."

Del acta de posesión de la propiedad entresacamos los párrafos más destacados, en los que se aportan algunos datos de interés:

"... doy fe por que la leí en presencia de los dichos otorgantes y va firmado del Ilustre Señor el Licenciado Jerónimo de Salazar teniente de gobernador de esta dicha isla y de Diego Lujan, escribano público de ella y en ella se decía que se le daba comisión al dicho Mateo Martín para dar esta posesión y otras cualesquier que se quisiesen tomar en el dicho término de Fuencaliente..."

"... y tomó por las manos a los dichos Pedro Yánez y Juan Sánchez y, dándoles la posesión de las dichas dos moradas de casas y corrales, donde al presente estaban y que están en el dicho término y tierras hacia la mar, les metió dentro de ellas, y los dichos Pedro Yánez y Juan Sánchez abrieron las puertas de las dichas casas y se pasearon por dentro de ellas de una parte a la otra y cerraron las dichas puertas y se entraron dentro de los corrales, que delante de ellas estaban y se pasearon por ellos de una parte a otra echando piedras, sobre las paredes de ellos...".

"... y echando majanos por ellas, hasta que llegaron hacia la parte del Malpaís arado, a dar a dos cercados de tierras que estaban cercados, con bardo de higueras y sembrados de centeno, a do dicen los Quemados de los Roquillos, y el dicho alguacil les metió dentro de los dichos cercados dándole la posesión de ellos a los dichos Pedro Yánez y Juan Sánchez que se pasearon por dentro de los dichos cercados, cogiendo algunas matas de centeno, que estaba sembrado dentro de ellos, y echando majanos de piedras..."

"... fueron poniendo majanos por los riscos y piedras fijas derecho, los unos de los otros, hasta que llegaron a una piedra aguda, alta, fija, que está en un alto risco de tierra y allí pusieron otro majano de piedras...".

"... derecho a dar a una hilada de diez u once pinos que están en una ladera de (--) que está sobre la Ermita de Santo Antón, y de la banda de ella de hacia Auquen y, yendo por el derecho de la dicha hilada de los dichos pinos, hasta dar y llegar a la cumbre quedando desde el dicho deslindamiento hasta el Malpaís arado...".

domingo, 5 de junio de 2005

Las aguas de la Caldera de Taburiente

JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO
LOS LLANOS DE ARIDANE


Los antecedentes históricos del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte se remontan a finales del siglo XV. Con el paso de los años, la sucesión de particiones y cambios de dominios de la agrupación de propietarios, se llegó a mediados del siglo XX, en que se configura como una comunidad de aguas privada acogida a la Ley especial de 27 de diciembre de 1956 y tiene, como tal, personalidad jurídica.

El Heredamiento está dividido en la Hacienda de Argual y la Hacienda de Tazacorte, formadas cada una por la mitad de las cuotas de participación. Tiene su domicilio en Argual, "porque uno había de ser el domicilio elegido -explica el Heredamiento en su articulado-, pero sin que ello signifique preeminencia de una Hacienda sobre la otra".

La organización administrativa del Heredamiento, las oficinas del Sindicato (junta de gobierno) están en un inmueble del barrio de Argual; y las organizaciones administrativas particulares de cada Hacienda, las oficinas de sus Jurados de Riego en Argual y Tazacorte, respectivamente.

El Heredamiento ostenta la propiedad del patrimonio común. Pero a efectos internos, entre los hacendados o copartícipes, los bienes del Heredamiento son de tres clases: los generales del Heredamiento; los particulares de la Hacienda de Argual; y los particulares de la Hacienda de Tazacorte.

Todas las participaciones en el Heredamiento tienen, en última instancia, sin distinción de Hacienda, el disfrute y la administración, así como cuantas facultades y deberes integran el contenido interno del derecho de propiedad, de los bienes generales del Heredamiento. Las mismas participaciones tienen, además, las mismas facultades y deberes respecto de los bienes particulares de su Hacienda, con exclusión de las participaciones pertenecientes a la otra.

Por tanto, los partícipes de cada Hacienda se comportan internamente como propietarios de sus bienes particulares, aunque todos los bienes son de la propiedad del Heredamiento, tanto los generales del común como los particulares de cada una de ellas, de modo que están inscritos a nombre del Heredamiento en el Registro de la Propiedad; y será éste quien ejercite la propiedad frente a extraños, situación en la que también están los demás derechos distintos de la propiedad.

La propiedad fundamental del Heredamiento es la finca de La Caldera de Taburiente, con todos sus montes, viñedos, "caleras y terrenos incultos y de siembra comprendidos en su cuenca", que se describe en los siguientes términos:

"Rústica, situada en la Isla de La Palma, término municipal de El Paso y linda: Norte, divisoria de aguas de la Cumbre y Roque de los Muchachos, que constituye la línea jurisdiccional que separa el término municipal de El Paso con los de Tijarafe, Puntagorda y Garafía y, a partir de la cual, se extienden hacia el exterior los montes de utilidad pública de los propios de dichos Ayuntamientos llamados, respectivamente, Pinar (número 29 del Catálogo de Montes de esta provincia), Pinar de las Animas y Juanmané (número 28) y El Pinar (número 26); Sur: divisoria de aguas que va del Pico de la Punta de los Roques al Pico de Bejenado, pasando por la Cumbrecita y desde cuya última depresión, hacia el exterior, se extiende el monte de utilidad pública de los propios de El Paso (número 27), llamado Ferrer, Laderas y Mancha, y a continuación del Pico de Bejenado sigue el lindero por la divisoria de aguas hasta la Montañeta de la degollada, desde la cual baja por la barranquera de los Puercos hasta el desmonte viejo situado sobre el canal Dos Aguas, continuando por el mismo hasta la barranquera de María, desde donde vuelve a subir, siguiendo el rodadero de Petra Sánchez, hasta la divisoria de aguas por la que prosigue hasta La Cancelita; Este: divisoria de aguas de la cumbre nombrada de los Andenes, que constituye la línea jurisdiccional que separa el término municipal de El Paso de los de Barlovento, San Andrés y Sauces, Puntallana y Santa Cruz de La Palma, y a partir de la cual se extienden hacia el exterior los montes de utilidad pública llamados Pinar (números 36, 39 y 40 del Catálogo), pertenecientes a los propios de Barlovento, Puntallana y Santa Cruz de La Palma, respectivamente; y Oeste, línea que, partiendo del Pico Vinigacia, desciende en máxima pendiente por el barranco de El Fraile, colindante con la zona llamada de Amagar y Hacienda del Cura, hasta entroncar con el barranco de Las Angustias y, siguiendo por el mismo, aguas abajo, lo atraviesa en las inmediaciones de la finca denominada La Viña, en colindancia con la cual sube por la barranquera del Lomo del Trigo, hasta la vaguada conocida como La Cancelita; mide aproximadamente 4.525 hectáreas, 84 áreas y 26 centiáreas".

Consecuentemente, el Heredamiento es también el propietario de todas las aguas que discurren por su superficie, ya sean de origen subterráneo o pluviales, salvo las que por conducciones ajenas son llevadas con dicho carácter a través de la finca.

Son, además, bienes generales del Heredamiento las siguientes fincas:

-Malpaís de los Dos Pinos, Laderas de González y Bergoyo, así como una participación indivisa, equivalente al 32,5 %, de la galería de la comunidad de aguas Tenerra.

Son bienes particulares de la Hacienda de Argual, las siguientes fincas:

-Jeduy, con el Salto allí instalado y La Viña.

Y son bienes particulares de la Hacienda de Tazacorte, las siguientes fincas:

-Barandas, El Roque, con el salto allí instalado; La Carrera, Huerta del Charco, donde antes estaban las Casas de Calderas y de la Herrería.

El Heredamiento posee un derecho de servidumbre de paso por las márgenes de todos sus canales, ya sean generales o particulares de cada Hacienda, desde su nacimiento hasta el último predio regable. Se señala a la servidumbre sobre estas márgenes un metro de anchura por los parajes en que la atarjea esté aislada, pudiendo conservar esta dimensión al margen exterior en aquellos puntos en que el canal se apoye sólidamente por su lado interior en alguna pared.

Además, todos los dueños de fincas por donde pasen dichos acueductos no sólo están obligados a sufrir la indicada servidumbre, sino también a respetar las márgenes de los canales con un metro de anchura, "absteniéndose de toda obra y plantaciones de árboles que puedan perjudicarlas, y consintiendo que recobren esta dimensión en donde la hayan perdido, y que para ello se transite libremente por ellas y se engruese con los escombros y sedimentos que se sacan en las limpias de las acequias, con arreglo a las antiguas costumbres".



Fin fundamental. El fin fundamental del Heredamiento es la común captación, conducción, administración, distribución y defensa de sus aguas hasta el lugar en que a cada hacendado se le entrega la parte de caudal que le corresponde. Los productos de todos los bienes del Heredamiento, tanto de los generales como de los particulares de cada Hacienda, están ordenados a un mejor aprovechamiento de las aguas y no pueden producir beneficio económico ajeno a este fin. El Heredamiento cumple también otros fines que en su quehacer se han ido acumulando a lo largo de su evolución histórica y que son los complementarios y subordinados del fin fundamental de aprovechamiento de las aguas y tanto unos como otros excluyen toda idea de lucro.

Es principio fundamental e inmutable que el agua del Heredamiento se ha de dividir en dos mitades exactas, una para cada Hacienda y es la que éste aprovecha en la cuenca hidrológica de la Caldera de Taburiente. Este aprovechamiento forma un caudal que discurre continuamente y que se distribuye de la siguiente forma: el agua es captada en tomaderos y llevada por las convenientes conducciones hasta los lugares en que, con las combinaciones necesarias, se hace la primera división del caudal corriente en aquellas dos mitades, una para cada Hacienda.

Desde el momento en que el agua es dividida por mitad y entregada a cada Hacienda, continúa su curso por los canales particulares de éstas y es distribuida por éstas entre sus hacendados. La distribución del agua de cada hacienda entre sus hacendados se hace entregando a cada uno de ellos todo el caudal que conduce la Hacienda durante un tiempo determinado, proporcionado a la cuota de su participación, que se repetirá cíclicamente cada diez días.

Las participaciones de los hacendados en el Heredamiento se determinan por el tiempo de aprovechamiento cíclico del agua que a ellas corresponde, es decir, que siguiendo un orden inverso, se determina lo principal por lo accesorio. Cada Hacienda está dividida en diez derechos de un día cada uno, llamados Décimos.

La Hacienda de Argual se divide en los décimos nombrados: 1º. Nicolás Massieu; 2º: Ana teresa; 3º: Indiviso; 4º: Mayorazgo; 5º: Guisla y Boot; 6º: Félix Poggio; 7º: Salgado; 8º: Massieu por arriba; 9: Massieu por abajo; y 10º: Don Pancho.

La Hacienda de Tazacorte en los nombrados: 1º: Presbítero; 2º: Monteverde y Lezcano; 3º: Poggio y Alfaro; 4º: Valcárcel; 5º: Vandale; 6º: Massieu; 7º: La Florida; 8º: San Andrés; 9º: Don Pedro; y 10º: Doña Catalina.

Cada décimo se divide en 24 horas; y cada hora se divide en sesenta minutos, que son las fracciones mínimas. El Heredamiento, en consecuencia, se divide en dos Haciendas, en veinte décimos, en 480 horas o en 28.800 minutos.

El agua que corresponde a estas participaciones se ha de entregar a sus titulares dentro de las 24 horas al décimo a que pertenecen, con las circunstancias de tiempo y lugar que convenga al orden de riego de la Hacienda, mediante un turno que va rotando equitativamente para cada hacendado, lo cual no impide el cambio de turno que entre sí puedan ejercer. Con la entrega del agua se consolida su propiedad particular sobre ésta, y queda a su libre arbitrio su posterior destino. En el articulado se expone que "el riego se hará por el sistema de dulas y durante muchos años de acuerdo con las antiguas costumbres".



Otros aspectos
Los titulares de derechos reales sobre las participaciones en el Heredamiento, ya sean de plena propiedad, de usufructo o cualquier otro, y los arrendatarios de aquellas participaciones, cualquiera que sea el tiempo de arrendamiento pactado, que por estos derechos tengan el disfrute de las aguas, estén o no registrados como tales en los libros del Heredamiento, tienen la obligación de pagar los gastos de éste, en proporción a la cuota sobre la que recae su derecho, por medio de las aportaciones que estén al cobro en el momento de su disfrute del agua. Y quedan a salvo, sin que ello afecte al Heredamiento, las compensaciones y reclamaciones que entre sí tengan que hacer los titulares de derechos concurrentes o que se hayan sucedido sobre la participación en el tiempo en que se han producido aquellos gastos.

La Junta General del Heredamiento acordará la aportación en efectivo que habrán de hacer los partícipes para pagar los gastos. Este acuerdo será publicado en un periódico de la isla y en uno de la capital de la provincia y en los tablones de anuncios del Sindicato y los dos Jurados de Riegos y entraña la obligación de aquellos titulares de derechos sobre las participaciones de satisfacer la parte proporcional que les corresponde, en las oficinas del Sindicato, en el plazo de 15 días a partir de la publicación y, si no lo hicieren, se entiende que autorizan a este sindicato a vender en subasta la cantidad de agua de su disfrute, necesaria para satisfacer la aportación que les correspondiera.

Esta subasta se hará en el momento que convenga al sindicato; podrán asistir y tomar parte en ella todos los que tengan interés aunque no sean hacendados; será anunciada con ocho días de anticipación, como mínimo, en alguno de aquellos periódicos y en los tablones de anuncios del Sindicato y los Jurados de Riego, con expresión de los titulares de derechos a que corresponde el disfrute del agua a subastar ante el Registro del Heredamiento, lugar de la subasta, fecha y hora.

El Heredamiento acordará en la forma expuesta las aportaciones que para sufragar los gastos deberán hacer los partícipes. Estas cantidades serán proporcionadas a las cuotas y, por tanto, exactamente iguales las aportadas por los hacendados de ambas Haciendas. Las Juntas Locales de cada Hacienda pueden acordar por una mayoría mínima de las dos terceras partes de las cuotas del Heredamiento pertenecientes a ellas, proponer a la Junta General que las aportaciones en efectivo de los hacendados de la Hacienda sean sustituidas por una cantidad igual, obtenida por el Jurado de Riego por medio del secuestro de sus aguas. Consiste el secuestro en la venta del caudal corriente durante un tiempo determinado, con lo que el derecho de aprovechamiento cíclico por los hacendados sufrirá un retraso igual al turno vendido.

El secuestro de aguas no podrá tener otro fin que el de sufragar gastos y solamente se secuestrará en cada Hacienda la cantidad de agua necesaria para que el importe obtenido por su venta sea el que los hacendados de la respectiva Hacienda tienen que aportar; y es trámite previo y necesario el acuerdo y proposición de la Junta Local de la Hacienda.

Las Juntas Locales, por el mismo trámite y mismas condiciones, pueden proponer y obtener de la Junta General del Heredamiento el acuerdo de secuestro de aguas para sufragar los gastos particulares de la Hacienda. El dinero obtenido de este secuestro se ingresará directamente en la tesorería del Jurado de Riego.

Con el mismo fin y naturaleza que el secuestro, cuando las aguas del Heredamiento no quepan en los canales particulares de cada Hacienda, dichos excesos, llamados aumentos discontinuos de invierno, se venden y su importe se ingresa también en la tesorería del Sindicato para atender los gastos.

Los bienes del patrimonio del Heredamiento sólo pueden ser enajenados previo acuerdo de una mayoría mínima de las dos terceras partes de las cuotas de participación en el Heredamiento, tomado en junta general. Y cuando estos bienes sean particulares de una de las Haciendas, se necesitará, además, como trámite previo, el acuerdo en el mismo sentido de la Junta Local respectiva, tomado por una mayoría mínima de las dos terceras partes de las cuotas de participación en el Heredamiento, pertenecientes a la Hacienda de que se trate.