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domingo, 31 de agosto de 2008

La carretera que cambió a Fuencaliente

JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO (*)
FUENCALIENTE

En 1873 el Ayuntamiento defendió la conveniencia de mantener el trazado propuesto que pasaba por el pueblo

A mediados del siglo XIX existían en La Palma al menos cuatro caminos principales que partían desde Santa Cruz de La Palma y enlazaban con otras poblaciones de la Isla. Se trataba de caminos de herradura y en condiciones difíciles, como bien explica Madoz, en su célebre Diccionario: "Son generalmente estrechas y peligrosas veredas, por las que apenas se puede atravesar con caballerías del país".

La estrechez de los caminos se acentuaba cuanto más se alejaban de la capital, de ahí la frecuente insistencia de los distintos ayuntamientos, reclamando su adecentamiento y mejor cuidado, por cuanto condicionaba el tránsito de carretas y sólo beneficiaba a las poblaciones de mayor importancia económica.

De los cuatro caminos entonces existentes, el de Calcinas ascendía por la calle de San Sebastián de la capital palmera y se bifurcaba en la Cruz de los Bolos, a unos 600 metros del camino de acceso a La Concepción, entre los caminos de la Cumbre Nueva y de Buenavista con prolongación a Fuencaliente o Los Llanos de Aridane, por la Cumbre Vieja.

Además, en los caminos de La Palma no existía un servicio de postas como en la Península y la primitiva organización del correo fue uno de los factores que contribuyó en el retraso de la mejora de los caminos.

En el caso de Fuencaliente y desde que el municipio logró su independencia, la atención a los caminos tuvo una consideración prioritaria por parte de los sucesivos gobiernos municipales. Faltaban muchos años aún, más de sesenta, para que llegara la carretera a Los Canarios. De ahí que la Diputación Provincial de Canarias y el propio Ayuntamiento adoptasen con frecuencia sucesivos acuerdos e instrucciones para que "compongan los caminos reales", como el acordado en febrero de 1851: "que se acometa la limpieza general de los caminos de este distrito municipal por todos los vecinos".

En agosto de 1859, cuatro vecinos de Fuencaliente -Pedro Morera Yanes, Pedro Cabrera, José María Santos y Juan Rodríguez Brito- piden que se alargue la vereda "que pasa de Los Quemados a las casas que dicen de los Yanes" y unos meses después, en enero de 1860, "tratóse igualmente de la mejora de que son susceptibles los caminos de esta jurisdicción, debiéndose reparar algunos trozos, desde luego por medio de las prestaciones vecinales, puesto que no se puede disponer de otros medios".

También se suscitaron algunos conflictos que, con todo detalle, fueron recogidos en los libros de actas de la corporación municipal y, quizás, el más notable ocurrido en esta época se produjo en julio de 1864:

"Esta Corporación se ha inteligenciado de la pretensión de D. Juan Rodríguez Brito, que tiene por objeto reducir á camino de tránsito público una servidumbre ó vereda que nunca ha llevado semejante concepto; y considerando que el referido Rodríguez no tiende á otra cosa que á proporcionarse la mayor comodidad privada sin atender al perjuicio de los dueños de los terrenos por donde le conviene transitar para hacer algo mas cortas las distancias entre su casa y otras propiedades; que aun cuando en el punto en cuestión está señalado el rastro de una servidumbre ó vereda, jamás ha sido tenida ni reputada como camino vecinal de los que el municipio administra y cela, sino que se ha mirado como un tránsito abusivo que de autoridad propia se han abierto algunos caminantes, desviándose de las sendas comunes, no por lo extraviado de éstas, sino por el capricho de acortar unos cuantos pasos en las distancias, que se proponen recorrer: que de sancionarse lo que en su origen no ha pasado de un abuso, se realizaría la perniciosa consecuencia de que muchas haciendas que hoy sufren tales veredas arbitrarias, que la bondad o negligencia de sus dueños han tolerado, tendrían que quedar sometidas al antojo de cualquiera de esos imprudentes é irreflexivos intrusos, y por último que los caminos públicos existentes prestan cuantos medios de comunicaciones regulares se necesitan para el conveniente movimiento del vecindario y sus negociaciones; acordó informar á la autoridad del Sor. Gobernador de esta Provincia la improcedencia de las aspiraciones del nominado Rodríguez, y reproducirle todo cuanto en este sentido tiene expuesto y manifestado la Alcaldía en informe que, acompañado de un plano del terreno donde con toda la claridad conveniente se reseñaron los caminos públicos, sus direcciones y distancias, se remitió á dicha autoridad superior en trece de Julio de 1862, que todo obra por copia en este archivo".

Hemos observado otros acuerdos y disposiciones municipales de interés relacionados con los caminos, lo cual nos permite conocer con detalle la evolución de este tipo de vías de comunicación:

"Cumpliéndose con lo que está dispuesto sobre mejoras en los caminos vecinales, el Ayuntamiento acordó se comience en el año venidero de mil ochocientos sesenta y seis por el camino propuesto en primer lugar en el Estado sumario formado por esta Alcaldía con fecha veinte y cinco de Abril último, y que fue aprobado por el Gobierno civil en comunicación de doce de Mayo siguiente, que es el conocido con el nombre del "Tablado"; debiendo verificarse dichas mejoras, que han de ser hechas sólidamente, con las prestaciones personales, por no tener este pueblo otros recursos" (acta de 4 de junio de 1865).

"Cumpliéndose con lo que está dispuesto sobre mejoras en los caminos vecinales, el Ayuntamiento acordó se comience en el año venidero de 1867 por el camino propuesto en primer lugar en el estado sumario, formado por esta Alcaldía con fecha 20 de marzo último y aprobado por el Gobierno civil, según comunicación de 16 de abril, que es el conocido con el nombre de "Principal"; debiendo verificarse dichas mejoras de una manera sólida y estable y con las prestaciones personales, por carecer este pueblo de otros recursos" (acta de 6 de mayo de 1866).

"Y acordar acerca de las mejoras que han de practicarse en el corriente año en los caminos vecinales, con arreglo al artículo segundo de la ley de veinte y ocho de Abril de 1849, por exigirse así por la Superioridad. En su consecuencia, puesto á discusión el asunto y debatido lo suficiente, se acordó: que se dé principio a las reparaciones por el camino propuesto en primer lugar en el estado sumario formado por esta Alcaldía con fecha veinte de marzo del año próximo anterior, aprobado por el Gobierno de la provincia, según comunicación de diez y seis de abril siguientes, que es el conocido con el nombre de Principal, pasándose después a los de Monte y Pinal: que estas mejoras han de verificarse de una manera sólida y estable y con las prestaciones vecinales por carecer este pueblo de otros recursos, para lo que se considera serán suficientes cuatro prestaciones por cada persona y una por cada animal de los existentes sujetos a ella, que son de carga y de tiro; y que las conversiones de jornales á metálico, para los que opten por este medio, se verifique por los tipos siguientes:

- El jornal o día de trabajo de hombre, por setecientas cincuenta milésimas de escudo, que es lo que en este lugar exigen los jornaleros.

- El de cada bestia de las caballares y mulares, por ochocientas milésimas.

- El de cada una de los asnales, por setecientas cincuenta milésimas.

- Y el de la yunta de ganado vacuno, por un escudo ochocientas milésimas" (acta de 17 de marzo de 1867).

"Puesto a discusión el asunto y debatido lo suficiente, se acordó: que se dé principio á las reparaciones por el camino propuesto en primer lugar en el referido estado, que es el conocido con el nombre de La Cancela, pasándose después sucesivamente á los del Puertito, de Las Cabezadas y del Monte; que las épocas en que deben tener lugar las prestaciones dentro del año, son en los meses de marzo, abril, mayo, agosto, setiembre y octubre..." (acta de 5 de mayo de 1867).

"Que se dé principio á las reparaciones por el camino propuesto en primer lugar en el referido estado" (acta de 19 de julio de 1868), que es el conocido con el nombre de Tablado, pasándose después sucesivamente á los del Pozo, Pinal y Chozas...".

En 1849, la Ley para la Construcción, Mejora y Conservación de los Caminos Vecinales delimitaba una anchura máxima de 18 pies -cinco metros-, pero su incidencia en La Palma fue mínima, pues aún cuando los municipios podían disponer de la prestación personal de los vecinos, el resultado no tuvo éxito como consecuencia "de los hábitos y preocupaciones de los pueblos españoles y la libertad que se les dejó para hacer la voluntad en la materia".

El camino de El Tablado tenía una longitud de dos leguas, con un ancho de calzada de 14 pies y su costo ascendió a 150.000 reales de vellón. El camino de El Pinar medía media la quinta parte de una legua y tenía un ancho de 12 pies. Su coste fue de 4.000 reales de vellón y comunicaba el Pinar Grande y Las Caletas. El camino de El Pozo medía media legua y tenía un ancho de 12 pies. Su coste fue de 33.000 reales de vellón y enlazaba el pago de Los Canarios con La Costa, mientras que el camino de las Chozas era de similares características y coste que el camino de El Pinar y enlazaba Los Canarios y Las Caletas.

El Plan General de Carreteras de La Palma de septiembre de 1860, reconoce la necesidad de construir en la Isla tres vías de tercer orden:

- Santa Cruz de La Palma a Fuencaliente, por Breña Baja.

- Fuencaliente a Tazacorte, por Los Llanos.

- Santa Cruz de La Palma a San Andrés, por Puntallana.

La carretera del Sur de La Palma se inició en 1874 y finalizó en 1910, con una longitud de 55,5 kilómetros repartidos en ocho tramos, a un ritmo de construcción en algunos trozos que osciló entre 120 y 150 metros mensuales, cifra alta, como señala el eficiente investigador palmero José Ángel Hernández Luis [Transporte y red viaria en la isla de La Palma, 1993], si consideramos las dificultades en el desarrollo de los trabajos y la lucha administrativa contra aquellos propietarios reacios a ceder terrenos para permitir su paso. Sin embargo, habrían de transcurrir cinco años hasta que en 1879 se recibiera, de manera provisional, el primer tramo de siete kilómetros entre Santa Cruz de La Palma y La Concepción (Breña Alta).

El trazado de la carretera general del Sur supuso para Fuencaliente no sólo una sustancial mejora de sus comunicaciones, sino la base de su desarrollo económico, pese a las restricciones que comportaron los diferentes ciclos.

El proceso tuvo su reflejo en las actas municipales. El 11 de septiembre de 1873, la corporación de Fuencaliente debatió, por primera vez, "un proyecto de exposición al Gobierno civil de la provincia sobre la conveniencia general de que la carretera de tercer orden que está en estudio en esta isla pase por el pueblo de Mazo y éste de Fuencaliente, sin la desviación que con mucha impremeditación se ha pretendido; y en su vista el Ayuntamiento, discutido el asunto, acordó aprobar dicha exposición en un todo y que se le dé desde luego su debida dirección".

"El señor alcalde presidente presentó un proyecto de exposición al Gobierno civil de la provincia sobre la conveniencia general de que la carretera de tercer orden que está en estudio en esta isla pase por el pueblo de Mazo y éste de Fuencaliente, sin la desviación que con mucha impremeditación se ha pretendido; y en su vista el Ayuntamiento, discutido el asunto, acordó aprobar dicha exposición en un todo y que se le dé desde luego su debida dirección".

En el pleno del 12 de octubre de 1873 volvió a tratarse el asunto:

"El señor alcalde presidente presentó un proyecto de exposición al Excmo. Sr. Ministro de Fomento, acompañando las dos exposiciones que ha devuelto al Gobierno Civil de la provincia y que se le habían dirigido últimamente por este Ayuntamiento una, y la otra por el vecindario, reclamando sobre la desviación que impremeditadamente se ha intentado en el trazado de la carretera de tercer orden en esta isla, cuya desviación perjudicaría grandemente á este término municipal y á los de Mazo y aún de Breña Baja; y se acordó, discutido el asunto, aprobar dicho proyecto de exposición y que se remita con las otras dos devueltas al Ministerio de Fomento".

El 13 de noviembre de 1892 la corporación municipal abordó de nuevo el asunto de la carretera:

"El Ayuntamiento se enteró con la mayor satisfacción de que desde el día de ayer se halla en este pueblo el ingeniero de Obras Públicas, Eugenio Suárez Galván, con dos ayudantes, un sobrestante y el personal necesario practicando estudiando el estudio y trazado de la carretera, acordándose hacer una visita oficial -alcalde, Antonio de Paz Armas- á dicho jefe manifestándole los deseos del Ayuntamiento en cuánto al estudio que se halla practicando".

Una semana después, el 20 de noviembre, el pleno resalta que "han visto con el mayor agrado el celo é interés" con que los visitantes han resuelto su trabajo, así como que el trazado de la carretera "es ciertamente el más ventajoso para los intereses generales de la localidad".

El Cuerpo de Obras Públicas dio por finalizados los trabajos de replanteo de la carretera el 16 de junio de 1897. El 19 de septiembre del citado, la corporación municipal acordó nombrar Hijo Adoptivo al diputado Pedro Poggio Álvarez, en reconocimiento a sus desvelos en lograr el paso de la carretera por Fuencaliente y la adjudicación de las obras del faro.

El 21 de agosto de 1898, el alcalde José Antonio Rodríguez se hizo eco de la publicación en la Gaceta de Madrid de una orden para la subasta del quinto trozo de la carretera de Santa Cruz de La Palma a Candelaria y que "el haber conseguido tan pronto la orden de subasta" se debe al diputado a Cortes por la Palma Tomás Montejo y Rica, que "merece plácemes de este vecindario".

En el mes de octubre siguiente visitó Fuencaliente el ingeniero jefe de Obras Públicas, Prudencio de Guadalfara, para practicar el replanteo definitivo de las obras "de tanta importancia para la localidad, que principiarán desde el mes de diciembre próximo, por haber sido ya subastadas".

El pueblo fuencalentero celebró los días 16 y 17 de enero de 1899 con "públicos festejos" la onomástica del patrón San Antonio, además de "conmemorar la inauguración" del quinto trozo de la carretera, así como la terminación del faro.

El pleno, en su reunión del 23 de enero de 1900, informó de que las obras habían sido recibidas de manera provisional. La contrata de las obras estuvo a cargo de Manuel Menéndez y Álvarez y Pedro Suárez y Menéndez, respectivamente. La longitud de este trozo fue de 8.125,54 metros, con un ancho de calzada de seis metros y 4,5 de firme.

Este dato contrasta con el publicado por José Ángel Hernández Luis cuando indica que la terminación real de los trabajos se produjo el 7 de diciembre de 1901 y que la recepción provisional de la carretera se produjo el 3 de febrero de 1902. Desde la redacción del proyecto, en mayo de 1895, hasta ese momento, habían transcurrido 79 meses, a un promedio de obra de 102,85 metros lineales mensuales.

*Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma

domingo, 18 de noviembre de 2007

Testigo presencial de excepción

JUAN CARLOS DíAZ LORENZO (*)
Fuencaliente


Veintidós años después de la erupción del volcán de San Juan se produjo la del volcán de Teneguía, surgido en una suave pendiente situada al sur del majestuoso cráter del volcán de San Antonio. Los primeros temblores de tierra comenzaron a sentirse a partir del 15 de octubre de 1971. Dos días después llegó a Fuencaliente el gobernador civil de la provincia, Antonio del Valle Menéndez, acompañado del delegado del Gobierno, Francisco Laína García, siendo recibidos por el alcalde del municipio, León Bienes Hernández.

Ante la carencia de medios técnicos y temiendo que se tratase de una erupción volcánica, el gobernador civil, ingeniero de Minas de profesión, mandó colgar una plomada a modo de sismógrafo rústico de la lámpara del despacho de la alcaldía. El modo de funcionamiento era bien sencillo. Si cuando se producía el temblor de tierra la plomada oscilaba de modo horizontal, no había mayor preocupación, pero si oscilaba de modo vertical, significaba que el posible volcán estaba cerca.

Entre los días 21 y 24 se acentuaron los movimientos sísmicos, hasta el extremo de que la Estación Hidrofónica de la Universidad de Columbia (EE.UU.) ubicada en Puerto Naos -en realidad, una instalación de la U.S. Navy para controlar el paso de submarinos soviéticos por la zona-, detectó una serie de registros que inicialmente interpretaron como un fenómeno extraño. Sólo el día 22 se contabilizó unos mil movimientos, a razón de cuatro por minuto, que causaron el agrietamiento de algunas viviendas y el desplome de paredes y riscos, por lo que todo apuntaba a una inminente erupción volcánica.

El 26 de octubre, alrededor de las tres de la tarde se percibió una serie de ruidos subterráneos y varias explosiones de regular intensidad, elevándose, poco después, una densa columna de humo negro que señaló el comienzo de la nueva erupción volcánica. La noticia, de inmediato, se conoció ampliamente en pocos minutos y el nombre de Fuencaliente y de La Palma quedó asociado, una vez más, a la historia de los volcanes de Canarias.

Para el nuevo volcán se contemplaron inicialmente, entre otros, los nombres de El Búcaro, San Evaristo y San Estanislao, siguiendo la costumbre palmera de utilizar hagiónimos para este tipo de acontecimientos telúricos. Al final se decidió Teneguía, debido a la proximidad del roque de su mismo nombre y el empeño de los periodistas acantonados en el bar "Parada" -Domingo Acosta, Gilberto Alemán y Luis Ortega, entre otros- y un grupo de jóvenes fuencalenteros, entre los que estaba Octavio Santos Cabrera, corresponsal de DIARIO DE AVISOS.

"El día que reventó el volcán estaba vendimiando en Las Machuqueras, a unos cuatrocientos metros, más no era. Yo sentía un zumbido y mirada al cielo, pensaba en un avión, ¿pero tan alto va que no se ve? Ya me parecía mucho ruido. Dije para mí: ¡no, esto está cerca...!" Así recuerda el agricultor Jesús Ramón Pestana Cabrera (1945), vecino de Fuencaliente, los primeros momentos de la erupción del volcán de Teneguía, de la que, tal día como hoy, se cumplen 36 años de su final. Él fue, con toda probabilidad, la primera persona que presenció el comienzo del singular acontecimiento y su memoria, tan precisa como exacta, constituye un documento oral de primera magnitud.

"Había terminado de vendimiar -prosigue- y dejé seretas y todo. En aquel momento estaba solo, cuando subo un poco y me dio por mirar hacia abajo, miro al malpaís y veo una lengua de fuego reventando allí mismo, una hilera recta ardiente. ¡¡Entonces sí cogí miedo!!, ¿no iba a coger miedo? Cogí miedo y partí a correr. Cogí por la Cuesta Cansada hacia fuera, que era por donde más derecho salía y no cogí vueltas ni nada. Dije para mí: ¡¡corre, corre para fuera, corre para Los Canarios!!".

"Primero pensé que era el volcán de San Antonio que había reventado otra vez, no pensé que fuera un volcán nuevo. Subí rápido y donde primero llegué fue al borde del cráter del volcán de San Antonio para vigilar al otro desde arriba. Cuando llegué allí ya había más gente, como diez o doce personas. Los primeros bufidos que dio fueron a las tres en punto de la tarde. Allí, donde reventó, había un ’golpe’ de higueras grande y se las zambulló en un momento. Las bocas chicas, las de aquí arriba, salieron donde antes estaban las higueras".

"Como a la hora llegó la Guardia Civil y empezó a atajar gente. Por cierto, que a uno de los primeros que mandaron fue a mí para que la gente no se metiera abajo, en el volcán, porque a algunos les parecía una fiesta. Cada rato que pasaba el fuego era más alto. Como a las tres horas eso levantaba cuarenta o cincuenta metros de altura y al oscurecer ya se veía desde el pueblo. Había días que levantaba del volcán de San Antonio para arriba más de 500 metros. A mí eso me impresionó mucho. Cuando era de noche cerrada y daba una explosión grande, podías leer una carta de la luz que daba. La lava bajó rápido, en tres o cuatro horas llegó abajo. Caminaba a más de un paso de una persona. Yo creí que la playa y el faro se lo llevaba, porque iba derecho rumbo a él, total, ¿qué le faltó?".

El relato de este fuencalentero, que tenía 26 años de edad en 1971, no tiene desperdicio: "En casa no fuimos para ningún lado. Estábamos en plena vendimia. Nosotros, cuando eso, teníamos mucha cantidad de viña. Cogíamos más de sesenta pipas de mosto. Además, aquel era un año fuerte de uvas. Tuvimos que pedir un permiso al Ayuntamiento para poder pasar con los furgones, porque había mucha viña ahí debajo y viña por todos lados y eso estaba trancado de tanta gente que había. A los pocos días volví a vendimiar lo que quedaba al lado del volcán, sin miedo ninguno, porque ya se sabía que la lava iba para abajo. Uno miraba para allá y sabía que aquí no llegaba; y lo más cerca que estuve sería como a unos trescientos metros, o quizás menos. El volcán pegando bufidos y yo vendimiando (risas). Él estaba con su jaleo y yo en lo mío (risas). El día después de que reventó el volcán volví donde mismo había estado y allí estaban las seretas y las tijeras. Estaban donde mismo las dejé. ¿Quién se metía ahí debajo? ¡Ahí nadie se metía!".

En los primeros momentos, la actuación del nuevo volcán fue eminentemente explosiva y a lo largo de la tarde del primer día fueron surgiendo nuevos focos eruptivos, que comenzaron a derramar lava por dos corrientes a través de una fractura del terreno en dirección Norte-Sur, una de las cuales se precipitó sobre la costa y alcanzó el mar, mientras que la otra siguió en dirección al faro de Fuencaliente.

Un grupo de geólogos y vulcanólogos -entre otros José María Fuster, Alfredo Hernández-Pacheco, Telesforo Bravo y un joven Juan Carlos Carracedo, recién licenciado, además de otros extranjeros- estudiaron el fenómeno con detalle y llevaron un mensaje de tranquilidad a los habitantes de Fuencaliente. La lava, decían los expertos, brotaba a una temperatura de 1.100 grados centígrados y discurría por la corriente a un promedio de 120 metros por hora a 850 grados. Al entrar en contacto con el agua del mar, la temperatura del agua en la orilla superaba los 60 grados.

El día 27, la actividad del volcán fue más intensa, en una actuación de tipo estromboliano, concentrándose en dos puntos de la fractura e iniciando el levantamiento de dos pequeñas montañas de escorias, continuando con el derrame de lavas. El pueblo de Fuencaliente recibía visitantes a raudales y los bares "no daban avío a las papas arrugadas y vasos de vino", recuerda Agustín Rodríguez Fariña.

El día 28, la actividad se hizo más intensa, reanudándose los movimientos sísmicos que concluyeron con la aparición de una nueva boca en torno a las once de la mañana, mientras que el foco principal mantuvo grandes proyecciones de material y derramó importantes caudales de magma fluido. Para entonces ya se había formado un cono volcánico de cierta entidad, tipo herradura y abierto hacia el Norte, al tiempo que las emisiones de lava alargaron su cauce.

Durante la noche del 29 al 30, el volcán intensificó la potencia de la erupción, mostrando un comportamiento de tipo estromboliano, con explosiones más fuertes y frecuentes, así como con una mayor salida de lava. El día 30 transcurrió en términos similares y en la noche se advirtió que el foco inicial presentaba una forma clara de herradura, orientándose hacia el Este.

A mediodía del 1 de noviembre comenzó una nueva actividad sísmica coincidiendo con una importante actividad de fumarolas. Casi a la una de la tarde se produjo un movimiento de notable intensidad que liberó la formación de un tercer foco de emisión, presentando, al mismo tiempo, tres pequeñas aberturas conectadas entre sí, con una actividad explosiva y proyectando piroclastos finos y trozos de lava, todo ello con una cadencia rítmica y un reposo de entre 0,5 y cinco segundos, alcanzando en la noche su máxima actividad explosiva. El primer foco de emisión quedó reducido al flanco occidental, como consecuencia del derrumbe del dorso oriental, motivado por la acción de coladas que arrastraban en su seno bloques procedentes del desmantelamiento del cono del primer cráter.

El día 3 decreció el ritmo de la erupción del volcán y el cono en herradura del primer cráter terminó por orientar la salida de lava hacia el SE, mientras que el segundo foco entró en período de inactividad y el tercero sólo arrojó gases a intervalos separados. El día 4, la actividad general continuó en descenso, aunque el primer foco registró una mayor emisión de lavas y el segundo foco se mantuvo en reposo. A lo largo del día 5 se produjo un aumento relativo de la actividad eruptiva, en el que el segundo foco lanzó gases y piroclastos.

El día 6 se produjo uno de los fenómenos más destacados, al derrumbarse la gran masa de escorias y lavas acumuladas en torno al primer foco, originando una avalancha que se extendió rápidamente por la costa suroccidental de la Isla. Este cambio motivó, además, un espacio libre para las coladas lávicas, al tiempo que se produjo una notable actividad de fumarolas, formadas por una elevada proporción de óxido de carbono y otros gases tóxicos, actividad que se incrementó de modo considerable el día 7, lo mismo que en los cráteres.

Hacia las dos de la madrugada del día 9, después de importantes seísmos y explosiones, apareció una nueva fractura eruptiva orientada al NW y ubicada en el campo de fumarolas existente entre los dos cráteres secundarios. En el inicio de la actividad del cuarto foco de emisión, se distinguían tres puntos eruptivos diferentes a modo de sopletes gaseosos, que luego provocaron la formación de dos pequeños hornos. El primer cráter se mostró mucho más activo, con la emisión de abundantes lavas y el arrojo de escorias de modo continuado.

El día 10 el volcán presentó un cuadro netamente explosivo. El primer cráter proyectó escorias a más de 300 metros de altura, mientras que los dos restantes permanecieron prácticamente inactivos. A media tarde y próximo a la cuarta boca surgió una nueva, de carácter explosivo, en forma de soplete gaseoso y más tarde se produjo la apertura de una sexta boca, aunque de menor entidad. Al día siguiente, el volcán se encontraba en plena actividad. Menos el cráter principal, todos los demás registraron explosiones diversas y del primero brotaba lava fluida en dirección al mar con notable velocidad.

El día 17 se constató la decadencia progresiva del primer cráter, mientras que en los dos últimos se registró un aumento de la energía, desbordándose la lava del canal principal al no tener posibilidad de evacuar con la rapidez necesaria. La abundancia del material lávico del cuarto cráter hizo que inundara el quinto y en la mañana del 18, éste tomó el relevo del cuarto, desbordando una charca lávica, aunque se advirtió un notable descenso de la actividad volcánica, cesando las manifestaciones eruptivas y entrando en una fase de fumarolas, que se mantuvo durante bastante tiempo.

Fue una erupción corta, pues la plena actividad cesó el 18 de noviembre siguiente, es decir, que tuvo un período activo de 24 días. Durante este tiempo, miles de personas presenciaron la erupción. La impresionante afluencia motivó la ordenación del tráfico rodado, en el que la Guardia Civil se empleó con gran desempeño, desviándolo en el sentido de las agujas del reloj, por la Cumbre y las Breñas hacia Fuencaliente, continuando a Los Llanos, dado que el movimiento de coches y personas fue realmente importante, alcanzando, en algún momento, los quince mil visitantes.

Viajar a La Palma resultó complicado ante la impresionante demanda de plazas, tanto en avión como en barco, pues ni Iberia ni Trasmediterránea incrementaron su oferta. Sería la compañía Spantax la que hizo posible que llegara un mayor número de visitantes a la isla, gracias a los vuelos "charter" de los viejos cuatrimotores.

Meses después del final de la erupción era posible encontrar en algunos puntos del volcán temperaturas superiores a los 400 grados. Hoy en día, todavía se aprecia el calor latente en algunas fisuras del cráter. En prospecciones geotérmicas recientes, a unos veinte metros de profundidad todavía mantiene 200 grados de temperatura.

*Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente

domingo, 28 de octubre de 2007

Cuando la electricidad llegó a Fuencaliente

JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO (*)
FUENCALIENTE


El capitán general García-Escámez era un hombre campechano y extrovertido y siempre fue un gran amigo del pueblo de Fuencaliente. La especial amistad que se forjó entre el ilustre militar y el alcalde Emilio Quintana Sánchez se tradujo, en tiempos del Mando Económico de Canarias, en la construcción de la obra más importante de cuantas se realizaron en dicho periodo en La Palma.

El laureado general visitó Fuencaliente por primera vez, el 18 de abril de 1944, siendo alcalde Gumersindo Curbelo Yanes. La corporación le informó de la situación por la que atravesaba el municipio: un pueblo pobre, con grandes carencias y con un potencial agrícola importante, caso del cultivo de la vid, pero sin cohesión y con unos cosecheros que vivían, en su mayoría, en un estado precario y elaboraban los vinos siguiendo la tradición heredada de padres a hijos.

En aquel primer viaje surgió la idea de construir una bodega cooperativa para que unificara la producción de la comarca y tuviera una adecuada distribución comercial, permitiendo, de ese modo, potenciar y relanzar una actividad económica que era, entonces, el principal capítulo de la escasa economía del pueblo.

En tiempos de grandes estrecheces y dificultades, una representación de los cosecheros de Fuencaliente se reunió el 20 de febrero de 1945 en la capital tinerfeña con el gobernador civil de la provincia, en un primer encuentro en el que estuvieron presentes, asimismo, el jefe nacional de Cooperación y el delegado provincial de Sindicatos, quedando inscrita la primera cooperativa vitivinícola de Canarias con el número 2.059 en el registro del Ministerio de Trabajo.

El 15 de octubre del citado año llegó a Fuencaliente una comisión de la Unión Nacional de Cooperativas del Campo, desplazados desde Madrid, con el encargo de prestar el mejor asesoramiento a los técnicos militares del Cuerpo de Ingenieros que se ocupaban del proyecto. Entre los miembros de la citada comisión figuraban Enrique Mira Alberi, jefe técnico del Departamento de Maquinarias de la citada UNC y el abogado José Balaguer.

El proyecto definitivo fue encargado al coronel Manuel Martín de la Escalera, en colaboración con los técnicos adjuntos de la Comandancia de Ingenieros, oficiales Navarro, Garrido y Viejo y su contratación salió a subasta pública el 1 de marzo de 1946, siendo adjudicada la contrata a la empresa Pedro Elejabeitia, iniciándose los trabajos poco después en un terreno amplio situado en el denominado Llano de San Antonio.

El 5 de noviembre de 1946 fueron aprobados los estatutos de la Bodega Cooperativa Vinícola de Fuencaliente, adoptados según la Ley de Cooperación de 2 de enero de 1942 y su correspondiente reglamento, de 11 de noviembre de 1943.

El 24 de septiembre de 1947, aún sin estar todavía concluida la obra, se elaboró la primera vendimia, de la que se almacenaron 449.000 litros de vino. En 1948 serían 325.000 litros; en 1949 (año del volcán), 220.000 litros y en 1950, ¡900.000 litros!

La inauguración oficial se celebró el 6 de febrero de 1948, acto solemne al que asistió el propio general Francisco García-Escámez, ocasión en la que se descubrió un busto a su persona ubicado en una pequeña plazoleta que preside el acceso a la entrada principal del edificio y, asimismo, recibió en loor de multitud el título de Hijo Adoptivo de Fuencaliente. El importe final de la obra alcanzó la cuantía de 1.675.462,02 pesetas y su capacidad inicial era de 7.560 hectolitros. El capitán general García-Escámez falleció el 12 de junio de 1951 en Santa Cruz de Tenerife, a la temprana edad de 58 años.

La bodega disponía, entonces, de una sala con descargaderos de uvas blancas y tintas independientes, estrujadoras-pisadoras para 15.000 kilos/hora, dos grandes prensas verticales de dos husillos cada una, una fulo-bomba para las uvas tintas, que conducía el mosto mediante tuberías de hierro a la nave de fermentación, así como otras dos bombas para mostos blancos y trasiegos posteriores.

Otras dos naves albergaban cada una 12 depósitos de 20.000 litros de capacidad, más seis depósitos subterráneos de 50.000 litros cada uno, todo ello accionado por un grupo electrógeno de gasoil de 100 kilovatios, ya que entonces el pueblo no disponía de alumbrado eléctrico. También se montó una báscula-puente de 5.000 kilos y el Cabildo de La Palma obsequió un filtro de mangas hecho en madera.

En la década de los años cuarenta, Fuencaliente tenía como sede del ayuntamiento una casa alquilada, de la que el alcalde Gumersindo Curbelo Yanes, decía que "varias veces habíamos pasado la vergüenza, ante algunos visitantes, de tener que efectuar nuestras entrevistas y cambios de impresiones en la propia calle o de pie, en la sala estrecha y desamueblada".

En marzo de 1944, la comisión gestora del Ayuntamiento de Fuencaliente encargó al arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo, el proyecto de una casa consistorial, acordando dirigirse al subsecretario del Trabajo, Esteban Pérez González, hermano del ministro de la Gobernación, para exponerle estos extremos y solicitarle ayuda económica para mitigar el paro, señalándole como obra de primera necesidad la construcción del nuevo ayuntamiento.

Esteban Pérez González, que era, además, presidente de la Junta Interministerial de Obras, contestó el 3 de agosto siguiente con una ayuda de 100.000 pesetas para las obras, que dieron comienzo el 29 de octubre de ese mismo año y finalizaron el 18 de julio de 1945, siendo inaugurado oficialmente el 12 de agosto siguiente, en presencia del señor Pérez González, que recibió entonces el nombramiento de Hijo Adoptivo de Fuencaliente.

El presupuesto de la obra, con solar incluido, ascendió a la cantidad de 125.438,60 pesetas. Enterado el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, de la falta de medios económicos para amueblar "modestamente" el nuevo edificio, hizo una donación de 15.000 pesetas al efecto. El edificio, de planta cuadrada, constaba de alcaldía, sala de sesiones, secretaría, oficinas generales, juzgado de paz, archivos y servicios higiénicos.

El volcán de San Juan, cuya erupción comenzó el 24 de junio de 1949, fue un acontecimiento extraordinario, que se vivió con especial intensidad en la comarca afectada. En Fuencaliente, además de daños menores, provocó la incomunicación por vía terrestre con el valle de Aridane, desde el 8 de julio, cuando la lava cortó la carretera general y con el sector oriental de la isla, el 30 de julio, fecha del último estertor de la erupción.

En esta época se sufrió en Fuencaliente, al igual que en toda la isla, una fuerte sequía, lo que motivó rogativas e incluso se trajo agua en bidones desde el barranco de Las Angustias. Los pocos vecinos que por entonces disponían de camiones y furgones contribuyeron a paliar la sed del pueblo transportando el preciado líquido hasta los puntos de distribución.

La noticia de que el jefe del Estado iba a visitar Fuencaliente durante su visita oficial a La Palma, motivó un pleno municipal extraordinario, presidido por Emilio Quintana, que se reunió el 12 de octubre de 1950 con la finalidad de "proceder desde este momento a la organización y preparación de los actos que se habrán de dispensar a nuestro caudillo, al tener la distinción de honrarnos con su visita".

En septiembre de 1949, Franco había adoptado a Fuencaliente como consecuencia de los efectos de la erupción del volcán de San Juan, lo cual permitió realizar una serie de obras por cuenta de la Dirección General de Regiones Devastadas. Cuando visitó La Palma, algunas de aquellas obras estaban sin terminar y paradas, y otras solicitadas y sin haber comenzado aún, razón por la cual el alcalde entregó al jefe del Estado un listado con las necesidades más perentorias del municipio.

En 1950, Fuencaliente, con 2.300 habitantes, carecía de agua potable para el abastecimiento público, aprovechándose las aguas pluviales que eran recogidas en aljibes. "No todos los vecinos tienen estos colectores -se hace constar en el libro de actas-, unos por ser de economía débil y otros por vivir en zonas de escasas lluvias. Por tanto, cuando llega el verano, unos y otros tienen que ir a los pueblos más cercanos que posean agua, a unos 28 kilómetros de distancia, para transportar tan preciado líquido. En los años de sequía este problema se agudiza, pues el número de vecinos que carece de agua para beber es de hasta un setenta por ciento".

El 24 de octubre, Franco, que enarbolaba su insignia en el crucero Canarias, desembarcó en Santa Cruz de La Palma y en su recorrido por la isla se detuvo en Fuencaliente, siendo recibido por el alcalde y la corporación local en la plazoleta del general García-Escámez, donde Emilio Quintana pronunció unas palabras de gratitud. Después, la joven Graciela Quintana, hija del alcalde y ataviada de típico, ofreció al jefe del Estado que depositara en las estrujadoras simbólicamente el último racimo de la vendimia de ese año. Franco recorrió las instalaciones, degustó los vinos elaborados en cosechas anteriores y firmó en el libro de honor de la bodega.

Con motivo de la visita, Eladio Justo, persona de llamativo ingenio y grato recuerdo, construyó una "fuente" de la que brotaban los diferentes tipos de vinos que se producían en el municipio. Lo cierto fue que el jefe del Estado se detuvo de manera especial en Fuencaliente, quizás por la influencia del general García-Escámez, con quien protagonizó una curiosa anécdota cuando se fijó en la estatua que preside el acceso a la cooperativa: "Curro -le dijo Franco al capitán general-, el busto no se parece conmigo. No, Paco, ese soy yo", le replicó García-Escámez.

El día antes de la visita llegaron al pueblo unos policías secretos para controlar la situación y unas horas antes de que llegara la comitiva oficial, éstos se dirigieron a la cooperativa con un grupo de vecinos "voluntarios", a los que hicieron probar tanto los vinos como la comida que había preparada.

Pasaron los años. Las remesas de los emigrantes en Venezuela revitalizaron poco a poco la débil economía de muchas familias de Fuencaliente. Algunos jóvenes habían cruzado el Atlántico de manera ilegal a bordo de veleros clandestinos -caso de las expediciones del Nuevo Teide, La Carlota, Delfina Noya, San Jorge y Benahoare, entre otros- y la mayoría lo hicieron con papeles en regla, en los trasatlánticos de la emigración españoles, portugueses e italianos. Otros se habían instalado en la capital tinerfeña, trabajando en bares, casas de comidas y taxis. Unos pocos consiguieron estudiar gracias al empeño y esfuerzo de los maestros que pasaron por el pueblo y lograron títulos superiores y medios en medicina, biología, enfermería, marina mercante, aviación, magisterio y otras ramas universitarias.

El 30 de noviembre de 1957 visitaron Fuencaliente los ministros de la Gobernación, Obras Públicas e Industria, siendo declarados "huéspedes de honor" por la corporación municipal, en muestra de gratitud por la visita. Con anterioridad, el pleno había acordado hacer llegar al conocimiento de las autoridades ministeriales las necesidades más urgentes del municipio, entre las que figuraban el fluido eléctrico, el abastecimiento de agua y la red de caminos vecinales.

Obtuvo pronta respuesta la primera petición, de modo que el 17 de enero de 1959, y coincidiendo con las fiestas de San Antonio abad, fue inaugurado el alumbrado eléctrico en Fuencaliente, formando parte del Plan de Electrificación Rural de La Palma. El acto se desarrolló "con el mayor esplendor", como no podía ser de otro modo y correspondió al alcalde, Emilio Quintana Sánchez, después de un emotivo discurso, conectar la palanca que hizo ver el alumbrado público en Los Canarios, hasta entonces limitado al servicio de un motor que avisaba, antes de su cierre cada noche con tres cortes breves.

En el mes de junio siguiente llegó el alumbrado público al barrio de Los Quemados. "Una obra que se debe a la labor incansable del entusiasta concejal de aquel barrio, Manuel Hernández Torres (...), se acordó por unanimidad hacer constar en acta el más sincero reconocimiento a dicho concejal y concederle un amplio voto de gracias como premio a su asidua labor en pro de los intereses del municipio".

Con un presupuesto de 102.000 pesetas -cantidad apreciable para la época-, en septiembre de dicho año se acordó proceder a la instalación de teléfonos públicos en casas particulares en los barrios de Las Caletas, Los Quemados y Las Indias. Los locutorios, sin embargo, no se instalarían hasta 1966.

En el transcurso de 1959 serían inaugurados los grupos escolares de Los Quemados y Las Caletas, mejorando así sensiblemente las necesidades de los citados barrios. En 1961 se procedió a la apertura del colegio XXV Años de Paz, en un solar contiguo al nuevo Ayuntamiento, cuya plaza fue inaugurada en agosto de 1965.

Emilio Quintana Sánchez siempre dio muestras de honradez y de capacidad de trabajo en beneficio de su pueblo adoptivo, que le honró con su afecto y respeto -aún hoy sigue siendo recordado con cariño- y perpetúa su memoria con una calle en Los Canarios y otra en Las Indias.

Retirado de toda actividad pública y dejando tras de sí la estela de una labor intensa y fecunda, así como el recuerdo de un trabajo de constante entrega, en sus últimos años residió en Santa Cruz de Tenerife, donde falleció el 29 de agosto de 1981. Su viuda, Adoración Torres Hernández, natural de Fuencaliente, también pasaría la mayor parte del resto de su vida en la capital tinerfeña, hasta su fallecimiento, ocurrido el 14 de diciembre de 2002.


Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma.

domingo, 21 de octubre de 2007

Un alcalde llamado Emilio Quintana

Juan Carlos Díaz Lorenzo (*)
Fuencaliente


A Estela Carballo,
evocando días felices


Por espacio de 26 años y dos meses, desde el 13 de mayo de 1944 hasta el 16 de julio de 1970, Emilio Quintana Sánchez desempeñó oficialmente la alcaldía de Fuencaliente de La Palma. Don Emilio, como le llamaba todo el mundo, ha sido, hasta ahora, el segundo alcalde de este municipio que más tiempo ha permanecido en el cargo, sólo superado por quien la ha ocupado durante las siete últimas legislaturas, Pedro Nolasco Pérez y Pérez, que estuvo 28 años (1979-2007).

Conviene, precisar, no obstante, el hecho de que Emilio Quintana había comenzado su actividad política en 1941. El 25 de febrero del citado año accedió al cargo de primer teniente de alcalde de la corporación que entonces presidía Gumersindo Curbelo Yanes. Su primer "interinaje" en la alcaldía de Fuencaliente se produjo entre el 10 de enero y el 26 de febrero de 1942, condición que volvería a desempeñar en otras tres ocasiones: Del 15 de noviembre de 1942 al 24 de julio de 1943; del 23 de junio al 16 de julio de 1944; y del 19 de agosto al 25 de septiembre de 1944, respectivamente.

Aquellos eran otros tiempos. Fuencaliente era entonces un pueblo pobre, con unos recursos muy limitados, que se reducían al cultivo de la vid, cereales, frutales y el aprovechamiento forestal y pesquero. Había una gran escasez de agua, que se prolongaría hasta comienzos de la década de los setenta, cuando el preciado líquido llegó con regularidad a través del canal procedente de Barlovento. A partir de ese momento, comenzó un nuevo amanecer en el pueblo sureño, posibilitando el desarrollo y la expansión de los cultivos plataneros de La Costa, que tanto significan para la economía del municipio y de la isla.

Este alcalde de grata memoria, que entregó su vida a la enseñanza y a la política en beneficio de su pueblo adoptivo, nació en Fuenteovejuna (Córdoba), el 17 de enero de 1909 y era el menor de los siete hijos del matrimonio formado por Francisco Quintana, médico de profesión y Elvira Sánchez.

Los estudios primarios los realizó en su pueblo natal -que da nombre a una de las mejores obras de teatro debidas a la pluma de Lope de Vega- y los secundarios en la capital cordobesa, distante unos cien kilómetros de su casa natal. El 9 de julio de 1928 recibió el título de maestro nacional, expedido en tiempos del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Eduardo Callejo de la Cuesta, miembro del gabinete del general Primo de Rivera y en nombre del rey Alfonso XIII.

Su primera escuela la tuvo en la provincia de Córdoba y en septiembre de 1930 llegó a Fuencaliente, destinado a la escuela de Las Indias, en la que ejerció hasta su jubilación. El 22 de diciembre de 1933 contrajo matrimonio con Adoración Torres Hernández, en ceremonia que ofició el sacerdote Jorge Pérez Rodríguez y de su enlace nacieron cuatro hijos: Graciela, Raúl, Adoración y Elvira.

Su labor como maestro nacional fue de una gran fecundidad y, de modo paralelo, se le recuerda por su dilatada trayectoria como alcalde del municipio. En fecha temprana en el ejercicio de su cargo, llegó el más importante reconocimiento de su vida política: el 20 de diciembre de 1948, el general García-Escámez le condecoró con la Gran Cruz del Mérito Civil, en el transcurso de un acto solemne celebrado en el Ayuntamiento de Fuencaliente, en presencia de un numeroso público y del gobernador civil de la provincia, Emilio de Aspe Vaamonde y el ayudante del capitán general, comandante Manuel Rojí.

Durante su mandato y en sintonía con su especial vocación docente, consiguió que Fuencaliente fuera dotado de una infraestructura escolar básica, que se tradujo en la construcción de los grupos escolares en los barrios de Las Indias, Los Quemados, Los Canarios y Las Caletas, mientras que en la aldea de El Charco la familia Sotomayor edificó a su costa un pequeño colegio en un anexo a la ermita de Santa Cecilia.

Emilio Quintana desempeñó, asimismo, el cargo de vicepresidente del Cabildo Insular de La Palma y también fue procurador en Cortes en representación de los municipios de la provincia, del que tomó posesión en agosto de 1961. En su condición de vicepresidente de la primera corporación palmera se convirtió en un estrecho colaborador del presidente Fernando del Castillo Olivares y Van de Walle, al que sustituyó en numerosas ocasiones.

En tantos años de alcaldía sucedieron en Fuencaliente diversos acontecimientos, de los cuales recogemos, en esta ocasión, los de mayor trascendencia. Durante su mandato le correspondió recibir a personajes como el capitán general Francisco García-Escámez; el Jefe del Estado, general Francisco Franco; los ministros Blas Pérez González, José María Fernández Ladreda, Camilo Alonso Vega, Jorge Vigón Suerodíez, Joaquín Planell Riera y Manuel Fraga Iribarne; diversos gobernadores civiles -entre ellos Carlos Arias Navarro, que sería presidente del Gobierno (1974-1975) tras el asesinato de Luis Carrero Blanco; Andrés Marín, Manuel Ballesteros Gaibrois y Juan Pablos Abril- y también visitaron el pueblo algunos destacados personajes extranjeros, como Winston Churchill y Aristóteles Onassis, en febrero de 1959.

La primera etapa de su gestión como alcalde está asociada a su amistad con el capitán general García-Escámez y el Mando Económico de Canarias, en dos actuaciones relevantes para el municipio: el grupo escolar de Las Indias y la Cooperativa Vinícola de Fuencaliente. Es de destacar, asimismo, como factor importante de apoyo y gestión administrativa de este período, el trabajo del que fue secretario de la corporación local, Elías Carballo Hernández, que desempeñó su función entre el 30 de octubre de 1941 y el 18 de noviembre de 1966.

El Mando Económico de Canarias, creado mediante decreto presidencial de 5 de agosto de 1941, es la manifestación más destacada del período que se conoce como autarquía del franquismo en el archipiélago, en una época de vacas flacas y penurias de todo tipo, que se agudizó especialmente a partir del citado año, en plena guerra mundial y apenas dos años después del final de la guerra civil española, situación que dejó al país sumido en una situación desastrosa.

"El Gobierno -dice la memoria de creación del citado organismo-, atento a los problemas nacionales y a la vista de las posibles complicaciones que la contienda mundial pudiera originar, tomando en consideración el aislamiento y la lejanía del Archipiélago Canario, consideró necesario reunir de la mano del Capitán General la dirección de su Economía, al igual que el mando de todas las fuerzas de los tres Ejércitos de Tierra, Mar y Aire".

"Esta medida de previsión (...) consistente en centralizar en una sola persona todos los resortes de mando, vida y ordenación económica de una región tan aislada del territorio nacional, sólo fue anticipo y organización hecha en la calma de la paz de lo que, de todas formas y por imperio de la necesidad, se hubiera realizado por sí sólo en el caso de que España se hubiese visto obligada a tomar parte en la guerra, ya que, durante ella, la suerte de los países muchas veces se jugaba por agentes externos a sus propios deseos y conveniencias".

Ricardo Serrador Santés, que había sido ascendido a general de división el 23 de febrero de 1939, fue nombrado general-jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de las Islas Canarias e inspector de las Tropas del África Occidental Española el 9 de julio de 1940, y relevó en el mando de la capitanía al general Vicente Valderrama Arias. Por tanto, le correspondió asumir la etapa inicial del Mando Económico, durante la cual se produjo su ascenso a teniente general, el 8 de enero de 1943, unos días antes de su fallecimiento, ocurrido en la capital tinerfeña el 23 de enero.

Con carácter interino se hizo cargo el general de división Eugenio Sanz de Larín, hasta el 4 de marzo siguiente, en que se produjo el nombramiento, en consejo de ministros, del entonces general de división Francisco García-Escámez e Iniesta, que llegó a Tenerife el 26 de marzo, procedente de Sevilla y Las Palmas, siendo recibido en el muelle Sur por un inmenso gentío y tomando posesión de su nuevo cargo en la tarde de ese mismo día.

García-Escámez era entonces un héroe popular, un personaje admirado y respetado, un general en posesión de la Cruz Laureada de San Fernando y de la Medalla Militar Individual, además de un hombre que se granjeó muy pronto el afecto de las autoridades y de la ciudadanía -"un sutil y encantador andaluz", en el decir del coronel Juan Arencibia- y que habría de dejar una profunda huella de su ejercicio y capacidad de gestión durante el tiempo en que ejerció su alto cargo.

Un año después de su toma de posesión, el general García-Escámez visitó La Palma con carácter oficial. El 4 de marzo de 1944 salió de Tenerife a bordo de un buque de la Marina de Guerra, recorriendo entonces, además, El Hierro y La Gomera. En el transcurso del citado mes visitó también Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa.

Para llevar adelante su importante misión, el capitán general nombró delegados del Mando Económico y de Abastecimientos en las dos islas mayores y subdelegados en las islas menores, correspondiendo, en el caso de La Palma, a los coroneles Valeriano Rubio Losada, Luis Durango Pardini, José Zamorano Lomelino y Enrique Ayra Luciarte, respectivamente.

En todas las decisiones tomadas por el Mando Económico, que fueron muchas en el período de vigencia comprendido entre 1941 y 1946, se consideraron las necesidades más diversas y la política de abastecimiento, facilitando en lo posible el autoabastecimiento de papas, cereales y otros alimentos básicos.

La pérdida temporal del régimen histórico de Puertos Francos se trató de compensar con la política de precios, estimulando la competencia comercial y poniendo topes a los artículos de primera necesidad. Se creó un "consorcio de almacenistas" para la intervención de los artículos básicos, reglamentando su distribución y su circulación, siendo responsable del almacenamiento, mermas y averías. También se logró cupos especiales para el abastecimiento de tejidos procedentes de la Península.

Uno de los capítulos más importantes de las obras construidas por el Mando Económico se refiere a las escuelas, a las que hay que añadir las viviendas destinadas a los maestros. La enseñanza estaba entonces en una situación muy deficiente, ya que en la mayoría de los pueblos y, sobre todo, en las dos capitales, faltaban escuelas y muchas de las que entonces existían carecían de condiciones higiénicas y pedagógicas.

Como, además, las corporaciones insulares y locales carecían de medios económicos para afrontar tales necesidades, el Mando Económico contribuyó a la solución del problema construyendo modernos grupos escolares y adquirió otros edificios para su reforma y transformación en escuelas públicas en aquellos pueblos en los que, por su población escolar, no precisaban de la construcción de nueva infraestructura. Es preciso señalar, además, que el Mando Económico adquirió los terrenos para la Universidad de La Laguna y organizó centros culturales en barriadas obreras, dotándolas de modestas bibliotecas. En total, el Mando Económico construyó 19 colegios y aunque no todos son significativos, pues en algunos casos las obras se limitaban al adecentamiento de un antiguo inmueble, como sucedió en las islas de El Hierro, Fuerteventura y Lanzarote. Las construcciones presentan unas características similares en función de su localización geográfica.

En La Palma, el Mando Económico construyó el grupo escolar de Las Indias, en Fuencaliente, primero de su tipo existente en la Isla y acondicionó un edificio escuela en Breña Alta, en colaboración con el ayuntamiento de aquella localidad, para el que aportó 35.000 pesetas.

El grupo escolar de Las Indias corresponde a un proyecto del coronel de Ingenieros Manuel Martín de la Escalera. El solar donde se levanta el edificio fue adquirido mediante suscripción popular, "siendo un exponente del sacrificio que ello supone" y su construcción se materializó con el trabajo voluntario de los vecinos.

El citado edificio, el más notable de cuantos entonces existían en el municipio, fue inaugurado el 29 de junio de 1945 en presencia del capitán general Francisco García-Escámez y de las primeras autoridades civiles y militares de la Isla.

Este "templo de la educación, perfectamente higiénico y pedagógico", que lleva el nombre del ilustre militar, es un edificio de dos plantas, de las cuales la baja está habilitada para impartir clases y la alta para vivienda de maestros y desde sus comienzos dispuso de una modesta biblioteca. El coste final de la obra ascendió a 266.957,14 pesetas.

El aporte voluntario de los vecinos de Las Indias -con diez días de peonadas cada uno- hizo posible, además, la construcción de una plaza anexa en la que después se celebraron muchos bailes y fiestas, y dos calles, que fueron inauguradas el 29 de junio de 1947, es decir, justo dos años después de la inauguración oficial del grupo escolar.

Además del colegio, la pequeña plaza lleva el nombre del general García-Escámez y la calle, el nombre del maestro nacional de Las Indias y alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, "como exponente de la unión de todos los vecinos, como prueba de gratitud y como demostrativo del resurgimiento cultural de todos".

Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma.

domingo, 16 de septiembre de 2007

En salvaguarda del Roque Teneguía

Contiene una de las estaciones de petroglifos más importantes existentes en La Palma, con casi un centenar de inscripciones


JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO
Fuencaliente


En el pasado mes de agosto, la asociación "Tagoror Amigos de Fuencaliente" realizó un vallado simbólico del Roque Teneguía, utilizando para ello postes de madera y sogas, llamando así la atención ante la necesidad de proteger la zona.

El colectivo fuencalentero manifestó entonces que la afluencia "masiva e incontrolada" de visitantes que acuden constantemente a visitar el citado roque, ya sea de manera intencionada o inconsciente, está provocando un preocupante deterioro en la conservación de las inscripciones, por lo que reclama la adopción de medidas de protección necesarias para uno de los ejemplos más importantes del patrimonio cultural y natural del municipio y de la isla, incluyendo vigilancia, si posible fuera, lo que generaría puestos de trabajo y ofrecería la posibilidad de que los visitantes conozcan los valores culturales, geológicos y biológicos de este emblemático enclave.

Consultado el consejero insular de Cultura y Patrimonio, Primitivo Jerónimo Pérez, cuya sensibilidad con Fuencaliente es manifiesta, manifestó, al respecto, que el Roque Teneguía "es uno de los símbolos de La Palma y su valor trasciende más allá del meramente arqueológico. Ha sobrevivido miles de años a las erupciones volcánicas que han configurado la isla y también a la meteorización y a la mano del hombre. Se trata de un referente indiscutible para todos los palmeros", agregó.

El Roque Teneguía, declarado Bien de Interés Cultural en 1985, se encuentra en una finca particular, titularidad de Aída Cabrera Díaz, de casi 41.000 metros cuadrados de superficie. En 2002, el Cabildo Insular de La Palma encargó a la empresa ArqueoCanarias un proyecto para la señalización y delimitación del lugar mediante unos tensores y pies derechos de acero, así como papeleras y mobiliario urbano, todo ello perfectamente integrado en el paisaje, por importe de 20.980 euros, que recibió el visto bueno de la comisión de patrimonio y de la comisión de gobierno del Cabildo.

El consejero insular de Cultura manifestó, asimismo, que en breve se retomarán las negociaciones con los propietarios de la finca -tasada en 122.700 euros- en la que se encuentra el Roque Teneguía, para su previsible adquisición por el Cabildo. "El trato ha sido siempre exquisito. Ellos son conscientes de la importancia que este lugar tiene para La Palma, aunque sabemos que el proceso es lento. Mientras tanto, queremos llevar a cabo el proyecto de protección diseñado por ArqueoCanarias, y para ello necesitamos el apoyo de la propiedad".

El consejero insular insistió en que la actuación que se pretende acometer en el Roque Teneguía "trata de evitar que los visitantes pisen los petroglifos, que discurran por unos senderos previamente establecidos, que exista un panel informativo acerca de su importancia desde el punto de vista arqueológico, geológico, botánico e histórico. No podremos evitar que continúe la acción implacable de la naturaleza, pero sí trataremos de conservarlo lo mejor posible. En La Palma tenemos catalogados unos 4.000 yacimientos arqueológicos, no podemos vallarlos y tener vigilancia en todos ellos, pero sí mantenemos un interés constante en su salvaguarda, con acciones que permitan su conocimiento y disfrute".

El Roque Teneguía se sitúa a una altura superior al lugar donde se encuentra la redescubierta Fuente Santa y descansa sobre una profunda capa de basalto olivínico. Hasta su base llegó la lava del volcán de San Antonio, en los días finales de la erupción de 1677. Concurren en él varias circunstancias que lo destacan no sólo como referencia topográfica, sino también como lugar de elevado interés científico, al conjugarse en él aspectos geológicos, botánicos, literarios y arqueológicos.

Situado a unos 418 metros de altitud sobre el nivel del mar y en la falda SW del volcán de San Antonio, el Roque Teneguía es un promontorio de fonolita haüynica y de color pálido amarillo-rosado. Se trata, desde luego, de una formación geológica muy antigua, al que se le calcula una edad aproximada de unos 600.000 años. La palidez de la roca contrasta notablemente con el negro de las lavas vecinas, de ahí que autores como Hausen no duden en calificarlos como monumentos gastados y castigados por el viento. El inolvidable Luis Diego Cuscoy (1907-1987) se refería a las "fuentes calientes" que se producen en el Roque Teneguía y las consideró causadas por la radiación permanente de fuentes magnéticas de calor.

El acceso al enclave se hace por una pista que bordea la falda del volcán de San Antonio y se desvía en dirección al cráter del volcán Teneguía. De Los Canarios al Roque hay, aproximadamente, una distancia de 5,5 kilómetros, aunque los últimos 500 metros hay que recorrerlos a pie sobre un manto de lápilli. Esta eminencia rocosa es visible desde el Sur y Oeste y sirvió como punto de referencia para los pescadores y la navegación de cabotaje.

El estado en que se encuentra, roto y resquebrajado, se debe no sólo a los seísmos que acompañan a las erupciones volcánicas, sino también porque el Roque fue durante siglos la cantera de la que los vecinos de Los Quemados, Las Indias y de otros lugares extrajeron la piedra para construir sus casas, al tratarse del único material disponible entonces para la edificación, ya que el resto del suelo estaba cubierto de lavas, cenizas y arenas. Se calcula que la extracción de piedra pudo comenzar a principios del siglo XVI, fecha que nos aproxima al nacimiento de las primeras casas en Los Quemados y Las Indias.

Hace ahora 37 años, el Roque Teneguía estuvo a punto de desaparecer. En el mes de marzo de 1970, un grupo de jóvenes fuencalenteros -Juan José Santos Cabrera, su hermano Octavio (fallecido), Rosa Díaz Martín, Toña Carballo Pérez, Juan Luis Curbelo Pérez y Rafael Díaz Pérez- visitaron al director del Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife, Luis Diego Cuscoy, mostrándole unas fotos del lugar y trasladándole la alarmante noticia de su inminente desaparición, al haber sido trazado por aquel lugar el paso del canal Barlovento-Fuencaliente, que debía pasar justo a la altura del Roque. Las obras se encontraban en una fase muy avanzada, hasta el punto de que ya se aproximaban a la base del Roque y, además, éste había sido minado y su voladura se iba a realizar en fechas próximas.

La noticia justificó la alarma de Luis Diego Cuscoy, quien, de inmediato, informó de la situación al comisario general de Excavaciones Arqueológicas, Martín Almagro. Su rápida gestión decidió la inmediata intervención del director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, quien telegrafió al alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, en los siguientes términos:

"Ordeno detengan obras hidráulicas que afectan al paraje Roque de Teneguía. Deberán realizarse según instrucciones director Museo de Tenerife, señor Cuscoy".

Las obras se detuvieron y el Roque Teneguía pudo salvarse conservando el impresionante conjunto de grabados existente, en el que, por entonces, Luis Diego Cuscoy realizó dos campañas, entre 1970 y 1971 respectivamente, obteniendo calcos y fotografías, así como un estudio de técnicas y patinas, además de realizar diversas excavaciones.

El Roque Teneguía contiene casi un centenar de inscripciones. En opinión de Luis Diego Cuscoy, que los estudió con detalle, la mayoría de los temas -espirales, meandros, laberintos, líneas serpentiformes, etcétera- pueden tomarse como símbolos de agua.

La cara oriental del Roque es la que ofrece mayor interés ar-queológico, por encontrarse en ella los petroglifos, que aparecen agrupados o aislados y, en su conjunto, forman más de un centenar de temas, constituidos por espirales simples, dobles y acorazonadas, laberintos espiraliformes, meandros, círculos simples y múltiples, arcos múltiples, óvalos y temas lineales esgrafiados. Algunos temas aparecen superpuestos.

La técnica utilizada es la del picado y deslascado. No se puede precisar su cronología y tampoco puede excluirse una afinidad temática, tipológica e incluso estilística con los grabados africanos de Uad Yerat, Uad Djorat, Oukaimeden, Koudiat, Talat N’ Lisk, etc., aunque sí cabe relacionarlos -lo que sucede también con otras estaciones de La Palma- con grabados del grupo atlántico.

La superficie del Roque es muy irregular a causa de la caprichosa disposición de las rocas y por encontrarse resquebrajada. La base mide unos 55 metros, 36 metros de Este a Oeste y unos 80 metros de Norte a Sur, tomando las medidas en la parte superior del Roque. La superficie, aproximadamente trapezoidal, es de unos 2.000 metros cuadrados.

Desde el punto de vista botánico, es preciso señalar que en el Roque Teneguía habita la Centáurea Junoniana, llamada también cabezuela, descubierta en 1945 por el botánico sueco Eric Ragnar Sventenius (1910-1973), quien, al mismo tiempo, redescubrió los grabados rupestres que cubren las rocas.

Siguiendo las enseñanzas de este autor, que vivió en Canarias desde 1931, sabemos que existen dos grupos de centáureas, es decir, las especies del grupo rubriflorae y las del grupo flaviflorae. Las centáureas que viven aferradas a las grietas del Roque pertenecen al primer grupo "y se limitan a formaciones geológicas más recientes". Como dato significativo hay que señalar que no existe otro lugar de La Palma donde habite esta especie y que el Roque Teneguía es su último refugio.

El Roque Teneguía forma parte del Parque Natural de Cumbre Vieja, que abarca todo el centro-sur de la isla, extendiéndose por cinco municipios (Fuencaliente, Mazo, El Paso, Breña Alta y Breña Baja), con una superficie de 7.499,7 hectáreas. El parque fue creado por ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, como dos espacios separados, el parque natural de Cumbre Vieja y Teneguía y el paraje natural de interés nacional de Coladas del volcán de Martín. Ambos fueron unidos por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, si bien los Volcanes de Teneguía formaron un espacio protegido independiente, con categoría de Monumento Natural, por Ley 13/1994 de 22 de diciembre y una superficie de 857,4 hectáreas.

La dorsal de Cumbre Vieja constituye una estructura volcánica de gran interés geomorfológico y representativa de la geología insular, con elementos puntuales muy singulares, tales como los roques de Jedey y de Niquiomo, y muestras de la mayor parte de los episodios de volcanismo histórico de la isla. Estos valores se enmarcan en un entorno paisajístico de gran belleza y valor natural, con numerosas masas de pinar que conforman la mejor garantía de protección de los suelos y de recarga hidrológica subterránea. Tanto la flora como la fauna poseen especies protegidas y amenazadas, algunas con las mejores poblaciones en este lugar.

El parque es, por definición, área de sensibilidad ecológica en toda su extensión, a efectos de lo indicado en la ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, comprende los montes de utilidad pública Pinar de los Faros, Las Calderas, Malpaíses y Manteca y un sector del área conocida como Ferrer, Ladera y Monclás. Por otro lado, el norte del espacio forma parte de la zona periférica del parque nacional de la Caldera de Taburiente. Además, un amplio sector al SW del parque linda con el paisaje protegido de Tamanca.

El parque fue creado con el objetivo de preservar los conos y las coladas volcánicas de las diferentes erupciones acaecidas en la zona del edificio volcánico de Cumbre Vieja, desde las prehistóricas hasta la del volcán Teneguía (1971). Está atravesado de norte a sur por un sendero denominado Ruta de los Volcanes, que discurre por los conos más importantes y ofrece, en días despejados, unas panorámicas impresionantes de la isla y de las vecinas.

El parque, en el que existen grandes masas boscosas de pinar canario y laurisilva (en la vertiente oriental) es zona de sensibilidad ecológica, y la parte norte corresponde a la denominada zona de protección pre-parque del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Una de las primeras referencias que poseemos sobre el Roque Teneguía se encuentra en la escritura pública otorgada el 29 de agosto de 1582, en la que el propietario de los terrenos de la comarca, Hernán González de Justa -que los había adquirido en 1580 a los hijos menores de Pedro Riveros-, los vendió a su hijastro Juan Sánchez y a sus yernos Pedro Yanes y Domingo Pérez, incluyendo las casas, cuevas, corrales y estanque de madera de tea para recoger el agua (ver DIARIO DE AVISOS, 12 de junio de 2005).

domingo, 3 de junio de 2007

La erupción del volcán de El Charco

JUAN CARLOS DíAZ LORENZO *
FUENCALIENTE



A Enrique Luis Larroque del Castillo Olivares





Habían transcurrido casi 35 años desde el final de la erupción del volcán de San Antonio, ocurrida en 1677, cuando se produjo la nueva erupción de 1712, una de las menos conocidas de cuantas se han registrado en la historia de la isla de La Palma. Conocido como el volcán de El Charco, ha de incluirse entre los menos documentados, pues no aparece registrada en ninguna de las obras de historiadores, literatos, viajeros y naturalistas del siglo XVIII.

De ahí que la falta de referencias concretas a esa erupción impidiera que su constatación histórica no se conociese hasta avanzado el siglo XX, en que algunos autores la citan de forma imprecisa, sin aportar fechas concretas y sin mencionar las fuentes de dónde obtuvieron los datos que les hicieron pensar que podría tratarse de una erupción del siglo XVIII.

Pero, sobre todo, la carencia de fuentes documentales contemporáneas a la misma, dificultaron sobremanera el establecimiento de una fecha concreta para esta erupción, señalándose al principio, como años más probables, los de 1705, 1712 y 1725, respectivamente.

En 1919, el geólogo Lucas Fernández Navarro, en su trabajo Las erupciones de fecha histórica en Canarias, alude brevemente a este suceso y comenta: "En cuanto a la del Charco, de fecha dudosa (1705-1725)... produjo una importante corriente lávica de dos brazos, que parte de una altitud próxima del volcán de Martín (1646), pero en la vertiente occidental de la isla, y llega hasta cerca del mar".

Como señala la profesora Carmen Romero Ruiz, en su magnífica tesis doctoral titulada Las manifestaciones volcánicas históricas del Archipiélago Canario (tomo I, 1991), corresponde a este autor la ubicación cronológica del volcán de El Charco en el primer tercio del siglo XVIII y, aunque inicialmente se inclinó por el año de 1705, posteriormente lo haría por la segunda fecha, correspondiente a 1725, aunque con reservas.

En 1949, año de la erupción del volcán de San Juan, el geólogo Simón Benítez Padilla -que fue uno de los protagonistas científicos de la misma-, cambió la fecha propuesta por Fernández Navarro a 1712: "Por inexplicable azar, esta penúltima erupción es la menos conocida. Hasta la fecha hay dudas. No la tiene en cuanto al nombre: todos (?) la designan con la de El Charco, punto final en la costa de la corriente de lava cumbrera".

Otro destacado geólogo, Bonelli Rubio, en 1950, mantiene la fecha propuesta por Benítez Padilla. En 1951 quedó definitivamente establecido el año 1712, al ser publicado en la obra de Romero Ortiz y Bonelli Rubio un breve manuscrito de Juan Agustín de Sotomayor, testigo de la erupción y cedido a los citados autores por Antonio Pino, alcalde entonces de la ciudad de El Paso.

El ilustre profesor Manuel Martel San Gil, en 1960, transcribe la misma descripción, pero dice haber obtenido la crónica en la persona de los hermanos Cayetano y Antonio Gómez Felipe. Sería, sin embargo, el historiador Miguel Santiago, en el citado año, quien mayor aporte de datos haría sobre este volcán.

La erupción del volcán de El Charco abarcó un período activo de 56 días, desarrollándose entre el 9 de octubre y el 3 de diciembre de 1712. Los primeros síntomas se produjeron el 4 de octubre y un día antes de la apertura de la fractura eruptiva estuvo acompañado por emisión de gases:

"El día miércoles de este año de 1712, que fue 4 de octubre, comenzó a temblar la tierra, y continuó así unos días y noches... hasta el día 8, que hubo más de quince en la noche; y sosegado algo, hubo uno mayor y comenzó a jumear la tierra...".

La lava comenzó a brotar en la madrugada del día 9 de octubre:

"... a horas de la una del día, reventaron dos bocas... ambas arrojaron cantidad de fuego y piedras y alguna ceniza; y la de abajo, al amanecer del día siguiente comenzó a vomitar Malpaís... y el día 15 de octubre vino como bajando la tierra, desde dicha boca principal... y a trechos echó muchas bocas, que serían doce bocas poco más o menos. Y pegado a las casas... abrió la última boca, arrojando todas ellas malpaís líquido...".

Los focos de emisión están localizados en la Cumbre Vieja, a 1.700 metros de altitud y a unos 2,5 kilómetros del Noroeste del volcán de Martín (1646), derramando sus coladas hacia la vertiente occidental, atravesadas en la actualidad por la carretera general del Sur, haciéndose especialmente notable en las proximidades de la aldea de El Charco y el paraje conocido por Los Pinos Altos, en el que han arraigado centenares de altivos ejemplares de pino canarios.

El documento de Juan Agustín de Sotomayor y Massieu, que relata esta erupción, se expresa en los siguientes términos:

"Jesús, María y José. Año de 1712. El día miércoles, de este año de 1712, que fue 4 de Octubre, comenzó a temblar la tierra, y continuó así unos días y noches... produciéndose ocho temblores, hasta el día 8, que hubo más de quince en la noche; y, sosegado algo, hubo uno mayor y comenzó a jumear la tierra en la Hacienda del Charco, de doña Ana Teresa Massieu, mí tía, y fue donde llaman La Fuente, por haber allí una de agua dulce muy delgada. El domingo, 9 de dicho mes, a horas de la una del día, reventaron dos bocas, una en un lomito que estaba sobre dicha fuente, y la otra luego inmediato debajo; ambas arrojaron gran cantidad de fuego y piedras y alguna ceniza; y la de abajo, al amanecer del día siguiente (10 de octubre), comenzó a vomitar ’malpaís’, que vino corriendo muy...; (luego) varió, (yendo) a dar a las casas del ’malpaís’ viejo, y por un lado de ellas corrió al Lomo de Jinaldo, y de allí al mar; y la boca más alta continuó arrojando gran cantidad de piedras, de suerte que, estando en un lomito de un barranco, hizo una montaña tan grande que igualó a la cumbre; pero de ... nada que arrojaba sería más que hasta el pie de la montaña; y el día 15 de Octubre vino como bajando la tierra, desde dicha boca principal, hasta inmediato a una montañita que estaba sobre las casas de María Antonia de Sotomayor, y en donde llaman la Jindana, y a trechos echó muchas bocas, que serían doce bocas poco más o menos. Y pegado a las casas de dicha mi tía María Antonia, a un tiro de escopeta, abrió la última boca, arrojando todas ellas malpaís líquido, que de noche parecía cobre derretido, y de día negro, y se veía correr precipitadamente, aunque por último iban encima grandes piedras caminando con flema.

Haría, en las tierras de mi dicha tía doña Ana, de daño 40 fanegas de sembradura, muchos baldíos y barrancos que tupió, en donde de destetaba mucho ganado en medio; y fue milagro del glorioso patriarca mi.... San José escapase lo demás y no quemase casa alguna, ni otra cosa que dos estanques. En la de María Antonia se llevaría 60 fanegas de sembradura de lo mejor y más apreciable de la tierra, que era lo mejor de la Isla, y le quemó dos casas, pajeros y graneros, y un estanque.

Y el volcán cesó el día 3 de di(ciembre), antes de que amaneciera".

De esta crónica, como apunta la profesora Romero Ruiz, se pueden establecer tres fases eruptivas diferentes. Una inicial, de carácter explosivo, desarrollada en los primeros momentos, a la que siguió una segunda fase "caracterizada por un comportamiento diferenciado de los centros emisores, que podríamos considerar como mixta y, por último, una etapa de apertura de nuevos focos eruptivos de comportamiento fundamentalmente efusivo, que, con probabilidad se prolongaría hasta el cese definitivo de la actividad volcánica".

A mediados del siglo XX, en terrenos de su propiedad ocupados por las coladas lávicas de 1712, el hacendado José Miguel de Sotomayor, construyó a su cargo la ermita de Santa Cecilia, situada en las proximidades del lindero entre Fuencaliente, El Paso y Los Llanos de Aridane. Se trata de un templo de planta circular y de arquitectura funcional, construido a lo largo de 1948 y 1949, cuya solemne bendición se celebró el 22 de noviembre del citado año. En las proximidades también se edificó una escuela para los niños de El Charco, que actualmente está en estado de abandono.

No así la ermita, que permanece cerrada la mayor parte del año y en cuyo interior existe un sencillo retablo que acoge en su calle central a la venerada imagen de la patrona de la música. El paraje se completa con una sencilla plaza que, a modo de magnífico mirador situado por el curso de la carretera general, permite contemplar, desde la pendiente, el camino seguido por uno de los brazos de lava del citado volcán.



*Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente

domingo, 19 de noviembre de 2006

Memoria de García-Escámez

Juan Carlos Díaz Lorenzo (Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma)
Fuencaliente


En la historia de los capitanes generales de Canarias hay nombres de hombres realmente excepcionales. Desde el general Gutiérrez, que abanderó la defensa de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife frente a la invasión de Nelson en julio de 1797, pasando por el general Weyler hasta la figura, entre otros, del general González del Yerro, pocos, sin embargo, permanecen en la memoria colectiva con tanto afecto, admiración y gratitud como el general Francisco García-Escámez e Iniesta (1893-1951).

La figura de este ilustre militar está íntimamente ligada al Mando Económico de Canarias, que constituye la manifestación más destacada del período que se conoce como autarquía del franquismo, en una época de vacas flacas y penurias de todo tipo, que se agudizó especialmente a partir de 1941, en plena guerra mundial y apenas dos años después del final de la guerra civil española.

"El Gobierno -dice la memoria de creación del citado organismo-, atento a los problemas nacionales y a la vista de las posibles complicaciones que la contienda mundial pudiera originar, tomando en consideración el aislamiento y la lejanía del Archipiélago Canario, consideró necesario reunir de la mano del Capitán General la dirección de su Economía, al igual que el mando de todas las fuerzas de los tres Ejércitos de Tierra, Mar y Aire". De acuerdo con esta decisión, el Mando Económico de Canarias se creó mediante decreto presidencial de 5 de agosto de 1941, que firmó el jefe del Estado el 25 de septiembre siguiente.

"Esta medida de previsión (...) consistente en centralizar en una sola persona todos los resortes de mando, vida y ordenación económica de una región tan aislada del territorio nacional, sólo fue anticipo y organización hecha en la calma de la paz de lo que, de todas formas y por imperio de la necesidad, se hubiera realizado por sí sólo en el caso de que España se hubiese visto obligada a tomar parte en la guerra, ya que, durante ella, la suerte de los países muchas veces se jugaba por agentes externos a sus propios deseos y conveniencias".

Ricardo Serrador Santés, que había sido ascendido a general de división el 23 de febrero de 1939, fue nombrado general-jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de las Islas Canarias e inspector de las Tropas del África Occidental Española el 9 de julio de 1940, y relevó en el mando de la capitanía al general Vicente Valderrama Arias. Por tanto, le correspondió asumir la etapa inicial del Mando Económico, durante la cual se produjo su ascenso a teniente general, el 8 de enero de 1943, unos días antes de su fallecimiento, ocurrido en la capital tinerfeña el 23 de enero siguiente.

Con carácter interino, hasta el 4 de marzo siguiente, se hizo cargo el general de división Eugenio Sanz de Larín, fecha en la que se produjo el nombramiento, en consejo de ministros, del entonces general de división Francisco García-Escámez e Iniesta, que llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 26 de marzo, procedente de Sevilla y Las Palmas, siendo recibido en el muelle Sur por un inmenso gentío y en la tarde de ese mismo día tomó posesión de su nuevo cargo.

Aquellos eran otros tiempos. En su recorrido hasta el palacio de Capitanía, desde las ventanas y balcones de las calles por las que pasaba el cortejo fueron arrojados a su paso millares de octavillas con textos de exaltación patriótica. El protagonista era entonces un héroe popular, un personaje admirado y respetado, un general en posesión de la Cruz Laureada de San Fernando y de la Medalla Militar Individual, además de un hombre que se granjeó muy pronto el afecto de las autoridades y de la ciudadanía -"un sutil y encantador andaluz", en el decir del coronel Juan Arencibia de Torres- y que habría de dejar una profunda huella de su ejercicio y capacidad durante el tiempo en que ejerció su alto cargo.

Para llevar adelante su importante misión, el capitán general nombró delegados del Mando Económico y de Abastecimientos en las dos islas mayores y subdelegados en las islas menores. En todas las decisiones tomadas por el Mando Económico, que fueron muchas en el período de vigencia comprendido entre 1941 y 1946, se consideraron las necesidades más diversas y la política de abastecimiento, facilitando en lo posible el autoabastecimiento de papas, cereales y otros alimentos básicos.

La pérdida temporal del régimen histórico de Puertos Francos se trató de compensar con una política de precios, estimulando la competencia comercial y poniendo topes a los artículos de primera necesidad. Se creó un "consorcio de almacenistas" para la intervención de los artículos básicos, reglamentando su distribución y su circulación, siendo responsable del almacenamiento, mermas y averías. También se lograron cupos especiales para el abastecimiento de tejidos procedentes de la Península.

En el transporte y debido a los problemas de repuestos y combustibles, con un parque móvil anticuado, se organizaron secciones de camiones que abastecían a los pueblos y cargaban los plátanos y los tomates para su descarga en el puerto, permitiendo así su exportación. Asimismo se organizó un taller de reparación y recauchutado de cubiertas, autorizando la importación de las materias primas necesarias.

El Mando Económico protegió la industria tabaquera, prestó especial atención a los agricultores y permitió algunas importaciones para el mantenimiento de la actividad. También impulsó la industria de conservas de pescado y salazones, buscando posibles mercados y proporcionando materia básica para la fabricación de los envases.

En cuanto a política social, y con el objetivo de amortiguar los efectos del paro, que entonces tenía un fuerte impacto en las islas, se acometieron diversas obras de interés general, como algunas carreteras, caminos vecinales, puentes, viviendas, barriadas para obreros, talleres de formación, escuelas y casas para maestros, obras religiosas, obras sanitarias y de beneficencia (sanatorios, hospitales, leproserías, jardines de infancia), muelles, embarcaderos, presas, canales, depósitos, embalses, conducciones, perforación de galerías de agua, suministro eléctrico, cooperativa vinícola, hoteles y un mercado.

En aquellos años, además, la enseñanza estaba en una situación muy deficiente, ya que en la mayoría de los pueblos faltaban escuelas y muchas de las que entonces existían carecían de condiciones higiénicas y pedagógicas. Como, además, las corporaciones insulares y locales carecían de los medios económicos suficientes para afrontar estas necesidades, el Mando Económico contribuyó a la solución del problema planificando la construcción de modernos e higiénicos grupos escolares y adquirió otros edificios para su reforma y transformación en escuelas públicas en aquellos pueblos en los que por su población escolar, no precisaban de la construcción de un grupo nuevo. Asimismo, el Mando Económico adquirió los terrenos para la construcción de la nueva sede de la Universidad de La Laguna y organizó centros culturales en barriadas obreras, dotados de bibliotecas, entre otras muchas actuaciones.

La gestión del fondo social se realizó mediante la aplicación de una serie de impuestos, que se resume en los siguientes aspectos: redondeo centesimal (al alza a 0 ó 5) de todos los artículos del racionamiento, diferencia entre el precio que el Mando Económico compraba el café y el de venta al público (12 pesetas/kilo), impuesto de tres pesetas por kilo de tabaco importado, impuesto de 0,50 pesetas por litro de alcohol importado, impuesto en los combustibles líquidos, que varió entre 0,02 y 0,15 pesetas por litro; impuesto de 1,15 pesetas por litro de gasolina para coches de turismo particulares.

En total se recaudaron más de 80 millones de pesetas, que se invirtieron de la siguiente forma: Barriadas obreras (728 viviendas): 22.820.204,14 pesetas; obras sanitarias y de beneficencia: 6.854.912,16 pesetas; obras de enseñanza: 7.840.975,33 pesetas; obras públicas: 7.160.423,83 pesetas; obras hidráulicas y enarenados: 10.218.775,83 pesetas; mercados: 4.976.010,66 pesetas; suministro de energía eléctrica: 2.857.881,36 pesetas; hoteles: 13.904.166,91 pesetas; obras religiosas y cementerios: 3.379.862,77 pesetas; Monumento a los Caídos: 1.732.280,00 pesetas; cooperativa vinícola de Fuencaliente: 1.675.462,02 pesetas; otras actuaciones: 1.304.405,79 pesetas. En total suma la cantidad 84.725.360,80 pesetas.

En estimación del general Emilio Abad Ripoll, una peseta del período 1941-1945 correspondía a 94,75 pesetas del año 2002, cuando desapareció la histórica moneda española y fue sustituida por el euro. Extrapolando dicho cálculo, el total superó los ocho mil millones de pesetas, de los que casi la mitad se pagaron en jornales.


Fuencaliente

El capitán general era un hombre campechano y extravertido y siempre fue un gran amigo del pueblo de Fuencaliente. Su especial relación con aquel alcalde de entrañable, grata y digna memoria de este pueblo, llamado Emilio Quintana Sánchez, se tradujo, en tiempos del Mando Económico de Canarias, en la construcción de la obra más importante de cuantas se realizaron en dicho periodo en La Palma.

El laureado general García-Escámez visitó el pueblo de Fuencaliente, por primera vez, el 18 de abril de 1944. Recibido por el alcalde y los concejales de la corporación, el ilustre militar fue agasajado e informado de la situación en la que se encontraba el municipio: un pueblo pobre, con grandes carencias y con un potencial agrícola importante, como es el cultivo de la vid, pero sin cohesión y con unos cosecheros que vivían, en su mayoría, en un estado precario y elaboraban sus vinos siguiendo la tradición heredada de padres a hijos.

En aquel primer viaje surgió la idea de construir una bodega cooperativa para que unificara la producción de la comarca y tuviera una adecuada distribución comercial, permitiendo, de ese modo, potenciar y relanzar una actividad económica que era, entonces, el principal capítulo de la escasa economía del pueblo.

En tiempos de grandes estrecheces y dificultades, los cosecheros de Fuencaliente se reunieron el 20 de febrero de 1945 en la capital tinerfeña con el gobernador civil de la provincia, en un primer encuentro en el que estuvieron presentes, asimismo, el jefe nacional de Cooperación y el delegado provincial de Sindicatos, quedando entonces inscrita la primera cooperativa vitivinícola de Canarias en Fuencaliente, en el registro del Ministerio de Trabajo con el número 2.059.

El 15 de octubre del citado año llegó a Fuencaliente una comisión de altos cargos de la Unión Nacional de Cooperativas del Campo, desplazados desde Madrid, con el encargo de prestar el mejor asesoramiento a los técnicos militares del cuerpo de Ingenieros que se ocupaban del proyecto de la cooperativa. Entre los miembros de la citada comisión figuraban Enrique Mira Alberi, jefe técnico del Departamento de Maquinarias de la citada UNC y el abogado José Balaguer.

El proyecto definitivo fue encargado al coronel de Ingenieros Manuel Martín de la Escalera, en colaboración con los técnicos adjuntos de la Comandancia de Ingenieros, oficiales Navarro, Garrido y Viejo y su contratación salió a subasta pública el 1 de marzo de 1946, obteniendo la contrata la empresa Pedro Elejabeitia, iniciándose los trabajos poco después en un terreno amplio en el denominado Llano de San Antonio.

El 5 de noviembre de 1946 fueron aprobados los estatutos de la Bodega Cooperativa de Fuencaliente, adoptados según la Ley de Cooperación de 2 de enero de 1942 y su correspondiente reglamento de 11 de noviembre de 1943.

El 24 de septiembre de 1947, aún sin estar todavía concluida la obra, se elaboró la primera vendimia, de la que se almacenaron 449.000 litros de vino. En 1948 serían 325.000 litros; en 1949 (año del volcán de San Juan), 220.000 litros y en 1950, ¡900.000 litros!

La inauguración oficial de la bodega se produjo el 6 de febrero de 1948, acto solemne al que asistió el propio general Francisco García-Escámez, oportunidad en la que se descubrió un busto a su persona ubicado en una pequeña plazoleta que preside el acceso a la entrada principal del edificio y, asimismo, recibió en loor de multitud el título de Hijo Adoptivo de Fuencaliente. El importe final de la obra fue, exactamente, de 1.675.462,02 pesetas y su capacidad inicial se estableció en 7.560 hectólitros, "susceptible de ampliarse otro tanto, si fuera necesario". El número de cooperativistas era de 200 y aún quedó una lista de aspirantes para cuando se decidiese ampliar su número.

La bodega disponía, por entonces, de una sala con descargaderos de uvas blancas y tintas independientes, estrujadoras-pisadoras para 15.000 kilos/hora, dos grandes prensas verticales de dos husillos cada una, una fulo-bomba para las uvas tintas, que conducía la uva estrujada por tuberías de hierro a la nave de fermentación de 12 depósitos de 20.000 litros de capacidad cada uno, así como otras dos bombas para mostos blancos y trasiegos posteriores.

Otras dos naves albergaban cada una 12 depósitos de 20.000 litros de capacidad, más seis depósitos subterráneos de 50.000 litros cada uno, todo ello accionado por un grupo electrógeno de gasoil de 100 kilovatios, ya que entonces el pueblo no disponía de alumbrado eléctrico. También se montó una báscula-puente de 5.000 kilos y el Cabildo de La Palma obsequió un filtro de mangas hecho en madera.

Una sencilla plazoleta con un busto del general García-Escámez preside el acceso al edificio de la cooperativa vinícola y el colegio público de Las Indias también lleva su nombre. Como muestra del afecto y reconocimiento que se siente por este singular militar, que tanto hizo por el pueblo en tiempos difíciles, la cooperativa Llanovid denominó con la etiqueta "Escámez" -que se ha mantenido desde entonces- a la primera cosecha de vino joven de 1993 con denominación de origen, con la preceptiva autorización de la familia García-Escámez.

El capitán general García-Escámez falleció el 12 de junio de 1951 en Santa Cruz de Tenerife, a la edad de 58 años. Su sepelio constituyó una de las manifestaciones populares de duelo más imponentes que se recuerdan en la capital tinerfeña, lo que ponía de manifiesto el gran aprecio de que gozaba. En 1952, el Jefe del Estado le concedió, a título póstumo, la dignidad de marqués de Somosierra, que ostenta su hijo mayor.

domingo, 29 de octubre de 2006

Memoria del volcán Teneguía

Juan Carlos Díaz Lorenzo (Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma)
Fuencaliente


A mediados de octubre de 1971 la tierra comenzó a temblar de forma intermitente en la mitad meridional de la isla de La Palma. En la madrugada del día 20, cinco días después de que se percibieran algunos temblores esporádicos, se produjo el primer movimiento sísmico de cierta intensidad, siendo especialmente percibido en los pueblos del valle de Aridane y en Fuencaliente, haciendo vibrar los cristales de las ventanas y las puertas de las casas.

A partir de entonces los temblores se sucedieron con relativa frecuencia, acompañados en ocasiones de ruidos subterráneos, sembrando el lógico temor entre los habitantes de la zona, que comprendieron rápidamente que, debajo de sus pies, en las entrañas de la Tierra, las fuerzas telúricas estaban fraguando una nueva erupción volcánica.

Así lo constata DIARIO DE AVISOS en su primera página, cuando dice que "sólo existe la lógica inquietud en los hogares palmeros y se siente el temor a la persistencia y a un siempre posible recrudecimiento en tales movimientos sísmicos que traen al recuerdo otros ya pasados, que sí dejaron profunda huella en la tierra isleña".

Durante el 22 de octubre, la estación hidrofónica de la Universidad de Columbia (EE.UU.) ubicada en Puerto Naos, registró en sus aparatos unos mil movimientos sísmicos, a un ritmo de cuatro por minuto, produciéndose daños en algunas viviendas, desplome de paredes y riscos...

En la mañana del día 26 la tierra seguía temblando en el subsuelo del pueblo de Fuencaliente y las poblaciones aledañas, con movimientos de breve intensidad, apreciándose hacia mediodía una pausa sísmica que duró hasta las tres de la tarde. Unos seis minutos después (15.06 horas) se escucharon una serie de ruidos subterráneos seguidos de varias explosiones de cierta intensidad, que alarmaron especialmente a la población del municipio sureño, elevándose, poco después, una densa columna de humo negro que señaló el comienzo de la nueva erupción volcánica.

En una zona de terreno en suave pendiente, con una ligera vaguada y en el sitio conocido como Bocas del Teneguía, comenzó a abrirse la tierra en una fractura en dirección Norte-Sur de la que salía humo, piedras y materia incandescente con un marcado carácter explosivo. En aquellos momentos se encontraban en las proximidades algunos vecinos dedicados a las faenas de la vendimia, quedando lógicamente sobresaltados ante lo que estaban viendo y dando inmediatamente la voz de alarma.

Con la prontitud que entonces permitían los medios disponibles, la emisora sindical "La Voz de la Isla de La Palma", Radio Nacional de España, Televisión Española y la Agencia Efe se ocuparon de difundir la noticia, que causó un fuerte impacto en la opinión pública, asociando el nombre de Fuencaliente de La Palma, una vez más, a la historia de los volcanes de Canarias.

Dos horas después del comienzo de la erupción, ya había dos bocas separadas entre sí unos cuarenta metros, por las que salían materiales incandescentes en medio de grandes ruidos, aunque por su escasa fuerza volvían a caer dentro de las fisuras, proyectando trozos hacia los alrededores y formando más tarde un pequeño río de lava.

Al anochecer se habían formado cuatro bocas situadas a poca distancia, lo cual, unido a su posición en el terreno, resultaba favorable -a juicio de los técnicos que entonces ya se habían personado en Fuencaliente- para la formación del río de lava, favorecido por un desnivel pronunciado de unos 200 metros y su previsible recorrido por una zona en la que no existían población ni cultivos, aunque desde el primer momento se temió por la integridad del faro. En efecto, a medianoche se habían formado dos brazos de lava que habían iniciado el camino hacia el mar, precipitándose uno de ellos por el acantilado de la Costa, en la vertiente occidental, constituyendo un espectáculo especialmente vistoso durante la noche, mientras que el otro siguió en dirección hacia la playa del faro.

Habían transcurrido entonces poco más de veintidós años desde el final de la erupción del volcán de San Juan, cuyo recuerdo permanecía indeleble en la memoria de quienes la habían vivido. Y en tan corto espacio de tiempo había nacido un nuevo volcán al que en un principio se pensó en llamarlo El Búcaro, San Evaristo o San Estanislao, siguiendo la costumbre palmera de utilizar hagiónimos para denominar a las manifestaciones telúricas.

Al final se decidió el nombre Teneguía, debido a su proximidad al roque de su mismo nombre -un pitón fonolítico al que se le calcula una edad geológica de unos 600.000 años- y gracias al empeño de un grupo de jóvenes fuencalenteros, entre los que se encontraba Octavio Santos Cabrera, cronista del volcán desde las páginas de DIARIO DE AVISOS, así como los periodistas Domingo Acosta Pérez, Gilberto Alemán de Armas y Luis Ortega Abraham.

La lava, según los cálculos de los técnicos, brotaba a 1.100 grados de temperatura y discurría por la corriente a un promedio de 120 metros por hora a una temperatura de 850 grados. Al entrar en contacto con el mar, la temperatura del agua en la orilla superaba los 60 grados.


Testimonios

"El día que reventó el volcán estábamos vendimiando en Las Machuqueras, a unos cuatrocientos metros, más no era. Yo sentía un zumbido y miraba al cielo, pensaba en un avión, ¿pero tan alto va que no se ve? Ya me parecía mucho ruido. Dije para mí: no, esto está cerca...". Así recuerda el agricultor Jesús Ramón Pestana Cabrera (1945), vecino de Fuencaliente, los primeros momentos de la erupción del volcán de Teneguía, ocurrida a primera hora de la tarde del 26 de octubre de 1971. Él fue, posiblemente, la primera persona en presenciar el nacimiento del singular acontecimiento y su memoria, tan precisa como exacta, constituye un documento oral de primera magnitud.

"Había terminado de vendimiar -prosigue su relato- y dejé seretas y todo. En aquel momento estaba solo, cuando subo hacia arriba y me dio por mirar abajo, miro al malpaís y veo una lengua de fuego reventando allí mismo, una hilera recta ardiente. ¡¡Entonces sí cogí miedo!! ¿no iba a coger miedo? ¡¡Cogí miedo y partí a correr. Cogí por la Cuesta Cansada hacia fuera, que era por donde más derecho salía y no cogí vueltas ni nada. Dije para mí: ¡¡corre, corre para fuera, corre para Los Canarios!!".

"Primero pensé que era el volcán de San Antonio reventando otra vez, no pensé que fuera otro volcán. Subí rápido y donde primero llegué fue al borde del viejo cráter para vigilar al otro desde arriba. Cuando llegué allí había más gente, como diez o doce personas. Los primeros bufidos que dio fueron a las tres en punto. Allí, donde reventó, había un ’golpe’ de higueras grande y se las zambulló en un momento. Las bocas chicas, las de aquí arriba, salieron donde estaban las higueras".

"Como a la hora llegó la Guardia Civil y empezó a atajar gente. Por cierto, que a uno de los primeros que mandaron fue a mí para que la gente no se metiera para abajo. Cada rato que pasaba el fuego era más alto. Como a las tres horas eso levantaba cuarenta o cincuenta metros de altura y al oscurecer ya se veía desde el pueblo. Había días que levantaba del volcán de San Antonio para arriba más de 500 metros. A mí eso me impresionó mucho. Cuando era de noche cerrada y daba una explosión grande, podías leer una carta de la luz que daba. Y otra cosa que bajó rápido fue la lava, en tres o cuatro horas llegó abajo. Caminaba a más de un paso de una persona. Yo creí que la playa y el faro se lo llevaba, porque iba rumbo a ella. Total, ¿qué le faltó?".

El relato de este fuencalentero no tiene desperdicio: "En casa no nos fuimos para ningún lado. Estábamos en plena vendimia. Nosotros, cuando eso, teníamos mucha cantidad de viña. Cogíamos más de sesenta pipas de mosto. Además, aquel era un año fuerte de uvas. Tuvimos que pedir un permiso al Ayuntamiento para poder andar con los furgones, porque había viña ahí debajo y viña por todos lados y eso estaba trancado de tanta gente que había. A los pocos días volví a vendimiar lo que quedaba al lado del volcán, sin miedo ninguno, porque ya se sabía que la lava iba para abajo. Uno miraba para allá y sabía que aquí acá no llegaba; y lo más cerca que estuve sería como a unos trescientos metros, o quizás menos. El volcán pegando bufidos y uno vendimiando (risas). Él estaba con su jaleo y yo en lo mío (risas). El día después de que reventó el volcán volví donde había estado y allí estaban las seretas y las tijeras. Estaban donde mismo las dejé. ¿Quién se metía ahí debajo? ¡Ahí nadie se metía!".

León Bienes Hernández (1927) era entonces el alcalde de Fuencaliente. "Los temblores de tierra -recuerda- empezaron unos diez días antes, más o menos, y como a los dos días vino a Fuencaliente el gobernador civil, Antonio del Valle Menéndez, más bien con la intención de tranquilizarnos. Fue entonces cuando se les ocurrió la idea del célebre sismógrafo con una plomada, de esas que se usan en la construcción. La plomada en cuestión, o sismógrafo rústico, si se prefiere, se colgó de la lámpara del despacho de la alcaldía. El modo de funcionamiento era bien sencillo. Si cuando se producía el temblor de tierra la plomada oscilaba de modo horizontal, no había mayor preocupación, pero si oscilaba de modo vertical, era que la erupción del volcán estaba cerca y lo teníamos debajo de los pies".

"Por fin, llegó el día en el que la plomada osciló de modo vertical. ¡Ay, mamá! De inmediato llamamos por teléfono al delegado del Gobierno, que era entonces Francisco Laína, y nos dijo que estuviéramos pendientes de cualquier humo o fuego y que buscáramos por la parte alta del municipio. Pero no aparecía nada. Yo bajé ese día a La Costa y de regreso a Las Indias, sobre las tres de la tarde, advertí una densa humareda por debajo del volcán de San Antonio. Y me dije: ¡ya reventó el volcán! No sabe la alegría que me llevé, porque, la verdad, estábamos muy preocupados con la posibilidad de que la erupción se produjera por encima del pueblo, en cualquier otro lugar de la Cumbre. Pero hasta en eso estuvo bien, vaya, porque donde reventó era un llano de malpaís, terreno de cultivo de poco interés".


Gran acontecimiento

Durante el tiempo que duró la erupción, miles de personas presenciaron la actividad del volcán. Hubo días que visitaron Fuencaliente unas quince mil personas, pese a las dificultades que surgieron para viajar a la isla, pues tanto Trasmediterránea como Iberia mantuvieron, inexplicablemente, la programación habitual. Sin embargo, sería la compañía aérea Spantax la que contribuyó a facilitar el traslado gracias a sus vuelos chárter, sobrevolando la zona del volcán para especial deleite de los afortunados pasajeros. Desde el puerto palmero se organizaron varios viajes en los barcos de cabotaje, entre ellos el histórico Sancho II.

Se multiplicaron los programas informativos y las imágenes del volcán, asociadas a Fuencaliente, dieron la vuelta al mundo. Expertos geólogos, vulcanólogos y geógrafos -entre ellos José María Fuster, Telesforo Bravo, Alfredo Hernández Pacheco, Alfredo Aparicio Yagüe, Leoncio Afonso Pérez y su hijo Antonio, también geógrafo; Domingo Pliego Dóniz, Víctor Higes Rolando, Eduardo Martínez de Pisón y un joven Juan Carlos Carracedo- y algunos extranjeros, como el profesor Chalgneau, miembro del Laboratorio de gases del Centro Nacional de Investigaciones de Francia, estudiaron el fenómeno con detalle y llevaron un mensaje de paz y tranquilidad a los habitantes de Fuencaliente.

La Guardia Civil instaló un puesto de control en Puente Roto (Villa de Mazo), ejerciendo un estricto control franqueando el paso de vehículos y personas, siendo necesario establecer un sentido único para el tráfico rodado. Al llegar a Fuencaliente, los visitantes se encontraron con una extraordinaria animación, que se hacía más intensa en los bares situados a lo largo de la carretera general, sobre todo en el "Bar Parada", convertido en el cuartel general de los periodistas, mientras que las autoridades tomaron posesión del Ayuntamiento.

El gobernador civil, Antonio del Valle Menéndez, manifestó que mantenía contacto telefónico frecuente con el ministro de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi y que tanto el Jefe del Estado, general Franco, como el Príncipe Juan Carlos de Borbón, estaban informados de la evolución del acontecimiento y transmitían un mensaje de preocupación y afecto al pueblo fuencalentero en particular y al palmero en general.

El 6 de noviembre se produjo uno de los fenómenos más destacados de la erupción, al derrumbarse la gran masa de escorias y lavas acumuladas en torno al primer foco, originando una avalancha que se extendió rápidamente por la costa suroccidental de la Isla. Este cambio motivó, además, un espacio libre para las coladas lávicas, al tiempo que se produjo una notable actividad de fumarolas, formadas por una elevada proporción de óxido de carbono y otros gases tóxicos, actividad que se incrementó de modo considerable el día 7, lo mismo que en los cráteres.

A partir del 16 de noviembre comenzó un período de descenso de la actividad del volcán. La relativa tranquilidad se intercaló con un comportamiento mixto, proyectando materiales piroclásticos y emitiendo abundantes volúmenes de magma fluido.

La erupción tuvo un período activo de 24 días, pues la plena actividad cesó el 18 de noviembre siguiente. Se calcula que el volcán arrojó a la superficie unos 40 millones de metros cúbicos de magmas. Las lavas ocuparon una superficie de 2.135.000 metros cuadrados, de los cuales unos 290.000 metros cuadrados fueron ganados al mar.

La erupción del volcán Teneguía sólo causó un muerto en la persona de Juan Acosta Rodríguez, vecino de Las Indias, que falleció asfixiado en la zona conocida por Los Percheles, al inhalar una emanación de gases tóxicos. En la playa de Los Abadejos resultaron con síntomas de asfixia otras dos personas, una de las cuales incluso llegó a perder el conocimiento. Concluida la erupción, el volcán continuó siendo motivo de largas conversaciones en el pueblo de Fuencaliente y, en la actualidad, constituye uno de sus principales recursos turísticos.